lunes, 11 de junio de 2018

Burgos, entre dos centenarios (1921-2021)

LUIS GALLARDO, UN HOMBRE DE PROVECHO

Luis Gallardo (21-1-1868 - 17-12-1937): pintor aficionado, jurista acreditado, mecenas, empresario reconocido, alcalde de Burgos, fue por encima de todo un español cabal, un burgalés cumplido y en resumidas cuentas, como decía mi amigo y compañero Manuel Martín Ferrand, “un hombre de provecho”. En el orden personal hay que destacar su humanidad con todos, especialmente con sus familiares, haciéndose cargo de dos sobrinos, hijos de su hermana, que quedaron huérfanos de padre.

Luis Gallardo, jurista, abogado y procurador.

Aunque en el libro “Los Alcaldes del Ayuntamiento de Burgos en el Siglo XX”, de Fernando Cardero Azofra y Fernando Cardero Elso, se recoge como fecha oficial de su nacimiento el 21 de enero de 1868, concretamente en la calle Laín Calvo, 65, hijo de Próspero, abogado, procurador y agente de negocios, el propio Gallardo explicó, como también se señala en el citado libro, con un punto de ironía: ”No tengo seguridad de si la fecha de mi nacimiento fue en el año 70 ó 71, pues  para estos recuerdos soy una calamidad y no pocas veces mis amigos y familiares me han dicho: “Hoy es tu cumpleaños”. Desde luego nací antes de la creación del Registro Civil y si es de interés el saberlo a ciencia cierta, dímelo y lo divulgo en la parroquia”.

Estudió Bachillerato en el Instituto General Técnico de Burgos, estudios que al mismo tiempo compaginó matriculándose y asistiendo a la Academia de Dibujo, ubicada en el Edificio del Consulado, en el Paseo del Espolón, empezando estas primeras  enseñanzas artísticas en el curso 1882-1883. Alguno de sus variados biógrafos apuntan que Gallardo, según sus maestros, no auguraba los adelantos posteriores con el agravante de que en su familia nadie tenía antecedentes de actividades artísticas.

Sin embargo, a partir del curso 1884-1885 fue consiguiendo diversos premios relacionados con el paisaje, la acuarela, la figura, el color, culminando en el año 1890, cuando obtuvo el Premio de Honor de la Academia, en donde fue condiscípulo de Marceliano Santa María, con quien siempre le unió una gran amistad y en casos un compartido espíritu de búsqueda de metas artísticas. Fueron también sus condiscípulos los burgaleses Manuel Izquierdo Ordóñez, Julio del Val, Félix Pedrero, Saturnino Calvo, formados todos ellos por los ilustres profesores Evaristo Barrio e Isidro Gil Gavilondo.

Cursó la carrera de Derecho en la Universidad Central de Madrid, terminando los estudios de abogado en 1899, compaginando su carrera universitaria con su decidida vocación artística, acudiendo como alumno oyente a las clases que se impartían en la Real Academia de San Fernando. Superada la carrera de Derecho viajó a Roma, donde permaneció varios meses estudiando arte y visitando museos, lo cual siempre resultó para él muy ilustrativo en su condición de pintor aficionado, de lo que siempre hizo gala, pues nunca cobró por sus cuadros, regalándolos entre sus amistades.
La torre de Quintana de Valdivielso, es una de las obras más
      características de Luis Gallardo, que evidencia su gusto por los
      paisajes, especialmente por los temas burgaleses.                      

Instalado en Burgos, donde ejerció como abogado y procurador de los Tribunales, compaginando estas actividades profesionales con la Subdirección de la Compañía de Seguros La Unión y el Fénix Español. Fue reconocido como académico correspondiente para Burgos de la Real Academia de San Fernando, ejerció una labor de mecenazgo: se ocupó desde la comisión provincial de monumentos del cuidado de la obra de artistas burgaleses y muy especialmente de las pinturas del Monasterio de Arlanza o la portada del pueblo de  Cerezo de Rio Tirón.

Sobre estas condiciones personales hay que destacar la faceta empresarial de Luis Gallardo, quien en 1906 fundó en Burgos la fábrica de alfombras y tapices La Cartuja, que abrió en un principio en la calle Progreso, trasladándose en 1913 a la calle San Julián. Esta industria poseía una gran solvencia artística, conseguida por la brillante asociación de Gallardo con Marceliano Santa María: diseñaban los bocetos junto al pintor Víctor Frías. La fábrica pronto fue un éxito, llegando a ocupar a cien trabajadores, consiguiendo poner en el mercado alfombras y tapices de alta estima por un precio que oscilaba entre las 75 y las 800 pesetas el metro cuadrado.

Todos los tapices del hotel Roma y algunos del Hotel Palace de Madrid fueron fabricados en La Cartuja. Así mismo, disponían de una gran cantidad de telas el nuevo Gran Hotel Zaragoza y el Alfonso XIII de Sevilla. Tapices y alfombras de la fábrica de Gallardo figuran en la Diputación de Burgos, en la Presidencia del Consejo de Ministros, e incluso alguno en el Palacio Real, y una muy particular para mí que heredé de mis padres, sita en la Plaza de España, 1.


Tapiz de cuidada elaboración, salido de la
fábrica burgalesa de Luis Gallardo.
Gallardo también se inició en el mundo del espectáculo. En el año 1910, en unión de otros burgaleses, intentó dotar a la ciudad de un moderno local donde se dieran espectáculos artísticos, que se ubicaría en el andén del Espolón, al lado del Arco de Santa María.  Pero la idea no se llevó a cabo porque surgieron voces críticas ante el posible efecto negativo que para el Arco de Santa María pudiera suponer esta propuesta.

Finalmente, y a su pesar, Luis Gallardo fue nombrado alcalde de Burgos el 1 de octubre de 1923 hasta el 5 de mayo de 1924. Con la instalación de la Dictadura de Primo de Rivera, los ayuntamientos fueron disueltos y sustituidos sus concejales por los miembros de las Juntas Municipales de Asociados, a las que Gallardo pertenecía, pues como comerciante e industrial burgalés le habían nombrado en este cargo en tiempos del alcalde don Manuel de la Cuesta. Como el decreto redactado por el Directorio Militar especificaba claramente que  para poder ser nombrado alcalde en el nuevo Régimen había que, además de pertenecer a la Junta de Asociados, ser hombre de carrera, no tuvo más remedio que acceder a la alcaldía, puesto que era el único que reunía esas condiciones entre los 30 miembros que formaban la Junta.

Los cronistas señalan que accedió al puesto el 1 de octubre de 1923, aunque como también señalan estos cronistas, nunca le atrajo el cargo. Se consideraba un artista y un hombre de negocios, nunca un político: “Si fui alcalde no fue por méritos, ni por elección, sino por fatalidad que mandó el Poder Público por decreto para la disolución de los Ayuntamientos”. Su escasa vocación política fue muy compatible con dignificar el Concejo y especialmente se ocupó de las precarias condiciones económicas de los funcionarios.

Quiso eludir el compromiso poniendo varias protestas, pero no pudo superar la prueba pues, como él mismo explicó, tenía encima la espada de Damocles que amenazaba con una sanción.

La valoración de la política es concluyente: “Siempre tuve un concepto poco halagüeño de la política, algunas veces por amistad serví a intereses políticos y, salvo unas contadas excepcione, no he recibido nada más que ingratitudes. Lo digo para que no figure mi nombre en la gloriosa lista de los alcaldes de esta ciudad. Yo no puedo ni debo estampar el autobombo. No sería correcto”.

(Publicado en Diario de Burgos, 10 de junio de 2018)