EL SEÑOR RECTOR COMPRA LAVADORA
Don Manuel, don Manuel, haga usted los lavaderos
Por favor, constrúyalos usted
Que se expone a que el pueblo diga a voces
Le calé, le calé, le calé
En el Burgos de los “felices veinte”, las lavanderas profesionales hacían su labor a orillas del Arlanzón y las amas de casa tenían que conformarse con una pila para todos los menesteres de fregado y lavado a la que, en el mejor de los casos, accedía un grifo de agua corriente desconsideradamente helada. Ante esta situación, en las coplillas de los carnavales de esos años se oía, con voz desentonada y un tanto tabernaria, el texto arriba referido.
El don Manuel citado era, ni más ni menos, que don Manuel de la Cuesta y Cobo de la Torre, alcalde monárquico de Burgos en 1917, en 1923 y de mayo de 1940 a 1941, que ocupó por tercera vez el sillón de la Plaza Mayor, tras el cese pacífico del anterior edil, Luis García Lozano. Los lavaderos se hicieron, pero lavar la ropa en casa, como ha propuesto el excelentísimo y magnifico señor Rector de la Universidad de Burgos, no tuvo buen fin hasta que se inventó la lavadora, primero semiautomática y luego automática, con secadora incorporada, y que, en decir de mi “tia Patro” (Burgos 1895), una hacendosa y esforzada ama de casa, supuso la primera liberación de la mujer, cuando todavía el feminismo tenía poco recorrido.
El Rector ha decidido, en virtud de sus atribuciones reglamentarias, cesar al vicerrector de investigación pero sin dar explicaciones, ninguna explicación, ni el menor motivo, porque, reitero, “la ropa sucia se lava en casa”; ¿pero tan sucia estaba la ropa? Supongo que sí y que necesitaba uno de esos modernos y sofisticados aparatos que lavan y secan, (imagino que al final la colada se quedará sin planchar), pero la duda se mantiene, tal y como han expresado los ochenta profesores de la Universidad que piden explicaciones, que inquieren razones y motivos. El colectivo académico y el general de los ciudadanos de Burgos nos quedamos “in albis”, lo cual conduce a pergeñar cualquier suposición de orden profesional y personal. Aunque no sabemos si con lavadora o sin ella cual ha sido el destino de esa ropa tan sucia.
Gaudeamus igitur, aunque ya no somos tan jóvenes…
(Publicado en Diario de Burgos, 23-9-15)