lunes, 8 de enero de 2018

Burgos, entre dos centenarios (1921-2021)

ESTE Y OTROS ALCALDES

“Don Manuel, haga usted los lavaderos
Por favor, constrúyalos usted
Que se expone a que el pueblo diga a voces
Le calé, le calé, le calé.”

Esta coplilla carnavalera ponía en jaque la serena y acreditada actividad edilicia de don Manuel de la Cuesta y Cobo de la Torre, en uno de los muchos momentos de su larga trayectoria como regidor municipal burgalés en que, desde el 19 de noviembre de 1915 hasta el 27 de mayo de 1940, ejerció alternativa y sucesivamente las responsabilidades de alcalde de la ciudad. Lógicamente esta petición ciudadana se llevó a buen fin y las sacrificadas mujeres burgaleses pudieron por fin abandonar el terrible desafío  diario de lavar en la ribera del Arlanzón y mejorar, hasta donde permitía la técnica del tiempo, esa exigente y penosa  labor doméstica.

Don Manuel María Julián de la Cuesta y Cobo de la Torre, alcalde-presidente de Burgos, fue elegido en cuatro ocasiones: 

(19-XI-1913 a 22-XII-1915) – (28-VI-1917 a 3-XI-1917)
(10-XII-1917 a 1-I-1918) – (1-IV-1922 a 30-IX-1923).

Nació en Burgos el 10 de diciembre de 1873 y se licenció en Derecho por la universidad de Salamanca. Entró muy joven en política siguiendo una tradición familiar, pues su padre, Manuel de la Cuesta y Cuesta, había sido alcalde el siglo anterior y senador por el Distrito de Burgos-Sedano. En 1908 ya se presentó a las elecciones municipales de la capital burgalesa y su elección resultó polémica, pues algunos candidatos tildaron de fraude su nombramiento, alegando que su hermano Ramón, alcalde de aquellos comicios, influyó sobre funcionarios y trabajadores que dependían del ayuntamiento para que le votaran. Esta reclamación fue desechada por la Junta Electoral y el  gobernador, quedando elegido como concejal. A partir de estas elecciones hasta la llegada de la dictadura del General Primo de Rivera en 1923, cuando se disolvieron los ayuntamientos democráticos, estuvo presente en las decisiones municipales. Con la caída del dictador regresó a la política municipal hasta 1940, sustituyendo al alcalde republicano Luis García y García Lozano, que había llegado al puesto el 28 de febrero de 1936 y continuó hasta el 22 de enero de 1937, pues había abandonada la militancia en los partidos republicanos, aunque mantuvo sus ideas hasta la vendida del golpe militar franquista, que aceptó desde el primer momento, permaneciendo en la alcaldía durante todo el año 1936 hasta que en esa fecha el nuevo gobernador militar de Burgos, el coronel Antonio Almagro, decidió su destitución como consecuencia de la aparición en diversos círculos de la ciudad de un escrito suscrito por el mismo y por el abogado don Tomás Alonso de Armiño. El manifiesto no fue considerado del agrado de la Junta Militar, la cual dio órdenes al gobernador civil para que hablara con el alcalde y le hiciera ver que debía presentar su dimisión del cargo. Sin embargo los militares no se mostraron de acuerdo con que únicamente presentara la dimisión, sino que a través del juez instructor,  el coronel de Infantería José Gistau Algarra, se vio sometido a un juicio sumarísimo por un supuesto delito de adhesión a la rebelión. Tanto el señor García Lozano como Alonso de Armiño fueron recluidos en el penal el día 9 de diciembre, en calidad de presos preventivos e incomunicados. El 19 del mismo mes asistió al consejo de guerra celebrado en la sala del regimiento de  Infantería San Marcial, donde debería demostrar que era adepto al régimen. En el juicio participaron numerosos testigos que declararon a su favor, y esto fue suficiente para que se les absolviera del delito de rebelión, aunque se les multó con 500.000 pesetas (ojo, de 1936) a abonar mancomunadamente. Según parece, recurrieron la multa ante el general Mola, siéndoles rebajada a 2.500 pesetas, que fueron abonadas con prontitud. El 16 de marzo de 1937 se declaraba la suspensión del embargo y el levantamiento de los bienes afectador por la sentencia.

La obligada salida de García Lozano situó de nuevo desde el 22 de enero de 1937 al 27 de mayo de 1940 a Don Manuel de la Cuesta como alcalde de Burgos, ejerciendo su función durante todo el tiempo en que la ciudad fue capital de la España nacional. Un caso notorio de identificación entre la persona y el cargo.

(Publicado en Diario de Burgos, 7 de enero de 2018)