LOS BARES DEL ESPOLÓN
La decadencia del Espolón se inició finales de los cuarenta y principio de los cincuenta, cuando la Caja de Ahorros del Círculo Católico Obrero desahució al industrial hostelero Jesús Pinedo y cerró el Café-Bar Viena. Como obligado recurso de sustitución el propio industrial desplazado fundó Pinedo, un establecimiento que prestigió la hostelería de nuestro primer paseo con un bar-cafetería atractivo y un restaurante con clase y recorrido.
Luego vino la catástrofe con el cierre del Rhin y de la Cafetería Espolón, cuyas terrazas se confundían con el antiguo Viena y con El Casino, atendido por el concesionario del Círculo de la Unión. Sucesivamente se cerraron el Café-Bar Numancia y su sustituto, la Cafetería Niza, justo en donde actualmente se hacen obras de reconstrucción del edificio entero, frontero con la confitería Bar Tudanca, ahora Cafetería Alonso.
En el rincón del Espolón, cercando a las traseras del Ayuntamiento, recuerdo todavía de niño la actividad del Café-Bar Candelas en comunicación con el mismo establecimiento, con entrada por la Plaza Mayor, que supongo muy pocos burgaleses recuerdan.
Ahí se acababa el Espolón hostelero, aunque esos mismos viejos del lugar todavía pueden recordar donde actualmente nos encontramos con Cafetería Maricastaña, justamente donde estuvo después la joyería Polo y que antes fue el Círculo Venatorio, con un club de supuestos cazadores muy aficionados a los toros, que ocupaban un primer piso y el bajo. Curiosamente el Espolón, que ha renacido de las cenizas gracias al esfuerzo de empresarios con iniciativa, se ha situado precisamente en esa zona sureña de escasa tradición tabernera. Todo ello, eso sí, gracias a la iniciativa, el esfuerzo y el riesgo de empresarios privados, pues los sucesivos e inoperantes concejos burgaleses no han hecho nada, pero nada, por el Espolón, por su rehabilitación y por su puesta en marcha.
Es evidente que el Espolón no será aquel antañón, medio burgués y desconcertante paseo, arriba, abajo, de jóvenes y de mayores, de soldados y sirvientas los sábados y domingos por la tarde, y de tertulias mañaneras de cafés de primera hora de la tarde en tiempos en que la televisión no competía y forzaba a buscar la compañía viva y amistosa.
El Espolón ha renacido. Es evidente que no será nunca ya el de siempre, el de la niñez, la juventud y la madurez de muchos de nosotros, pero en todo caso el Espolón será un lujo de Burgos y uno de los paseos más bonitos del mundo.
(Publicado en Diario de Burgos, 28 de septiembre de 2016)