POLÍTICOS Y FUNCIONARIOS
Según Mariano Rajoy, el exministro de Industria del Gobierno de España, José Manuel Soria, ha dejado de ser político. Durante veinte años fue político a tiempo completo, ocupando, entre otros, cargos de alcalde, diputado y ministro. Pero eso es historia. De modo abrupto y fulminante, al mismo tiempo que moría el político, renacía el funcionario. ¡Y por oposición!
El doctor Marañón, médico de gran prestigio, escritor brillante e historiador reconocido, comparaba las oposiciones españolas con las corridas de toros. Calificaba a aquéllas de segunda fiesta nacional. Ese juicio de tan reconocido pensador no ha prosperado, más bien al contrario. Lo indispensable para ser funcionario es la oposición y lo más recomendable para ser político es ser funcionario. Los altos cuerpos de la Administración española, funcionarios adscritos al mundo del Derecho, de la Economía, catedráticos de diversas especialidades y hasta médicos, arquitectos, ingenieros, etcétera, que han pasado por la oposición, son el venero que nutre los puestos importantes de la política, tanto del Legislativo como del Ejecutivo.
El caso de Soria es complejo; más aún, resulta intrincado. Al exministro de Industria le ha nombrado director del Banco Mundial su amigo político y su compañero funcionario Luis de Guindos. No está claro si ha habido un concurso para respetar las formalidades, pero sí resulta indiscutible que los funcionarios del Gobierno, de Rajoy en adelante, han justificado un nombramiento e incluso han insistido en que la condición de funcionario era imprescindible para el puesto. Tampoco está claro que sea así. Por lo que se me alcanza, en el Banco Mundial no parece que entiendan mucho de funcionarios a la española.
Políticos no funcionarios, Núñez Feijóo, Herrera y Cifuentes, han manifestado su protesta.
Dejemos a un lado la inoportunidad de la noticia del nombramiento de Soria, coincidiendo con el fracaso de la investidura de Rajoy y su posterior viaje a China, pero lo que no queda nada claro es la idoneidad del nombramiento. Soria viene de una destitución fulminante por mentir palmariamente en un asunto concerniente a su vida personal y familiar. Según la normativa española, esto no le impide volver a un puesto técnico en el Cuerpo al que pertenece. Ya no es político; solo es funcionario, pero él y sus patrocinadores no han querido renunciar a esa confusión tan española, estar solo a las maduras; las duras son para los otros, para los que no son funcionarios.