miércoles, 2 de diciembre de 2015

BURGO(S) PODRIDO

En las últimas elecciones británicas todos daban a David Cameron como perdedor. Las encuestas fallaron completamente y el político conservador consiguió la mayoría absoluta. Estamos hablando, claro está, de un sistema mayoritario que permite estos vuelcos electorales. El sistema electoral español es proporcional, aunque la Ley d’Hondt ha  configurado un sistema  pseudo-mayoritario que, desde 1977, ha permitido gobernar con alternancia a socialistas y populares. 

En el triunfo total de Cameron influyeron decisivamente los consejos de un gurú australiano que recomendó a Cameron preocuparse únicamente de los distritos electorales donde podía ganar y de los electores  a los que había que fijar. Nada de buscar votos dudosos, sencillamente afirmarse en los seguros.

No me consta que entre los asesores electorales de Rajoy se cuente con Lynton Crosby, el Rasputín de los “tories”, aunque no es desechable la idea de que Jorge Moragas, diplomático de carrera y políglota reconocido, haya acudido a esas fuentes. Rajoy no aspira, a estas alturas de la campaña electoral, a quitarle votos al PSOE, pero sí a tratar de rebañarle papeletas de derechas a Ciudadanos en distritos y sectores de fuerte impronta popular: poblaciones de menos de veinte mil  habitantes y votantes a partir de los sesenta años, incluidos, claro está, los ocho millones y medio de pensionistas, a los que durante esta legislatura ha cuidado con especial atención, pues ha sido el sector menos castigado por la crisis.

Don Manuel Azaña satanizó a los burgos podridos, y la progresía de entonces trató de quitar el voto a las mujeres por la influencia que ejercían en ellas los curas. Pero no fue Azaña quien inventó a los burgos podridos, en inglés rotten borough, sino que es un concepto del siglo XIX, cuando una pequeña región de Cornualles elegía 42 miembros del parlamento, prácticamente  los mismos que toda  Escocia, produciendo un  desequilibrio discutible y legal.

Faltan 18 días para las elecciones y a partir de ahora las únicas encuestas validas serán los resultados electorales. Ojo a Rajoy y a sus aliados de hoy, las pequeñas ciudades y, sobre todo, un tercio de la población española que entiende mal los debates electorales y apuesta por la formalidad en el mensaje y la seguridad en los hechos. Insisto, ojo a Rajoy… y a Soraya Sáenz de Santamaría.

(Publicado en Diario de Burgos, 2 de diciembre de 2015)