jueves, 10 de septiembre de 2020

 

Cavilaciones urgentes de un rentista desasosegado

SEPTIEMBRE

O setiembre sin p, pues ambas grafías son admisibles por la Academia. La primera tiene preferencia por tradición y origen etimológico, aunque con el tiempo se ha simplificado en algunas zonas por desgaste fonético: en Uruguay se suelen comer la p, en Perú también pero menos y en otros países como Costa Rica es más aleatorio. También algo en España.
Septiembre, noveno mes del año en el Calendario Gregoriano, es bifronte, equinoccial, determinante, sugestivo y tranquilizador. En tiempos no lejanos, los malos estudiantes trataban de reconciliarse con los libros cuando en junio les habían negado el aprobado, recurriendo a la benevolencia de las segundas oportunidades.

Aunque el otoño meteorológico comenzará este año el martes 22 de septiembre a las 15 horas y 31 minutos hora peninsular. De alguna manera en estos primeros días del mes hemos inaugurado ya la estación de la caída de las hojas con un habitual adelanto del “fresco” burgalés.Así se  remata un verano que ha tenido un excelente comportamiento, para compensar, aunque sea ligeramente, la maldición del Covid y sus consecuencias.



Casi todos los días del estío, desde que aterricé en Burgos el 22 de junio, han sido acogedores y benéficos. Nos han permitido dormir serenamente y disfrutar de paseos y terrazas sin sobresaltos, pero siempre con la debida precaución por el bicho. Es el Burgos veraniego, el de los años cincuenta y sesenta, últimamente muy olvidados. Entonces, las jovencitas burgalesas esperaban la llegada de los alumnos de la Milicia Aérea Universitaria (MAU) y los bilbaínos se hospedaban en el Hotel España para huir de la monotonía de la lluvia cantábrica. ¡Tiempos!

Por lo demás, el verano se ha comportado: la cosecha agrícola en la mayoría de sus especialidades ha sido generosa y los incendios desgarradores y los pedriscos devastadores nos han respetado, a diferencia de otras zonas. Como el incendio forestal declarado en la localidad onubense de Almonaster la Real, donde según la apresurada redacción de la noticia de la agencia los efectivos han trabajado a “destajo” (trabajo que se contrata por un tanto alzado y que en puridad hubiera tenido que originar una petición de aumento en el precio de los destajos.

El Covid-19 lo ha estropeado todo o casi todo. Desdichadamente, hemos visto establecimientos de todo tipo, pero muy especialmente en hostelería, bajar sus cierres por largas temporadas o, incluso, lo que es más preocupante, para siempre. Según los expertos, la vendimia tiene “buena traza". 

Con este año se van recuerdos, se diluyen proyectos y se afirman incógnitas de desfallecimiento y olvido. Pero mantengamos la esperanza. Como todos los años en los equinoccios de primavera y otoño, a las cinco de la tarde  del próximo día 22, el triple capitel de la Anunciación de la iglesia románica del monasterio de San Juan de Ortega nos enviará su tradicional mensaje simbólico de los constructores medievales, único en Occidente. El famoso “Milagro de Luz” será una vez más fiel a su cita: un rayo de sol iluminará sucesivamente durante unos minutos a la Virgen María en las escenas de la Anunciación, la Visitación, el Nacimiento y el Anuncio a los pastores junto al pesebre. 

Otoño en nuestro Burgos. Los capitalinos que paseen tranquilamente por el Espoloncillo verán cómo caen desordenadamente las castañas pilongas de los árboles. Son vecinos bien arraigados que contemplan el devenir de los años y hasta los siglos en su perenne ciclo de exuberante  esplendor y de melancólica pérdida de la hoja. Los estudiantes estarán ya encima de sus libros y tratarán de adecuarse a una sanidad imperativa y necesaria en una lucha poco equilibrada entre el virus destructor y la firmeza tan exigida. Penas aparte, el otoño ya está casi entre nosotros. Acojámonos a él con esperanza y sin prejuicios.

(Publicado en Diario de Burgos, 7 de septiembre de 2020)