miércoles, 13 de marzo de 2013


TODO SEA POR PONFERRADA

Con 68.466 habitantes y un área metropolitana de 88.975 metros cuadrados, Ponferrada es la cuarta ciudad de Castilla y León y la primera que no tiene la condición de capital de provincia. La vieja “La Puebla de San Pedro”, propiedad de los Templarios, pasó a denominarse después Ponte Ferrato, lo que desembocó en la actual Ponferrada, a la que Alfonso XIII, en 1908, le concedió el título de ciudad.

La corporación municipal de Ponferrada está integrada por 25 concejales, de los cuales, hasta hace nada, se dividían en 12 de Partido Popular, 8 del Partido Socialista y 5 de IAP (Independientes Agrupados de Ponferrada). Eso, insisto, hasta el 8 de marzo del presente año en que el entonces socialista Samuel Fongueral, presentó una moción de censura con el apoyo de los independientes, comandados por un denostado exalcalde del PP, y consiguió la alcaldía de la ciudad por 13 a 12.

El asedio del alcalde-arquitecto al puesto de primer mandatario municipal, en una interesada y coyuntural alianza con el grupo independiente, se gestó en una operación que rebasó los límites locales, pues contó con la bendición de los responsables del PSOE nacional, que diseñaron una asonada, desde luego legal, aunque un tanto estrafalaria, de la que ahora nadie es responsable. Sólo ha asomado la cabeza del Secretario de Organización del PSOE, el fornido Oscar López, que ha asumido el papel de “Sargento Vázquez”, como único responsable del desaguisado. Los demás, de Rubalcaba hasta los últimos curritos del aparato, miran a otro lado, “se llaman andana” y dejan al desvalido López “a los pies de los caballos”.

Al siete, cuarto número primo, en algunas religiones se le atribuye un carácter sagrado representante de lo bueno, frente al ocho, que asume el papel de malo. En todas las culturas, el siete asume un protagonismo que arranca en la observación del cielo con el conocimiento de los siete cuerpos celestes que luego han correspondido a los siete días de la semana, desde el lunes, día de la luna, hasta el domingo día del sol (Sunday).

Pero no queda ahí el encanto del guarismo, y así hablamos de las siete notas musicales, de los siete colores del arco iris, de los siete pecados capitales, de los siete mares, de los siete sabios de Grecia, de los siete sacramentos, de las siete maravillas del mundo, de los siete samurais, de los siete magníficos, de las siete partidas de Alfonso X el Sabio... Y no se acaban ahí las virtudes de este número mágico y místico, que es considerado en la Biblia como el número perfecto; los judíos hablan de los siete brazos de Menorá, el candelabro sagrado y litúrgico, y para los cristianos, siete son los dones del Espíritu Santo: sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios.

Parece que los siete concejales de Ponferrada, otrora del Partido Socialista, no se han fijado demasiado en ninguno de estos dones del Paráclito y más bien se han apuntado al quehacer asaltante y aprovechado de los siete niños de Écija, una cuadrilla de asaltadores de caminos españoles que, entre 1814 y 1818, llegaron a dominar la carretera general de Andalucía entre Sevilla y Córdoba, hasta que en 1817, en una campaña contra ellos, fueron capturados siete, entre los cuales se encontraba Fray Antonio de Legama, al que se le dio garrote en Sevilla.

El tiempo lo desdibuja todo y, hoy, la forma de acceder al anhelado cargo edilicio ponferradino se hace con aliados, más o menos indeseables, y sin agresión física a las personas o a las cosas. También es verdad que las penas son menores, aunque no deja de ser cuestión de meditación sosegada y fría la capacidad de mutación en la militancia y en el pensamiento político de estos veleidosos munícipes. En un tiempo breve, deduzco que en unas pocas horas, los siete concejales de Ponferrada, con el alcalde a la cabeza, borraron sus antecedentes políticos, su reconocida inscripción en el PSOE, su reiterada obediencia al poder local, autonómico y nacional y se convirtieron en concejales independientes, libres de ataduras y dispuestos a sacrificarse decididamente por los intereses sagrados de sus convecinos. Se trata, al parecer, de desmontar a un gobierno “pepero” y, para ellos, nada respetable y hacer lo imposible por pelear denodadamente para cambiar el sesgo de la ciudad, mejorar sus servicios y desmontar a sus adversarios.
En fin, “antes concejales que socialistas”. Y todo sea por Ponferrada…


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