Cavilaciones urgentes de un rentista desasosegado
EL ANTICICLÓN TIENE LA CULPA
Los expertos auguran que el precio de la luz seguirá alto más allá de la primavera. Concretan: costará a razón de 200€/MWh de media para todo el año y quizás los primeros meses de 2023. Una vez más, sobre España acecha la amenaza de una nueva sequía, similar a las que azotaron entre 1991 y 1995 y en el año 2017. Para referirnos a datos más concretos, en Madrid y en otros lugares de España no llueve desde el día de Reyes. O sea, casi mes y medio de sequía preocupante y desoladora.
¿Y por qué no llueve en España? Simplificando la respuesta: por un viejo conocido, el anticiclón de las Azores. Es el responsable directo de que las reservas de agua de los pantanos estén ahora mismo por debajo de la media de los últimos 10 años y apenas a un 44% de su capacidad total.
El mentado anticiclón es un antipático compañero del clima español. A veces ayuda, con el mantenimiento del sol que atrae al turismo. Pero cuando se pasa de la raya agrede sin conmiseración a los campos yermos y altera el humor de personas como el que suscribe. Lo confieso: frecuentemente me siento incómodo con tanto implacable sol español, que por lo que se ve, está ganando por goleada todos los partidos contra la lluvia.
| Así se encontraba el pantano de Úzquiza el pasado 12 de enero./JESÚS J. MATÍAS |
Lo de “pertinaz sequía” no es algo reciente ni mucho menos desconocida por estos barrios. El concepto lo popularizó Franco, junto a otros no menos manidos como la “conspiración judeo-masónica”, que en realidad era algo recurrente en Europa desde un par de siglos atrás. O la “pérfida Albión”, cuyo rastro lleva a Napoleón e incluso a Felipe II, dos de armas tomar. En el franquismo se popularizó por Gibraltar y sobre todo por la victoria sobre Inglaterra en el Mundial de fútbol de 1950 en Brasil con aquel gol de Zarra… Pero la “pertinaz sequía” sirvió de base para acometer una política de construcción de pantanos, que ahora nos liberan de situaciones extremas y exasperan a los ecologistas.
La media actual del 44% de agua embalsada es desigual. Va del 95% en el País Vasco a un 30% pelado o menos en la cuenca del Guadalquivir y otras zonas del sur. En nuestra cuenca del Duero hay un pelín menos del 50% de la capacidad total. En Madrid, algo más: se ha mantenido durante un mes largo con sus reservas de agua estables en el 61% en sus 12 pantanos.
Mal que bien, hemos ido aguantando estos años sin alterar el cuadro de recursos hídricos. Hubo algún intento, como el de Esperanza Aguirre, que viajó a Israel cuando era presidenta madrileña para tratar de importar su avanzada y exitosa tecnología. En ese país, el 80% del agua consumida es reciclada. Y no sólo eso: aparte de la desalinización del agua del mar, han desarrollado sistemas para extraer agua, si no de las piedras, sí de la arena del desierto.
Tal y como se están poniendo las cosas y reconocido el carácter laico de nuestras Administraciones, no parece acertado sacar a los “santos llovedores” en procesión implorando el agua tan necesaria y escasa. En Burgos los pantanos de Úzquiza y Arlanzón, al 59,8% y 87,7% de su capacidad, respectivamente, nos dan un margen de tranquilidad. Aunque sería muy recomendable que los gestores de la vieja Compañía de Aguas, en vez de mantener tensiones burocráticas y gestoras enfrentadas, dedicaran parte de su tiempo a buscar, si ello es posible, fuentes de refuerzo y estímulo.
No es preciso resaltar que el asunto no es precisamente baladí. En modo alguno. Ni mucho menos. Merece atención, esfuerzo, imaginación y sobre todo unificación de criterios y posiciones políticas y administrativas coincidentes. Las posturas de enfrentamiento ideológico han de guardarse en el armario del olvido y decidirse por una política activa permanente y constructiva. Así se podrá mantener en toda España la fluidez de un suministro de agua con la calidad necesaria. Por lo que respecta a Madrid y Burgos, ambas ciudades se disputan el primer puesto, al que no debemos renunciar en ningún caso.