lunes, 27 de noviembre de 2017

Burgos, entre dos centenarios (1921-2021)

UNA CIUDAD CON SU CATEDRAL, LA CATEDRAL DE ESPAÑA


A modo de sencilla introducción:

     El Papa, de Roma; la torre Eiffel, de Paris; la estatua   de la Libertad, de Nueva York; la catedral, de Burgos… Signos nobles e indiscutibles de    identificación y significado.

     La catedral de Burgos, la catedral de España, cumple el 2021 ocho siglos de existencia, y desde     estas     páginas de DIARIO DE BURGOS vamos a acogernos a su   benéfica y tutorial sombra para recordar hechos,      tiempos y personas, para discurrir sobre Burgos en    su esencia española y universal, en el vivir y en el desvivir de sus habitantes, con sus logros,     anhelos y      sus frustraciones. A la tarea.


Burgos, España y el mundo en 1921 se debatían entre los efectos de la Gran Guerra Europea y las consecuencias devastadoras de la mal llamada Gripe Española.

Paradójicamente, el cruento enfrentamiento bélico en suelo europeo, según algunos historiadores, con una cifra de entre 10 y 31 millones de muertos entre combatientes y población civil, supuso un período de crecimiento de la economía española, beneficiada por la neutralidad que pilotó con pericia el rey Alfonso XIII. Por el contrario, la pandemia nivel 5 (subtipo H1N1), con número de muertos en todo el mundo en un abanico aterrador: entre 50 y  100 millones, en una valoración oscurecida por los eventos de la Primera Gran Guerra, coetánea con esa brutal epidemia de nivel 5, que según los datos fehacientes, superó en cantidad de víctimas a la Peste Negra, multiplicando en varias veces los caídos de la guerra.

Burgos, como la práctica totalidad del mundo no se libró de la feroz gripe, que se extendió en cuestión de semanas, con un primer caso registrado que se originó por el estiércol en Kansas, el 11 de marzo de 1918, aunque otros la sitúan en Francia o incluso en China; la razón más aceptada del nombre de “gripe española” no fue porque aquí hubiera más casos, sino porque al ser España una potencia no implicada en la Gran Guerra, la prensa no estaba sometida como las otras a censura militar y se publicaban todas las informaciones de la plaga en Europa.

La socióloga Beatriz Echeverri Dávila, profunda conocedora de la enfermedad y autora de los mejores estudios sobre la pandemia en España, señala que si bien los primeros casos afectaron en mayor grado a varias provincias del interior y muy concretamente de Castilla La Nueva y Extremadura, en la segunda oleada el virus se propagó velozmente en septiembre a partir de los dos ejes ferroviarios Irún-Madrid y Cataluña-Almería. En la segunda oleada, que presentó mayores tasas de mortalidad en el Noroeste (provincias de León, Zamora, Orense, Burgos y Palencia), con tasas superiores al 10 por mil. Si tenemos en cuenta que la población en ese momento en Burgos estaba alrededor de los 33.000 habitantes (32.301, en 1920) se puede calcular que las víctimas superaron el número de 300. En ese año de 1918 fallecieron 1.363 burgaleses, con un octubre de 351, momento que coincide con la máxima gravedad de la epidemia.

Aquel año jubilar catedralicio coincidió con un tiempo de desazón política y de fracaso militar español en Marruecos. El 21 de julio, dos días después de que fueran trasladados los restos del Cid y doña Jimena desde el ayuntamiento de la ciudad hasta la catedral burgalesa, se produce el Desastre de Annual, al ser cercadas las fuerzas españolas por tropas rifeñas, en un desigual enfrentamiento entre los 4.000 atacantes marroquíes frente a una tropa española de 70.000 hombres, de los cuales  cerca de 14.000 se contabilizaron como víctimas mortales. La cruel derrota se completó con el posible suicidio del general Fernández Silvestre, que mandaba nuestras tropas, que solo unos meses después se recuperaron parcialmente con la reconquista del monte Gurugú.

Los hombres del Centenario
El séptimo centenario de la catedral que conmemoraba la obra del rey Fernando III el Santo se centraba en las personas del Cardenal Juan Bautista Benlloch, Arzobispo de la Archidiócesis burgalesa, y del alcalde de la ciudad don Eloy Garcia de Quevedo y Concellón (fotos de los señalados). Como nos referimos a un asunto  eclesial, es recomendable destacar la figura del Cardenal Benlloch, que fue  Arzobispo de Burgos desde 1919 hasta 1926 y señalar que el Capelo Cardenalicio le fue otorgado por el Papa Benedicto XV quien lo creó Cardenal Presbítero de Santamaría en Ara Coeli en el Consistorio del 7 de marzo de 1921.

Consignar la importancia que entonces tenía la diócesis burgalesa, puesto que el cardenal valenciano sucedió a José Cadena y Eleta, y le sucedió Pedro Segura Sánchez, ambos Príncipes de la Iglesia. Después de ser Administrador de Solsona y obispo titular de Hermopolis Maior, alcanzó en 1907 el Obispado de Urgel, con el título inherente de Copríncipe de Andorra. Murió en 1926 y mi madre siempre recordaba que ese día había anunciado un baile en el Casino (Círculo de la Unión) y que un cuñado suyo, y por lo tanto tío mío, le impidió a ella y a sus hermanas asistir al acontecimiento para guardar el debido luto por el prelado fallecido.

El Cardenal Benlloch falleció en Madrid. Durante dos años su cadáver permaneció en la catedral de Burgos, para luego ser enterrado definitivamente en su tierra natal, siguiendo sus deseos.

En la ilustración que figura en el programa de fiestas del ya referido VII Centenario, se destaca que don Eloy García de Quevedo y Cancellón era a la sazón abogado y catedrático de la Preceptiva Literaria en el instituto, cronista y alcalde de la ciudad de Burgos y Correspondiente de las Academias Española y de la Historia.

Había nacido en Burgos en 1874, y se trasladó a Madrid en 1889, obteniendo primero la titulación de licenciado en Derecho y después la licenciatura de Filosofía y Letras, que cursó sin que sus padres tuvieran conocimiento de ello. Casado en 1902 con Rosario García-Inés y Gallardo (apellidos de incuestionable raíz burgalesa), no tuvo descendencia y simultaneó su actividad docente con la periodística, centrando su trabajo en la conservación de los monumentos. Además de su activo trabajo en el Centenario de la catedral de Burgos, estuvo presente en la conmemoración del Centenario de la Batalla de Tolosa, en el II centenario de la conmemoración de la muerte de Miguel de Cervantes y en el Milenario de Castilla, en época posterior.

En su actividad docente fue primero profesor de literatura de los institutos de Cuenca y Córdoba y de él se escribió:
“…Su figura señorial de catedrático, su elevada estatura, aquella  barba negra que dibujaba su rostro moreno en donde brillaban sus apacibles y serenos ojos, con aquel paso movido, con su bastón siempre a la espalda y su saludo caballeroso y cortés con que correspondía a cuantos le saludaban, le proporcionaba mucho respeto, cierto atractivo y una simpatía que quedaba grabada en la imaginación y no se borraba jamás…”.


Fue de general y reconocida opinión “…Un alcalde con todas las de la ley. El Diario de Burgos publica una circular del Alcalde de la ciudad haciendo saber a todos los funcionarios y agentes a sus órdenes que tienen absoluta libertad para emitir su voto a favor de candidatura que mejor les parezca, sin que para ello hayan de tener en cuenta para nada su situación de empleados municipales”.  En fin, don Eloy fue un regidor municipal que correspondía en méritos personales y académicos con la ciudad que se aprestaba a conmemorar los siete siglos de la Catedral de Burgos, de la Catedral de España.

(Publicado en Diario de Burgos, 25 de noviembre de 2017)