Burgos, entre dos centenarios (1921-2021)
UNA CIUDAD CON SU CATEDRAL, LA CATEDRAL DE ESPAÑA
A modo de sencilla introducción:
El Papa, de
Roma; la torre Eiffel, de Paris; la estatua
de la Libertad, de Nueva York; la
catedral, de Burgos… Signos nobles e indiscutibles
de identificación y significado.
La catedral de
Burgos, la catedral de España, cumple el
2021 ocho siglos de existencia, y desde estas
páginas de DIARIO DE BURGOS vamos a acogernos
a su benéfica y tutorial sombra para
recordar hechos, tiempos y personas,
para discurrir sobre Burgos en su
esencia española y universal, en el vivir
y en el desvivir de sus habitantes, con
sus logros, anhelos y sus frustraciones. A la tarea.
Burgos, España y el mundo en 1921 se
debatían entre los efectos de la Gran Guerra Europea y las consecuencias
devastadoras de la mal llamada Gripe Española.
Paradójicamente, el cruento
enfrentamiento bélico en suelo europeo, según algunos historiadores, con una
cifra de entre 10 y 31 millones de muertos entre combatientes y población
civil, supuso un período de crecimiento de la economía española, beneficiada
por la neutralidad que pilotó con pericia el rey Alfonso XIII. Por el
contrario, la pandemia nivel 5 (subtipo H1N1), con número de muertos en todo el
mundo en un abanico aterrador: entre 50 y
100 millones, en una valoración oscurecida por los eventos de la Primera
Gran Guerra, coetánea con esa brutal epidemia de nivel 5, que según los datos
fehacientes, superó en cantidad de víctimas a la Peste Negra, multiplicando en
varias veces los caídos de la guerra.
Burgos, como la práctica totalidad
del mundo no se libró de la feroz gripe, que se extendió en cuestión de
semanas, con un primer caso registrado que se originó por el estiércol en
Kansas, el 11 de marzo de 1918, aunque otros la sitúan en Francia o incluso en
China; la razón más aceptada del nombre de “gripe española” no fue porque aquí
hubiera más casos, sino porque al ser España una potencia no implicada en la
Gran Guerra, la prensa no estaba sometida como las otras a censura militar y se
publicaban todas las informaciones de la plaga en Europa.
La socióloga Beatriz Echeverri
Dávila, profunda conocedora de la enfermedad y autora de los mejores estudios
sobre la pandemia en España, señala que si bien los primeros casos afectaron en
mayor grado a varias provincias del interior y muy concretamente de Castilla La
Nueva y Extremadura, en la segunda oleada el virus se propagó velozmente en
septiembre a partir de los dos ejes ferroviarios Irún-Madrid y Cataluña-Almería.
En la segunda oleada, que presentó mayores tasas de mortalidad en el Noroeste
(provincias de León, Zamora, Orense, Burgos y Palencia), con tasas superiores
al 10 por mil. Si tenemos en cuenta que la población en ese momento en Burgos
estaba alrededor de los 33.000 habitantes (32.301, en 1920) se puede calcular
que las víctimas superaron el número de 300. En ese año de 1918 fallecieron 1.363
burgaleses, con un octubre de 351, momento que coincide con la máxima gravedad
de la epidemia.
Aquel año jubilar catedralicio
coincidió con un tiempo de desazón política y de fracaso militar español en
Marruecos. El 21 de julio, dos días después de que fueran trasladados los
restos del Cid y doña Jimena desde el ayuntamiento de la ciudad hasta la
catedral burgalesa, se produce el Desastre de Annual, al ser cercadas las
fuerzas españolas por tropas rifeñas, en un desigual enfrentamiento entre los
4.000 atacantes marroquíes frente a una tropa española de 70.000 hombres, de
los cuales cerca de 14.000 se
contabilizaron como víctimas mortales. La cruel derrota se completó con el
posible suicidio del general Fernández Silvestre, que mandaba nuestras tropas,
que solo unos meses después se recuperaron parcialmente con la reconquista del
monte Gurugú.
Los hombres del Centenario
El séptimo centenario de la catedral
que conmemoraba la obra del rey Fernando III el Santo se centraba en las
personas del Cardenal Juan Bautista Benlloch, Arzobispo de la Archidiócesis
burgalesa, y del alcalde de la ciudad don Eloy Garcia de Quevedo y Concellón (fotos
de los señalados). Como nos referimos a un asunto eclesial, es recomendable destacar la figura
del Cardenal Benlloch, que fue Arzobispo
de Burgos desde 1919 hasta 1926 y señalar que el Capelo Cardenalicio le fue
otorgado por el Papa Benedicto XV quien lo creó Cardenal Presbítero de Santamaría
en Ara Coeli en el Consistorio del 7 de marzo de 1921.
Consignar la importancia que entonces
tenía la diócesis burgalesa, puesto que el cardenal valenciano sucedió a José
Cadena y Eleta, y le sucedió Pedro Segura Sánchez, ambos Príncipes de la
Iglesia. Después de ser Administrador de Solsona y obispo titular de Hermopolis
Maior, alcanzó en 1907 el Obispado de Urgel, con el título inherente de
Copríncipe de Andorra. Murió en 1926 y mi madre siempre recordaba que ese día
había anunciado un baile en el Casino (Círculo de la Unión) y que un cuñado
suyo, y por lo tanto tío mío, le impidió a ella y a sus hermanas asistir al
acontecimiento para guardar el debido luto por el prelado fallecido.
El Cardenal Benlloch falleció en
Madrid. Durante dos años su cadáver permaneció en la catedral de Burgos, para
luego ser enterrado definitivamente en su tierra natal, siguiendo sus deseos.
En la ilustración que figura en el
programa de fiestas del ya referido VII Centenario, se destaca que don Eloy
García de Quevedo y Cancellón era a la sazón abogado y catedrático de la Preceptiva
Literaria en el instituto, cronista y alcalde de la ciudad de Burgos y Correspondiente
de las Academias Española y de la Historia.
Había nacido en Burgos en 1874, y se
trasladó a Madrid en 1889, obteniendo primero la titulación de licenciado en
Derecho y después la licenciatura de Filosofía y Letras, que cursó sin que sus
padres tuvieran conocimiento de ello. Casado en 1902 con Rosario García-Inés y
Gallardo (apellidos de incuestionable raíz burgalesa), no tuvo descendencia y
simultaneó su actividad docente con la periodística, centrando su trabajo en la
conservación de los monumentos. Además de su activo trabajo en el Centenario de
la catedral de Burgos, estuvo presente en la conmemoración del Centenario de la
Batalla de Tolosa, en el II centenario de la conmemoración de la muerte de Miguel
de Cervantes y en el Milenario de Castilla, en época posterior.
En su actividad docente fue primero
profesor de literatura de los institutos de Cuenca y Córdoba y de él se
escribió:
“…Su figura señorial de catedrático, su elevada estatura,
aquella barba negra que dibujaba su
rostro moreno en donde brillaban sus apacibles y serenos ojos, con aquel paso
movido, con su bastón siempre a la espalda y su saludo caballeroso y cortés con
que correspondía a cuantos le saludaban, le proporcionaba mucho respeto, cierto
atractivo y una simpatía que quedaba grabada en la imaginación y no se borraba
jamás…”.
Fue de general y reconocida opinión “…Un alcalde con todas las de la ley. El
Diario de Burgos publica una circular del Alcalde de la ciudad haciendo saber a
todos los funcionarios y agentes a sus órdenes que tienen absoluta libertad
para emitir su voto a favor de candidatura que mejor les parezca, sin que para
ello hayan de tener en cuenta para nada su situación de empleados municipales”. En fin, don Eloy fue un regidor municipal que
correspondía en méritos personales y académicos con la ciudad que se aprestaba
a conmemorar los siete siglos de la Catedral de Burgos, de la Catedral de
España.
(Publicado en Diario de Burgos, 25 de noviembre de 2017)