lunes, 1 de octubre de 2018

Burgos, entre dos centenarios (1921-2021)

EL CIRCULO DE LA UNIÓN: O SEA,  EL CASINO

En feliz y estimable coincidencia, el año 1921, al mismo tiempo que se conmemoraba el VII Centenario de la colocación de la primera piedra de la Catedral de Burgos, el Círculo de la Unión adquiere al Excelentísimo señor Duque de Abrantes las seis casas de la Plaza Mayor colindantes con el edificio social. Para lo que se solicita a los socios un préstamo de 250.000 pesetas, abonándose a un interés del 5% anual en el plazo de cuatro años. Se incluye también una operación sobre los fondos depositados en el crédito de la Unión Minera, por lo que se acordó garantizarlos de tal manera que no dé lugar a mayor responsabilidad.

Este hecho constituye el arranque de lo que en  el futuro será el hermoso y singular edificio del “Círculo de la Unión”, como culminación societaria de una trayectoria en constante superación. Arranca con una sociedad denominada “El Casino”, que se estableció en el “Café Montañés”, sito en el número 36 de la Plaza Mayor y se fusionó posteriormente con “La Amistad”, que estaba domiciliada en el “Café Suizo”, piso segundo, del número 38 del Paseo del Espolón. Más tarde devino en la sociedad “La Amistad de Burgos”, y finalmente en el actual “Circulo de la Unión”, al que nos referimos en Burgos como “El Casino”.

Poco a poco iremos recorriendo los pasos que el “Círculo de la Unión”, desde sus modestos orígenes, se convirtió en el  edificio ya citado cuando un gran presidente de la entidad don Rafael Dorao, aborda la construcción del edificio. Eso ocurre una vez que el Ayuntamiento ha concedido la debida autorización y se procede al derribo de las casas de la Plaza Mayor, así como la del número 36 del Espolón. Las obras se adjudican al vecino de Burgos don Carmelo Castrillo, promotor inmobiliario destacado, a quien se deben también las obras del Cine Avenida y de la hermosa casa colindante de la Plaza del Cid. Antes, en 1910, los señores Matossi, Fantoni y Compañía muestran su deseo de enajenar la casa de su propiedad que ocupa el “Círculo de la Unión” por el precio de 65.000 duros. Se hace el traslado del “Café Suizo”, que tiene la planta baja y el servicio a la sociedad en el precio de 15.000 duros,  cantidades que se estimaron como exorbitantes, por lo que según el cronista, “la propuesta se echó en saco roto”. Sin embargo, en 1915 se llegó a un acuerdo con el representante de los citados señores Matossi y Fantoni y se cedió el inmueble en 150.000 pesetas. De ellas 90.000 se percibieron en efectivo y 15.000 en obligaciones de las acordadas por la sociedad amortizables en 40 años. También se llegó al acuerdo de adquirir el inmueble y efectos pertenecientes al café en el precio de 131.834 pesetas, cuya escritura se firmó el 1 de agosto de 1916. En el momento de la ejecución de las obras del edificio entre la Plaza Mayor y el Espolón, la sociedad contaba con 1.500 socios –en una ciudad con apenas 35.000 habitantes- y en el empréstito llevado a cabo en 1931 recaudaron 1.000.000 de pesetas.

El notario de Burgos don Francisco Rodríguez Gonzalo, fedatario público que normaliza la propiedad del nuevo edificio, al que describe como una casa “en esta ciudad Paseo del Espolón número 34, 36 y 38, de una superficie de 900 m2. aproximadamente, teniendo 32 metros de fachada al Paseo del Espolón y 30 a la fachada de la Plaza Mayor. Con siete plantas, de las que las cuatro primeras están destinadas a dependencias de “El Casino”. Con la escalera principal y dos ascensores y otra escalera de servicio y cinco locales con un sótano cada uno, así como los últimos pisos destinados a viviendas”.

Aunque en los años veinte España, tras la primera Gran Guerra Mundial (1914-1918), vivía una época de bonanza, derivada de su neutralidad en la contienda europea. La pérdida del imperio colonial era ya solo un eco y la vida política parecía estable, regida por una Constitución con casi medio siglo de existencia. Acontecían los primeros síntomas de descontento ciudadano y la Revolución Rusa iniciaba su influencia en el Continente Europeo. Precisamente un año después, en 1923, el Rey Alfonso XIII cree haber encontrado lo que parece una solución ante una situación de gran inestabilidad pero que se irá convirtiendo en el problema definitivo: la dictadura del General Primo de Rivera, que continuará en la siguiente década con el apéndice de la “dictablanda” del general Dámaso Berenguer.

Burgos, Caput Castellae, (Cabeza de Castilla), Cámara Real, Primera en hablar y en Fidelidad, había dado en el primer tercio del siglo XX un salto significativo. A su tradicional posición estratégica en la armazón viaria peninsular, conexión entre los puertos atlánticos y Cataluña y paso obligado para acceder a la Meseta desde los Pirineos a Madrid, se suman las nuevas carreteras y líneas ferroviarias, los servicios públicos y privados y el aeródromo burgalés, pionero en los primeros pasos de la aviación en España.

Se vivía una cierta euforia hasta tal punto que la Cámara de Comercio e Industria de Burgos definía en 1928 a nuestra capital nada menos que como “el ombligo del Norte de España”. Con estas coordenadas el ya citado Rafael Dorao aborda la construcción del edificio señero que durante más de un siglo ha sido el lugar de cita de una parte importante de la sociedad burgalesa, centrada fundamentalmente en una mesocracia comercial y funcionarial. Ese edificio, ese “Círculo de la Unión”, ese “Casino”, en fin, remata presidencias tan destacadas como la de Leandro Gómez de Cariñanos, Jose Antonio Plaza, el doctor Rumayor y Carlos  Frühbeck, entre otros.


(Publicado en Diario de Burgos 30 de septiembre de 2018)