miércoles, 20 de abril de 2016


ECHEGARAY Y MI ABUELO FELIPE

Don José Echegaray y Eizaguirre (Madrid, 1832-1916) fue matemático, ingeniero de Caminos, Canales y Puertos (“pata negra”,  o lo que es lo mismo ingeniero  “propiamente dicho”)  político y en 1904 obtuvo el Premio Nobel… de Literatura. Tan prolífica y variada biografía le llevó en 1872 a ser nombrado ministro de Hacienda de España, en donde acreditó buena mano y  desde donde proclamó, para entonces y las futuras generaciones, el principio de “el santo temor al déficit”. El déficit no es otra cosa que el resultado de una deuda acumulada por gastar más dinero del que se gana o se recauda.

Mi abuelo Felipe, (Arcos de la Llana, 1880-1965) no pasó de una formación elemental, pero su iniciativa le llevó a gestionar rentables negocios de vino y cereales, con local sito en Huerta del Rey, lo que los burgaleses seguimos llamado La Flora. Mi esforzado  y autodidacta antepasado, que se movió siempre con tino y reflexión en el mundo de los negocios, repetía cuando le queríamos oír que él, a pesar de tantos años de esfuerzo, dedicación y talento, “solo tenía el dinero que no se había gastado”. Es decir, que no tenía deudas, ni mucho menos deudas acumuladas.  No tenía déficit, y aunque para él el término no era de uso corriente, el temor al concepto lo tenía bien arraigado.

El Ministerio de Hacienda saca pecho, una, dos o tres veces a la semana,  de colocar deuda en acreedores nacionales o extranjeros, privados o públicos, presumiendo además últimamente de obtener créditos a interés negativo. Evidentemente es mejor tener crédito  que descarrilar en intervenciones, corralitos o quiebras por aquello que decía Woody Allen de que cumplir años  no es atractivo, pero lo es mucho menos la opción correspondiente.

La deuda publica en España en 2015 fue de 1.072.183 millones de euros, o lo que es lo mismo más de un millón de millones de euros, encabezando el dudoso ranking de contar con una de las deudas mayores del mundo. En dos meses, (enero y febrero) según los datos de que dispongo, el déficit ha crecido casi  10.000 millones y no se le ven las trazas de que esta tendencia cambie. Ahora todos se echan la culpa, Montoro descalifica a las autonomías que se defienden como pueden, peor que mejor, recurriendo a la sagrada disculpa de mantener el estado de bienestar, las entidades municipales se escapan de la escabechina pero tampoco quieren ser solidarias con los manirrotos. Llevamos casi cuatro meses con un gobierno provisional y las perspectivas son todo menos tranquilizadoras. El ministro de Hacienda todavía tiene tiempo para disquisiciones dialécticas y ganas de mirar al pasado. De la deuda se habla poco y del déficit menos. A lo peor, tanto la una como el otro, lo pagarán los españoles, “a restiporción” que se dice por nuestra tierra.

(Publicado en Diario de Burgos, 20 de abril de 2016)