miércoles, 15 de febrero de 2017

FÓRMULA INFALIBLE

En los primeros años cuarenta lo que hoy es el Burgos Club de Fútbol se llamaba Gimnástica Burgalesa. Los partidos oficiales eran de categoría regional y se jugaban en el Campo Laserna. Estas instalaciones, fronteras con la estación del Norte, eran propiedad de la recién estrenada Red Nacional Española de Ferrocarriles y la temporada se reducían a no muchos partidos, con especial atención al enfrentamiento anual con el Palencia Club de Fútbol. 

El entrenador del equipo burgalés era un guipuzcoano de nombre Amadeo Labarta Rey, que  contaba con algún jugador local como Viturri, soldados de reemplazo y futbolistas guipuzcoanos, entre los que destacaban el medio centro Lecuona y el extremo Urreiztieta. A Labarta le sustituyó otro vasco, Anselmo Elízaga,  de profesión militar de un  cuerpo subalterno, maestro herrador, si no recuerdo mal.

El tal Elízaga era discípulo del entrenador de la Real Sociedad de San Sebastián, Benito Díaz, que fue quien introdujo en España el sistema de juego “W-M”, que retrasaba al medio centro para convertirlo en defensa central y organizar el juego de forma mucho  más defensivo. Así se evitaban las goleadas entonces. La fórmula mágica  de Anselmo Elízaga, con la que subsistió varias temporadas en Burgos, era simple. Les decía a sus jugadores con convicción e insistencia: “Arriba, abajo, basculando y siempre encima”. Ustedes se preguntarán, como yo, el alcance de tan indescifrable fórmula, que en un esfuerzo grande de imaginación podría convertirse en: “Correr desaforadamente, alternarse con astucia y presionar sin desmayo”.

Cuando veo y oigo al presidente del Gobierno de España explicar el alcance de sus pretensiones de gobierno, reiterando sus manidos y abrumadores razonamientos, y no digamos cuando seguimos comprobando las siempre modestas proposiciones políticas, podemos sin demasiado esfuerzo pensar que la fórmula del castrense entrenador sirve perfectamente para durar indefinidamente en la política. No hace falta recurrir a proyectos arrebatadores, a empresas de largo recorrido o mantenerse en empeños de largo alcance internacional. No hay que buscar la emoción contagiosa, poseer un encanto personal, ni mucho menos dotarse de un sofisticado glamour. Basta, como hemos dicho arriba, con moverse en línea recta -arriba y abajo-, en línea transversal -bascular de derecha a izquierda- y, sobre todo, presionar mucho. Con constancia y sin piedad para que los adversarios y correligionarios vayan cayendo uno a uno.  Eso se puede entender de cualquier manera. Y que no lo tengan muy en cuenta la vicepresidenta Saenz de Santamaría y la ministra Cospedal. Solo hace falta mirar atrás con serena perspicacia. Rajoy es mucho Rajoy. Siempre encima.

(Publicado en Diario de Burgos, 15 de febrero de 2017)