Cavilaciones urgentes de un rentista desasosegado
FÉLIX: MI COMPAÑERO, MI AMIGO (I)
Esta historia ya la he contado, pero entiendo que es un testimonio adecuado para recordar mi relación con Félix Rodriguez de la Fuente. El artículo de hoy está incluido en el libro “Burgos de Memoria”, publicado por la editorial del Diario de Burgos en 2010 y a continuación se reproduce íntegramente.
Recuerdo con cariño, con admiración, sin falsas dulzuras a mi compañero —de colegio y de TVE— y amigo Félix Rodríguez de la Fuente, instalado ya en la historia del periodismo y de la defensa de la naturaleza únicamente como Félix.
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Félix Rodríguez de la Fuente con Luis Ángel de la Viuda en
la época en que ambos coincidieron en TVE.
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Félix me llevaba tres años y cuatro cursos. Terminó su bachillerato en el colegio en 1946, se licenció en Medicina en la siempre prestigiosa Facultad de Medicina de la Universidad de Valladolid y se hizo dentista. En Briviesca —en donde su padre era notario—, por pura afición a los animales en general y a las aves de rapiña en particular, empezó a criar y educar halcones y rapaces. Lo demás figura en las biografías.
Tengo grabada una imagen de Félix, a principios de los pasados cincuenta, paseando por el Espolón, con su personal y representativa cabellera y con un halcón en el antebrazo, acompañado por su amigo el briviescano Martínez. En esta época, Félix realizaba en Burgos —creo que en San Marcial— sus prácticas de la Instrucción Militar Superior (IPS), más conocida como milicia universitaria.
Lógicamente, por la diferencia de edad —tres años en esas etapas suponen una brecha estimable—, yo no coincidí en el colegio con Félix. Pero por el debido respeto a «los mayores», siempre tuve muy identificada su imagen y su trayectoria vital y académica, pues nos topamos someramente en Valladolid, cuando él estudiaba Medicina y yo me examinaba por libre en Derecho.
La primera vez que nos encontramos en Madrid, en una reunión privada de burgaleses —comidas en El Puchero de la calle Larra—, él, como es lógico, no me identificó. Con descaro, le espeté: «Tú eras interno y llevabas guardapolvo». Desde entonces, mantuvimos una cordial relación que devino en amistad, que se fortaleció entre los años 1970 y 1973, cuando él intensificó su colaboración con TVE mientras que yo desempeñaba la dirección del medio.
El propio Félix explicaba que su llegada a la «tele» había sido circunstancial y un tanto imprevista. Su capacidad de adiestramiento de las rapaces le dio legítima y amplia notoriedad en sectores sociales y políticos. De ahí, aterrizó tímidamente como colaborador en un programa cinegético que dirigía Jaime de Foxá, y pronto adquirió autoridad suficiente como para afrontar su propio proyecto televisivo. Gracias a sus magníficas dotes de comunicador, a su tesón para desarrollar todas las posibilidades de su propuesta y, sobre todo, al contagioso entusiasmo con que se planteaba su trabajo, acreditó sobradamente la calidad del programa.
«Luis Ángel —me dijo un día—, este trabajo es tan atractivo y gratificante para mí que lo haría gratis. Incluso pagaría».
La semana que viene trataré pormenorizadamente la infrahistoria de la puesta en marcha del programa de Félix Rodríguez de la Fuente “El hombre y la tierra”. Entiendo que merece la pena conocer de primera mano las vicisitudes, los vericuetos y demás detalles de un tiempo pasado y de un relato, que al final acabó felizmente con la puesta en el aire del programa de nuestro paisano de Poza de la Sal.
(Publicado en Diario de Burgos, 23 de marzo de 2020)

