ALERTA MUNDIAL: MÁS ALLÁ DE LO DIGITAL
Con
Franco la cosa era más fácil. La siniestra policía político-social únicamente te
exigía la “media filiación”: nombre, dos apellidos, domicilio, nombre de los
padres, lugar de nacimiento y DNI. También el Derecho Civil simplificaba las
cosas, pues la ley, como enseñaba mi viejo profesor, don Vicente Guilarte,
dejaba bien claro que nadie podía carecer de nacionalidad y que, en
contrapartida, no se podían tener dos nacionalidades.
Todo
esto ha cambiado con la inmigración y los tratados internacionales. Ahora se
añade una nueva identificación histórico-técnica; han nacido dos nuevos ciudadanos:
los nativos digitales y los inmigrantes digitales. Los segundos son, según
Prensky, inventor de la dicotomía nominativa, los que nacieron antes del boom
tecnológico que vive el mundo desde 1980, dentro de un contexto analógico; son
personas a las que les cuesta mucho adaptarse y aprender a moverse en el mundo
de la tecnología que cambia contantemente. Por el contrario, el hombre conocido
como nativo digital se encuentra cómodo con la tecnología al punto de que la
entiende como algo que complementa su vida cotidiana y la mejora, un hombre que
entiende al mundo de una manera distinta y que vive dentro de su contexto,
caracterizado por ser cambiante. Por un mínimo de lógica deductiva, los
anteriores a 1940 o no existimos o nos acercamos inevitablemente a Atapuerca.
El
viernes 12 de mayo, a media mañana empezó a percibirse un peligroso ciberataque masivo, provocado por el virus WannaCry, que empezó afectando seriamente
a empresas como la española Telefónica o al sistema británico de salud. La
alarma sonó en los cinco continentes, pues llegó a afectar a 200.000 usuarios
en 170 países. Como se nos ha explicado, el virus (ransomware) secuestra los
archivos informativos de las víctimas y pide un rescate en bitcoins a cambio de
liberarlos. Como se ve, todo desazonantemente arcánico para el común del
personal, aunque relativamente familiar para los nativos digitales. El
ciberataque tuvo unas dimensiones sin precedentes por su escala y el número de
países afectados, y se adelantó que otros posibles ciberdelincuentes utilicen
la misma táctica y aumenten el número de asaltos.
Desde
el momento que se intuyó la dimensión de la agresión, todo el mundo se puso a
la defensiva y, en el caso español, Telefónica no fue solo la primera empresa
en reconocer los problemas en algunos equipos, sino también la primera en
ponerse a disposición de las autoridades responsables para colaborar en lo
necesario. Según ha explicado el personal de la compañía tratando de desentrañar
los misterios digitales al público en general, sus sistemas técnicos de detección
de vulnerabilidades de seguridad funcionaron y detectaron en tiempo real el
ataque y activaron el protocolo de respuesta. El jefe de seguridad del Centro
Europeo de Ciberdelincuencia de Europol, Steven Wilson, ha elogiado a Telefónica
por su transparencia sobre el ciberataque. Posteriormente, durante el fin de
semana, cientos de profesionales de la compañía, en donde predominaban los
nativos pero también ayudaron los inmigrantes, trabajaron para recuperar por
completo la normalidad para proteger sus redes y las de sus clientes. De tal
modo que lo que podía haber sido una catástrofe se quedó en un susto. En todo
momento, el ataque se mantuvo dentro de la red interna de Telefónica y las
medidas de seguridad impidieron que el acoso se extendiera hacia redes externas,
y así ni los servicios que Telefónica presta a sus clientes ni los millones de
datos que maneja se vieron comprometidos en ningún momento.
El
mundo digital, para los ajenos a su entramada tecnología y, sobre todo, siempre
recelosos a su desconcertante y enrevesado lenguaje, sucesos de este calado,
que al decir de los expertos pueden repetirse en cualquier momento, deben
llevar a todos a la reflexión y a los expertos a la humildad. La realidad
digital, de insospechadas posibilidades, ha de tener en cuenta que todavía
millones de personas conviven en un mundo que les es relativamente ajeno y al
que posiblemente nunca se integrarán con soltura, pero ahí está. Yo no entiendo nada de lo que
pasa en las tripas de un ordenador, pero diariamente leo este y otros muchos
periódicos tradicionales, en la pantalla del Ipad, recibo información
profesional, personal y familiar sustentada en esos misteriosos y gratificantes
armatostes, y tengo derecho a que no se me ignore ni se me descalifique. La
informática y sus ministros han pecado siempre de soberbia y han tendido
consecuentemente al misterio y a la descalificación. Esto se hace así, de
acuerdo con mi programa, dicen. Pues no, haga usted un programa para que las
cosas se hagan como yo quiero y necesito. Para terminar, una historia real y
edificante: durante años los medios de comunicación, muy especialmente los
diarios, no conseguían que los programas que ofrecían las compañías de software
sirvieran para confeccionar periódicos hasta que el redactor jefe del Chicago
Tribune decidió aprender informática y
adecuar la tecnología a lo que había sido, y es, un logro universal: hacer todos
los días un periódico. Lo mismo se podría decir de una radio y una televisión.
(Publicado en ABC, 28 de mayo de 2017)