Burgos, entre dos centenarios (1921-2021)
LUIS GALLARDO, UN HOMBRE DE PROVECHO
Luis Gallardo (21-1-1868
- 17-12-1937): pintor aficionado, jurista acreditado, mecenas, empresario
reconocido, alcalde de Burgos, fue por encima de todo un español cabal, un
burgalés cumplido y en resumidas cuentas, como decía mi amigo y compañero
Manuel Martín Ferrand, “un hombre de provecho”. En el orden personal hay que
destacar su humanidad con todos, especialmente con sus familiares, haciéndose
cargo de dos sobrinos, hijos de su hermana, que quedaron huérfanos de padre.
Aunque en el libro “Los Alcaldes del Ayuntamiento de Burgos en el Siglo XX”, de Fernando Cardero Azofra y Fernando Cardero Elso, se recoge como fecha oficial de su nacimiento el 21 de enero de 1868, concretamente en la calle Laín Calvo, 65, hijo de Próspero, abogado, procurador y agente de negocios, el propio Gallardo explicó, como también se señala en el citado libro, con un punto de ironía: ”No tengo seguridad de si la fecha de mi nacimiento fue en el año 70 ó 71, pues para estos recuerdos soy una calamidad y no pocas veces mis amigos y familiares me han dicho: “Hoy es tu cumpleaños”. Desde luego nací antes de la creación del Registro Civil y si es de interés el saberlo a ciencia cierta, dímelo y lo divulgo en la parroquia”.
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| Luis Gallardo, jurista, abogado y procurador. |
Aunque en el libro “Los Alcaldes del Ayuntamiento de Burgos en el Siglo XX”, de Fernando Cardero Azofra y Fernando Cardero Elso, se recoge como fecha oficial de su nacimiento el 21 de enero de 1868, concretamente en la calle Laín Calvo, 65, hijo de Próspero, abogado, procurador y agente de negocios, el propio Gallardo explicó, como también se señala en el citado libro, con un punto de ironía: ”No tengo seguridad de si la fecha de mi nacimiento fue en el año 70 ó 71, pues para estos recuerdos soy una calamidad y no pocas veces mis amigos y familiares me han dicho: “Hoy es tu cumpleaños”. Desde luego nací antes de la creación del Registro Civil y si es de interés el saberlo a ciencia cierta, dímelo y lo divulgo en la parroquia”.
Estudió Bachillerato en el Instituto
General Técnico de Burgos, estudios que al mismo tiempo compaginó matriculándose
y asistiendo a la Academia de Dibujo, ubicada en el Edificio del Consulado, en
el Paseo del Espolón, empezando estas primeras enseñanzas artísticas en el curso 1882-1883.
Alguno de sus variados biógrafos apuntan que Gallardo, según sus maestros, no
auguraba los adelantos posteriores con el agravante de que en su familia nadie
tenía antecedentes de actividades artísticas.
Sin embargo, a partir del curso 1884-1885
fue consiguiendo diversos premios relacionados con el paisaje, la acuarela, la figura,
el color, culminando en el año 1890, cuando obtuvo el Premio de Honor de la
Academia, en donde fue condiscípulo de Marceliano Santa María, con quien
siempre le unió una gran amistad y en casos un compartido espíritu de búsqueda
de metas artísticas. Fueron también sus condiscípulos los burgaleses Manuel
Izquierdo Ordóñez, Julio del Val, Félix Pedrero, Saturnino Calvo, formados
todos ellos por los ilustres profesores Evaristo Barrio e Isidro Gil Gavilondo.
Cursó la carrera de Derecho en la Universidad
Central de Madrid, terminando los estudios de abogado en 1899, compaginando su
carrera universitaria con su decidida vocación artística, acudiendo como alumno
oyente a las clases que se impartían en la Real Academia de San Fernando. Superada
la carrera de Derecho viajó a Roma, donde permaneció varios meses estudiando
arte y visitando museos, lo cual siempre resultó para él muy ilustrativo en su
condición de pintor aficionado, de lo que siempre hizo gala, pues nunca cobró
por sus cuadros, regalándolos entre sus amistades.
Instalado en Burgos, donde ejerció como abogado y procurador de los Tribunales, compaginando estas actividades profesionales con la Subdirección de la Compañía de Seguros La Unión y el Fénix Español. Fue reconocido como académico correspondiente para Burgos de la Real Academia de San Fernando, ejerció una labor de mecenazgo: se ocupó desde la comisión provincial de monumentos del cuidado de la obra de artistas burgaleses y muy especialmente de las pinturas del Monasterio de Arlanza o la portada del pueblo de Cerezo de Rio Tirón.
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| La torre de Quintana de Valdivielso, es una de las obras más características de Luis Gallardo, que evidencia su gusto por los paisajes, especialmente por los temas burgaleses. |
Instalado en Burgos, donde ejerció como abogado y procurador de los Tribunales, compaginando estas actividades profesionales con la Subdirección de la Compañía de Seguros La Unión y el Fénix Español. Fue reconocido como académico correspondiente para Burgos de la Real Academia de San Fernando, ejerció una labor de mecenazgo: se ocupó desde la comisión provincial de monumentos del cuidado de la obra de artistas burgaleses y muy especialmente de las pinturas del Monasterio de Arlanza o la portada del pueblo de Cerezo de Rio Tirón.
Sobre estas condiciones personales
hay que destacar la faceta empresarial de Luis Gallardo, quien en 1906 fundó en
Burgos la fábrica de alfombras y tapices La Cartuja, que abrió en un principio en
la calle Progreso, trasladándose en 1913 a la calle San Julián. Esta industria
poseía una gran solvencia artística, conseguida por la brillante asociación de
Gallardo con Marceliano Santa María: diseñaban los bocetos junto al pintor Víctor
Frías. La fábrica pronto fue un éxito, llegando a ocupar a cien trabajadores,
consiguiendo poner en el mercado alfombras y tapices de alta estima por un
precio que oscilaba entre las 75 y las 800 pesetas el metro cuadrado.
Todos los tapices del hotel Roma y algunos del Hotel Palace de Madrid fueron fabricados en La Cartuja. Así mismo, disponían de una gran cantidad de telas el nuevo Gran Hotel Zaragoza y el Alfonso XIII de Sevilla. Tapices y alfombras de la fábrica de Gallardo figuran en la Diputación de Burgos, en la Presidencia del Consejo de Ministros, e incluso alguno en el Palacio Real, y una muy particular para mí que heredé de mis padres, sita en la Plaza de España, 1.
Gallardo también se inició en el
mundo del espectáculo. En el año 1910, en unión de otros burgaleses, intentó
dotar a la ciudad de un moderno local donde se dieran espectáculos artísticos, que
se ubicaría en el andén del Espolón, al lado del Arco de Santa María. Pero la idea no se llevó a cabo porque
surgieron voces críticas ante el posible efecto negativo que para el Arco de
Santa María pudiera suponer esta propuesta.
Todos los tapices del hotel Roma y algunos del Hotel Palace de Madrid fueron fabricados en La Cartuja. Así mismo, disponían de una gran cantidad de telas el nuevo Gran Hotel Zaragoza y el Alfonso XIII de Sevilla. Tapices y alfombras de la fábrica de Gallardo figuran en la Diputación de Burgos, en la Presidencia del Consejo de Ministros, e incluso alguno en el Palacio Real, y una muy particular para mí que heredé de mis padres, sita en la Plaza de España, 1.
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| Tapiz de cuidada elaboración, salido de la fábrica burgalesa de Luis Gallardo. |
Finalmente, y a su pesar, Luis
Gallardo fue nombrado alcalde de Burgos el 1 de octubre de 1923 hasta el 5 de
mayo de 1924. Con la instalación de la Dictadura de Primo de Rivera, los
ayuntamientos fueron disueltos y sustituidos sus concejales por los miembros de
las Juntas Municipales de Asociados, a las que Gallardo pertenecía, pues como
comerciante e industrial burgalés le habían nombrado en este cargo en tiempos
del alcalde don Manuel de la Cuesta. Como el decreto redactado por el Directorio
Militar especificaba claramente que para
poder ser nombrado alcalde en el nuevo Régimen había que, además de pertenecer
a la Junta de Asociados, ser hombre de carrera, no tuvo más remedio que acceder
a la alcaldía, puesto que era el único que reunía esas condiciones entre los 30
miembros que formaban la Junta.
Los cronistas señalan que accedió al
puesto el 1 de octubre de 1923, aunque como también señalan estos cronistas,
nunca le atrajo el cargo. Se consideraba un artista y un hombre de negocios,
nunca un político: “Si fui alcalde no fue por méritos, ni por elección, sino
por fatalidad que mandó el Poder Público por decreto para la disolución de los Ayuntamientos”.
Su escasa vocación política fue muy compatible con dignificar el Concejo y especialmente
se ocupó de las precarias condiciones económicas de los funcionarios.
Quiso eludir el compromiso poniendo
varias protestas, pero no pudo superar la prueba pues, como él mismo explicó, tenía
encima la espada de Damocles que amenazaba con una sanción.
La valoración de la política es
concluyente: “Siempre tuve un concepto poco halagüeño de la política, algunas
veces por amistad serví a intereses políticos y, salvo unas contadas excepcione,
no he recibido nada más que ingratitudes. Lo digo para que no figure mi nombre en
la gloriosa lista de los alcaldes de esta ciudad. Yo no puedo ni debo estampar
el autobombo. No sería correcto”.
(Publicado en Diario de Burgos, 10 de junio de 2018)


