lunes, 4 de diciembre de 2017

Burgos, entre dos centenarios (1921-2021)

UNA CIUDAD CON SU CATEDRAL, LA CATEDRAL DE ESPAÑA

Mi vida personal, desde mi niñez y mi prolongada juventud burgalesa, se desarrolló a la sombra de la catedral. A espaldas de la perturbadora ley de memoria histórica, tengo que declarar y declaro que mi primer recuerdo infantil se concreta un 18 de julio de 1936, con la imagen fija de la catedral de Burgos y una marea de jóvenes alrededor del templo. Luego me explicaron que aquellos muchachos fueron los primeros combatientes de la sublevación contra la República. 

Durante más de dos décadas, el repique diario de las campanas “llamando a coro” a canónigos y beneficiados se veía potenciada en las fiestas mayores como los volteos gloriosos o en los sones fúnebres. En los años de la contienda civil española, la entonces Plaza del Duque de la Victoria, hoy Plaza del Rey San Fernando, fue escenario de acontecimientos civiles, religiosos y festivos que nunca desaparecerán de la memoria de aquel niño, vecino del número 3 de la citada plaza.

La catedral de Burgos, la gran catedral de España, fue mi iglesia y mi parroquia, pues hasta mediados de la década de los cuarenta la Capilla de Santiago de la catedral acogía a los fieles como titular parroquial oficial. Luego esta competencia se trasladó a la iglesia de Santa Águeda y por ello hoy conocemos a la citada circunscripción eclesiástica de Santiago y Santa Águeda. 

Pero lógicamente la catedral era más, mucho más que un recuerdo o una nostalgia. La catedral de Burgos, desde el 22 de octubre de 1574, y a instancias del rey Felipe II, era la basílica metropolitana, sede del arzobispado de la ciudad y cabeza de la archidiócesis que durante siglos, comprendía pueblos de la provincia de Burgos, Logroño, Palencia, Santander y Soria, y fue provincia eclesiástica que abarcaba los obispados de Calahorra y la Calzada, León, Osma, Palencia, Santander y Vitoria (cuando la diócesis de Vitoria englobaba también las provincias de Guipúzcoa y Vizcaya).

El Arzobispado de Burgos tuvo su origen como simple obispado en Oca, a principios del siglo IV, en tiempos del emperador romano Constantino. Arruinada la ciudad de Oca por la invasión de los moros, la sede episcopal no estuvo fija en una misma ciudad, hasta que en 1074 las infantas doña Elvira y doña Urraca, hijas de Fernando I, dieron al obispo Simón II el palacio real para establecer en él dicha sede, dotándola de cuantiosos bienes, pasando después a la iglesia de Santa María de Gamonal. Según cuentan las crónicas, al trasladarse a Burgos el obispado, pretendió el arzobispo de Toledo dominio sobre él, considerándolo como sufragáneo. Pero el de Burgos solo admitía como superior la sede metropolitana de Tarragona (sic). Estas cuestiones finalmente fueron resueltas por el Papa Urbano II en la bula expendida el 15 de junio de 1097, declarando que el de   Burgos no fuese sufragáneo de ningún arzobispado, ni que reconociese más autoridad que la del Sumo Pontífice.

Con tan felices coordenadas históricas y catastrales, esos años de mi niñez y juventud, siempre  a la sombra de la catedral, sitúan el cuadro de amistades, vivencias, éxitos, frustraciones de aquellos difíciles tiempos de la posguerra, en un Burgos que todavía se resistía a reconocer su nimiedad provinciana, tras tres años de artificial capitalidad bélica. 

La calle de Nuño Rasura, sin la salida que hoy tiene a Martínez del Campo, era un terreno acotado para dar patadas a pelotas de trapo y jugar al marro, a las bolas o al chorro, morro, pico tallo, que. El singular político burgalés Francisco Estébanez nos amonestaba desde el primer piso de su severa y honorable misión de la calle por jugar al pelotón, y con el riesgo muchas veces cumplido de avisar a la entonces llamada guardia municipal, con la amenaza de: “Jóvenes, si siguen jugando al pelotón, aviso a la policía”.

Como pura referencia, en aquel equipo improvisado de balompié figuraban los hermanos Del Rio, con un Ignacio que ya apuntaba su rebelde sentido iconoclasta y sus grandes condiciones de pintor. Carlos Conde, luego el reverendo padre Carlos Conde Díaz,  S.J., era ya entonces un líder de aquel grupo de muchachos. Su padre, Faustino Conde, en tiempos cocinero del arzobispo Castro Alonso y luego jefe de las cocinas del Hotel Ávila. Anualmente se dirigía al DIARIO DE BURGOS protestando por la maleza que se acumulaba en el doble arco de los escasos restos que quedaban del Palacio Arzobispal, como se patentiza en la fotografía que ilustra este reportaje. En la misma foto, y al lado derecho, un tanto diluido, se observa el homenaje a los caídos de la Guerra Civil. Durante años permaneció en la catedral y luego se desvaneció con la lógica del tiempo, cuando la Constitución de 1978 llamó a todos los españoles a la concordia ciudadana. 


Canónigos de Burgos que llegaron a Papas
Cinco dignidades y canónigos de Burgos han llegado a ser Papas, y son: Gregorio XI, que fue arcediano de Briviesca; Alejandro VI, arcediano de Valpuesta; Adriano VI, canónigo; Clemente VII, abad de Foncea, y Paulo V. El rey de España ostenta el título de primer canónigo de Burgos.

Concilios celebrados en Burgos
Por ser la santa iglesia catedral de Burgos matriz del Reino de Castilla, se han celebrado en ella tres concilios notables: el primero en el año 1085, presidido por el cardenal Ricardo, que confirmó en todos los dominios de Alfonso VI el oficio y rito eclesiástico romano; el segundo de los concilios tuvo lugar el año 1136, fue presidido por el cardenal Guido, legado apostólico, y estableció reglas para el oficio divino; el tercero, en 1379, fue presidido por Enrique III y tuvo por objeto ver el partido que debía adoptarse en el cisma que dividía la Iglesia con motivo de la doble elección de Papa, en las personas de Urbano VI y Clemente VII, recayendo la resolución de no decidirse por ninguno de los dos.

(Publicado en Diario de Burgos, 3 de diciembre de 2017)