Burgos, entre dos centenarios (1921-2021)
LANERÍAS Y SASTRERÍAS: TRAJES A MEDIDA
Agrupación de Intendencia número 6, sita en la calle Vitoria, la llamada zona de Los Cuarteles, frente a los Regimientos de Infantería San Marcial nº 7 y Artillería, nº 11. Entre las sucesivas promociones de soldados del servicio militar obligatorio, las famosas “quintas”, era bien conocido el divertimento de un brigada que mejor será dejarlo en el anonimato. Se creía ocurrente cuando proveía de los nuevos “uniformes de paseo” a los reclutas, bramando reiteradamente una y otra vez a voz en grito:
-“Y ahora recibiréis un traje a medida, a medida que vais llegando. ¡Ja, ja, ja!”.
Los burgaleses vestían en 1921 casi unánimemente trajes a medida, confeccionados por sastres artesanos con paños adquiridos en lanerías externas. Me estoy refiriendo, claro está, al normal de la gente, la pequeña, media y alta burguesía, desde dependientes y modestos funcionarios hasta comerciantes y profesionales y propietarios o rentistas. El traje confeccionado, lo que hoy es vestimenta habitual del común de la gente, estaba reservado curiosamente a establecimientos de menor reconocimiento social. Uno de ellos, a título de ejemplo muy característico, era Casa Munguía, con su tienda de amplia cobertura y a la que acudían fundamentalmente los campesinos –labradores y ganaderos- por cuenta propia de la extensa provincia burgalesa. Munguía, establecido en la esquina de la Plaza Mayor con la salida hacia la calle de Laín Calvo, ofrecía una amplia y variada oferta, con trajes de adulto y mocito. Su propietario Manuel Munguía, era una fuerza viva de la ciudad. También era dueño, junto con Isaac Martínez Mata, del Cine Coliseo y dinámico promotor de actividades deportivas y recreativas.
Curiosamente, todas las lanerías que re recogen hoy en los anuncios que ilustran este reportaje no se limitaban al género lanero e igualmente surtían de sedería, ropa blanca confecciones, hules, linóleos y alfombras. Todo ello se puede comproebar en las referencias de Hijos de Jacinto Martínez y de Balbino Muro. Pascual Quemada abrazaba un indeterminado aspecto de novedades. Y el Paraíso, en la esquina de la Plaza Mayor con Almirante Bonifaz, que regentó después la familia Malaxechevarría, ofrecía tejidos nacionales y extranjeros.
Los cinco establecimientos a que se ha hecho referencia estaban ubicados en la Plaza Mayor, en donde antaño se celebraron corridas de toros. Pero que en el siglo XIX, según cuenta Gregorio Carmona, se estableció allí el mercado ubicado en la Plaza de Prim, trasladando los vendedores ambulantes sus mesitas a la que desde la guerra civil se llamó Plaza de José Antonio. Los puestos de frutas se instalaron en la parte donde hoy está el Círculo de la Unión y se extendían hasta las inmediaciones de los Arcos del Consistorio, resguardándose las vendedoras y las mercancías con cendales y al frente de los despachos de colocaban paños blancos.
Los mercados de aves, huevos y otros productos que traían los labriegos se celebraban en el centro de la plaza, alrededor de la removida estatua de Carlos III. Hasta que a principios del siglo XX se construyó el mercado de abastos de la Plaza del General Santocildes, hoy desgraciadamente desaparecido. A pesar de la singularidad y rotundidad arquitectónica de aquel pabellón diseñado por un discípulo de Eiffel.
Los sastres, excepto uno que ofrecía lecciones de corte en el primer piso del número 10 y 11 de la Plaza –Sastrería de Ciriaco Velasco-, se ubicaban en los aledaños de la misma, desde El Espolón hasta el Duque de la Victoria, pasando por la calle Laín Calvo. José Camarero –“On parle français”- marcó una dinastía en el oficio.
Para completar el cuadro de la Plaza Mayor, donde coexistían dos farmacias muy significativas: la del licenciado Timoteo Martínez Mata y la de García Reol, sucesor de Llera, que ofrecían un contrapunto sanitario en donde se preparaban la mayoría de los medicamentos llamados fórmulas magistrales, utilizados para el tratamiento de los males de aquellos tiempos. La elaboración de las fórmulas magistrales exigía un capacitado y abundante personal. En la farmacia Reol, de la que fue titular durante años el presidente la preautonomía de Castilla y León, Juan Manuel Reol, uno de los mancebos semanalmente salía de la farmacia a saludar con un pañuelo a los timbaleros, que a los sones de la marcha de la ciudad llamaban a Concejo.
LOS HERMANOS URREA
La pañería de Urrea en el local ubicado entre Almacenes Campo y Calzados Ruíz, sus propietarios, Francisco Urrea y hermano mantuvieron el negocio hasta que en los años sesenta se estableció Calzados Novus.
El mayor de los hermano, Paco Urrea, ciclista impenitente desde su juventud, durante muchos años ocupó la presidencia del Club Ciclista Burgalés y eran famosos sus discursos –¡Qué hable Urrea!- en los que siempre citaba al Cid Campeador, lo que hoy hubiera sido motivo de escándalo para el presidente del PNV, Antonio Ortuzar, que clama contra el espíritu de Rodrigo Díaz de Vivar “con un nacionalismo rampante y españolista que lo está contaminando todo”. Así, sin entrar en detalles.
Su hermano, solterón y noctámbulo, leía todos los días el ABC de cabo a rabo. Cuando cerraban el salón de recreo paseaba muy de madrugada por la Plaza Mayor en compañía del sereno. Únicamente leía un periódico al día. En verano descansaba. De tal manera que cuando falleció tenía un año de periódicos atrasados sin leer.
(Publicado en Diario de Burgos, 11 de febrero de 2018)