lunes, 18 de noviembre de 2019

Cavilaciones urgentes de un rentista desasosegado


HISTORIA PARA NO DORMIR


Con permiso. Hoy va de una cavilación especial y un mayor  desasosiego. Si nos atenemos al Diccionario del Español Actual de Manuel Seco, Olimpia Andrés y Gabino Ramos, cavilar es “pensar con insistencia, a veces con preocupación (sobre algo)”. Y desasosiego es, según ese mismo diccionario, “la falta de sosiego”. Lo que nos lleva a la intranquilidad, la duda e incluso a la desesperanza.

En esas estamos. En las elecciones del pasado domingo día 10 hubo un claro vencedor, Vox. Y un indiscutible perdedor, Ciudadanos. El Partido Popular ganó escaños pero no cumplió las expectativas. Y el PSOE y Unidas Podemos perdieron votos y escaños pero, de momento, insisto, al menos de momento, son los ganadores.

Los analistas quedaron impresionados por la cara de disgusto y enfado, rayana en el espanto, del presidente del Gobierno en funciones la noche electoral. Correspondía a la lógica. ¿Para qué convocar unas elecciones que no sólo suponían un adelanto, sino que evidenciaban un retroceso? Sin embargo, esos mismo analistas consideraban que el alargado y desconcertante presidente en funciones tenía preparada la alternativa para un gobierno “superprogresista” y que por ello no se puso al teléfono cuando esas misma noche Pablo Casado trató de conectar telefónicamente con él.


Sánchez e Iglesias se estrechan la mano tras firmar el
preacuerdo para un Gobierno de coalición.
¡A por ellos! Olvidemos sin recato anteriores consideraciones de descalificación de Pedro Sánchez y de su gente y dejemos al 95 por ciento de los españoles insomnes por el nuevo pastel que ellos llaman coalición. Es que se queda corta, muy corta: para conseguir en primera instancia la mayoría de los 176 escaños es preciso rebañar todo lo rebañable, además de los promotores de la idea, los votos de Mas Madrid, PNV, Coalición Canaria-Nueva Canaria, BNG, Teruel Existe y PRC, que sumarian 179 escaños, los suficientes para en una segunda convocatoria conseguir la investidura frente a los escaños de PP, Vox, Ciudadanos, Juntos por Cataluña, EH Bildu, CUP y  Navarra en Común que reúnen 168. Sánchez, insisto, sería presidente por la mínima.

El Catecismo Astete nos enseñaba que el infierno supone “el llanto y el crujir de dientes”. Ahora, la fusión de las izquierdas  en un  novedoso y  definitivo  Frente  Popular –desígnese como se quiera- nos quiere llevar a algún limbo o purgatorio parecido a esa mayoría los españoles en su momento citados por Sánchez. Un duermevela de cuatro años, con incógnitas y desvaríos constantes, que ya el mismo día de su anuncio castigó a la Bolsa española, lo que se ha cuantificado en unas pérdidas de 6.327 millones de euros en estos desdichados días, y con los bancos como víctimas principales. Fue la muestra inmediata de una preocupación generalizada. Y creciente.

Pintan bastos. Los datos son todo menos halagüeños. La situación internacional es incómoda. Pero, sobre todo, hay problemas en casa. Urgentes, apremiantes, acuciantes.  Desde el descenso de las ventas en los comercios a partir de agosto hasta la bajada de las previsiones de crecimiento económico que estiman la Comisión Europea, la OCDE y el FMI. Todos. Los especialistas, a falta de que se conviertan en decretos y leyes en el BOE, ya hacen al albur cálculos basados en sólidos datos  sobre cuánto será el aumento de los impuestos. Respecto al paro, las proyecciones tampoco son nada positivas.

Algunos, pocos, todavía apuntan alguna esperanza de que Sánchez no logre una mayoría con la variopinta y contradictoria oferta a los anhelados partidos que sustentarían su gobierno. Para que no decaigan esas esperanzas de volver a fórmulas menos chocantes con la realidad de las urnas y más integradoras del conjunto de la sociedad española, unos pocos vienen aportando una serie de ideas en busca de una solución razonable. Una solución que evite el descarrilado y tortuoso camino que augura el forzado abrazo de Sánchez e Iglesias la semana pasada en la Moncloa.

De momento la idea es esperar. Y como decían Tip y Coll: la próxima semana, o la otra, “hablaremos del Gobierno”.
(Publicado en Diario de Burgos, 18-11-19)