lunes, 22 de enero de 2018

Burgos, entre dos centenarios (1921-2021)

HISTORIA DE DOS GOBERNADORES (y II)

El Gobernador Guilarte González (22-VIII-1931 a 16-XI-1931)

El Diario de Burgos del 10 de noviembre de 1931 se refiere a los sucesos que en forma de algadara y disparos por las calles de la ciudad terminaron causando numerosos heridos y la muerte de una distinguida dama, doña Felisa Herreros, viuda de Yarto, asomada al mirador de su casa, en la parte que daba a la calle Laín Calvo, encima del Banco de Bilbao. 

El gobernador se encontraba fuera de la provincia, pero “a la una de la madrugada, ocupando un automóvil de alquiler, llegó a Burgos el gobernador civil de la provincia, don Vicente Guilarte, acompañado del periodista vallisoletano señor Santelices. El gobernador civil había marchado por la mañana a Valladolid y al tener noticia de lo ocurrido se puso en camino para Burgos. Al apearse del coche una parte del público le silbó, aplaudiéndole otras personas. El gobernador pasó seguidamente a su despacho oficial, donde oyó las quejas de las autoridades y directivos de las organizaciones obreras de la Casa del Pueblo, que se lamentaron de la brutal represión realizada por la fuerza pública cuando los grupos huían. El señor Guilarte se informó de lo ocurrido y habló con el ministro de la Gobernación. Como en aquellos momentos –dos de la madrugada- un grupo intentara penetrar en el Gobierno Civil, el señor Guilarte se lo participó al ministro, quien ordenó que de nuevo salieran fuerzas del ejército.  Efectivamente, a los pocos momentos salió un escuadrón de caballería que recorrió las calles. A las dos y cuarto, como los grupos prosiguieran en su intento, el gobernador ordenó se procediera a disolverlos, haciendo una descarga al aire. Así se hizo y a las tres menos cuarto de la madrugada quedaba restablecida aparentemente la tranquilidad, retirándose del Gobierno Civil las autoridades”. Sin embargo, en el mismo periódico se cuenta que “a la una de la tarde, el gobernador señor Guilarte recibió un aviso telefónico del ministro de la Gobernación, señor Casares Quiroga, ordenándole que se trasladase a Madrid para darle cuenta de los sucesos. Salió con dirección a Madrid mediada la tarde, haciéndose cargo del mando de la provincia el presidente de la Audiencia”.

El 13 de noviembre, Diario de Burgos cuenta: “el señor Guilarte tuvo frases de gratitud para con los periódicos diarios, que en todo momento le han ayudado en su gestión y se nos ofreció en Valladolid, para donde ha salido con su distinguida familia. A nuestras preguntas contestó que su dimisión era irrevocable, pues aun cuando el ministro de la Gobernación le rogó repetidas veces que continuase en el cargo, él no podía acceder después de lo ocurrido el domingo y de las censuras que se le han dirigido sin causa justificada. Vine a Burgos –nos dijo- no para hacer política, sino para trabajar por España y por la República; arreglé algunos conflictos planteados y ahora me voy a mi cátedra, donde me tiene ustedes a su disposición. Nos despedimos del señor Guilarte, lamentando sinceramente su marcha, ya que nosotros encontramos en él siempre al amigo, dispuesto a facilitar nuestra labor informativa”.



D. Vicente Guilarte, personaje atractivo y desconcertante

Los estudiantes, oficiales o libres, en la Facultad de Derecho de la Universidad de Valladolid, desde la década de los treinta hasta bien pasada la de los sesenta, tuvieron en don Vicente Guilarte González un maestro indiscutible y un personaje atractivo y a veces desconcertante. 

Recién cumplidos los 30 años, y tras pasar por los puestos previos, y en cierto modo obligatorios, de profesor auxiliar en Valladolid y catedrático de Santiago de Compostela, obtuvo brillantemente la titularidad de la cátedra vallisoletana, que compatibilizó durante mucho tiempo con uno de los primeros bufetes de la ciudad castellana.

Los que fuimos sus alumnos recordamos inevitablemente sus anécdotas personales y académicas. En plena Feria de San Mateo, que entonces se celebraba a finales de septiembre, explicaba en voz alta que no podría estar presente en un examen, delegando en su segundo, pues tenía un importante pleito, aunque “sotto voce” apuntaba que ese día inevitablemente quería estar presente en la plaza de toros, pues se trataba de la mejor corrida de la Feria.

Desparramaba su magisterio con brillantez, pero dejaba los detalles a su auxiliar, el fiscal Martín Granizo, terror de los alumnos libres por su exigencia académica. En una ocasión, don Vicente, enfrentado a un examinando, le requirió para que explicase el contrato de transportes. Ante el claro titubeo del alumno, que evidenciaba un desconocimiento claro del tema, el catedrático repasó distraídamente el Libro de Escolaridad del alumno y comprobó que su lugar de nacimiento estaba sito en una ciudad gallega. Ante el hecho le preguntó en voz alta: 
-¿Si no se sabe el contrato de transporte, cómo ha venido a Valladolid desde su pueblo?
El alumno, ya entrado en años, tomó como un desafecto la observación y, sobre todo, protestó airadamente por el remate de la historieta en boca de don Vicente:
-Vuelva usted en septiembre, ¡no quiero más toreros! (sic).

(Publicado en Diario de Burgos, 21 de enero de 2018)