MI CASA… MI IPAD… MI DIARIO….
Los británicos nos enseñaron que la normalidad de una sociedad democrática se mide con una sencilla prueba, según la cual, si a las tres de la mañana suena el timbre de tu casa al otro lado de la puerta esté el lechero. El cine americano transmite la tranquilidad de una ciudad en orden y sosiego, con un muchacho que lanza sucesivamente, desde una bicicleta, un diario hacia los porches de las viviendas. Desde mi primera infancia, la llegada de la suscripción del periódico local –en este caso El Diario de Burgos- a la casa de mis padres, mi casa… comportaba también normalidad, estímulo y curiosidad.
Los suscriptores de los diarios han constituido siempre una parte del armazón de una sociedad bien organizada. No hace mucho tiempo que un ciudadano, serio y laborioso, se identificaba a sí mismo como suscriptor de ABC. El cambio en la vida de las ciudades supuso también una modificación en la relación entre los medios y sus lectores. La radio acabó con la prensa vespertina y, entre la normativa laboral y las exigencias de los horarios de trabajo, se fue difuminando, especialmente en las grandes ciudades, la relación afectiva entre el suscriptor y su diario.
Pero –¡¡oh sorpresa!!- el ipad nos devuelve a las buenas costumbres. Todos los días del año, festivos incluidos, pasadas las once y media de la noche, enciendo mi ipad, busco la tecla de Kioscoymás y me encuentro, sin dilación ni complicación técnica alguna, con mi Diario, y sucesivamente con la mayoría de los periódicos nacionales. Luego, a las seis de la mañana, en la pantalla aparecen el resto de los diarios que se editan en España.
Gracias a la tecnología he vuelto a ser suscriptor de ABC, además con notables ventajas. La cita es puntual, exacta y no depende de ningún elemento exterior. Es, además, estimulante, pues tengo a mano los números anteriores, si algo se ha quedado en el camino para contrastar fechas y lugares.
Los hombres del mar dicen que los barcos tiene alma, que no es otra que la de su capitán y sus tripulantes. La casa de uno también tiene alma, que no es otra cosa que la de una familia que vive, trabaja y siente alegrías y penas. Y, por supuesto, los diarios tienen alma, la de sus editores, equipos de redacción y también, como no, la de sus lectores.
Leer el ABC todas las mañanas es un ejercicio para una manera de ser de las personas. Cuando aparece la portada de ABC en la pantalla, recibo el primer flash informativo que completo con la Primera Página, luego, sin solución de continuidad, me voy a la última para leer, con agrado y cierto desconcierto, las reflexiones inteligentes, sagaces y a veces herméticas de mi paisano, Ignacio Ruiz Quintano. Después viene lo demás, siempre de atrás adelante: Gente y Estilo, el Tiempo, la Información de Madrid, seguidamente los pasatiempos y dejo el crucigrama para hacerlo por la noche, los Clasificados, la Cartelera, me detengo con mucha atención en las Necrológicas y nunca evito la Agenda.
La publicidad de los periódicos en color y con “santos” es un ingrediente fundamental del diario para pasar después a los Toros, donde ojeo el recuadro de la corrida del día y dejo para la noche la apreciación de las insuperables crónicas de Andrés Amorós como recreo ante una pieza literaria de excepción. Aprecio como merecen la Sociedad, el Motor, la Bolsa, la Economía, las páginas de Internacional con los corresponsales exclusivos, que garantizan una visión del mundo y sus problemas aguda, documentada y diversa. Lo que pasa en España no se queda en el imprescindible servicio de agencias, sino que siempre se adereza con crónicas, artículos, reportajes, informaciones y análisis propio que enlazan con los artículos de los colaboradores habituales. La parte gráfica y los editoriales dan paso a la tercera, la tercera de ABC, que durante un siglo ha reunido y reúne firmas tan acreditadas e identificables con el periódico y con sus lectores.
También estimo los demás periódicos y, como ya he dicho, a las seis de la mañana, tengo a mi disposición el centenario Diario de Burgos, que me ayudó a aprender a leer y a conocer a mi ciudad y a mis paisanos.
Por supuesto que repaso con atención los llamados confidenciales, páginas webs gratuitas e interesantes donde es fácil encontrar un “scop” interesante y muy trabajado, elegir firmas de analistas de variada procedencia e intención, pero cuya lectura no sustituye, en modo alguno, el contenido de un periódico que, además de noticias, ofrece una relación de servicios, recoge curiosidades y establece una relación de complicidad con el lector que es imposible encontrar en la variada, interesante y desperdigada información de otros medios, radio y televisión incluida.
Las cifras de suscriptores “on-line” de los grandes periódicos mundiales, The New York Times, The Wall Street Journal y el recientemente adquirido por los japoneses, Financial Times, nos dicen que el diario no solo no ha muerto, sino que goza de una excelente salud, que Internet ha abierto unas insospechadas posibilidades a un medio, el viejo periódico, que nació como un diario de avisos, que puede prescindir del papel, pero que es insustituible como medio de información, de opinión, de cultura y de convivencia. Los diarios están vivos y cada uno puede elegir cómo quiere leerlo, con la incómoda satisfacción del papel que ya no huele a tinta, o con la más que afirmada contundencia de un insospechado porvenir electrónico.
(Publicado en ABC, 8-11-15)