TODO SEA POR PONFERRADA
Con
68.466 habitantes y un área metropolitana de 88.975 metros cuadrados ,
Ponferrada es la cuarta ciudad de Castilla y León y la primera que no tiene la
condición de capital de provincia. La vieja “La Puebla de San Pedro”,
propiedad de los Templarios, pasó a denominarse después Ponte Ferrato, lo que
desembocó en la actual Ponferrada, a la que Alfonso XIII, en 1908, le concedió
el título de ciudad.
La
corporación municipal de Ponferrada está integrada por 25 concejales, de los
cuales, hasta hace nada, se dividían en 12 de Partido Popular, 8 del Partido
Socialista y 5 de IAP (Independientes Agrupados de Ponferrada). Eso, insisto,
hasta el 8 de marzo del presente año en que el entonces socialista Samuel
Fongueral, presentó una moción de censura con el apoyo de los independientes,
comandados por un denostado exalcalde del PP, y consiguió la alcaldía de la
ciudad por 13 a
12.
El
asedio del alcalde-arquitecto al puesto de primer mandatario municipal, en una
interesada y coyuntural alianza con el grupo independiente, se gestó en una
operación que rebasó los límites locales, pues contó con la bendición de los
responsables del PSOE nacional, que diseñaron una asonada, desde luego legal,
aunque un tanto estrafalaria, de la que ahora nadie es responsable. Sólo ha asomado la cabeza del Secretario de Organización
del PSOE, el fornido Oscar López, que ha asumido el papel de “Sargento
Vázquez”, como único responsable del desaguisado. Los demás, de Rubalcaba hasta
los últimos curritos del aparato, miran a otro lado, “se llaman andana” y dejan
al desvalido López “a los pies de los caballos”.
Al
siete, cuarto número primo, en algunas religiones se le atribuye un carácter
sagrado representante de lo bueno, frente al ocho, que asume el papel de malo.
En todas las culturas, el siete asume un protagonismo que arranca en la
observación del cielo con el conocimiento de los siete cuerpos celestes que
luego han correspondido a los siete días de la semana, desde el lunes, día de
la luna, hasta el domingo día del sol (Sunday).
Pero
no queda ahí el encanto del guarismo, y así hablamos de las siete notas
musicales, de los siete colores del arco iris, de los siete pecados capitales,
de los siete mares, de los siete sabios de Grecia, de los siete sacramentos, de
las siete maravillas del mundo, de los siete samurais, de los siete magníficos,
de las siete partidas de Alfonso X el Sabio... Y no se acaban ahí las virtudes
de este número mágico y místico, que es considerado en la Biblia como el número
perfecto; los judíos hablan de los siete brazos de Menorá, el candelabro
sagrado y litúrgico, y para los cristianos, siete son los dones del Espíritu
Santo: sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de
Dios.
Parece
que los siete concejales de Ponferrada, otrora del Partido Socialista, no se
han fijado demasiado en ninguno de estos dones del Paráclito y más bien se han
apuntado al quehacer asaltante y aprovechado de los siete niños de Écija, una
cuadrilla de asaltadores de caminos españoles que, entre 1814 y 1818, llegaron
a dominar la carretera general de Andalucía entre Sevilla y Córdoba, hasta que
en 1817, en una campaña contra ellos, fueron capturados siete, entre los cuales
se encontraba Fray Antonio de Legama, al que se le dio garrote en Sevilla.
El
tiempo lo desdibuja todo y, hoy, la forma de acceder al anhelado cargo edilicio
ponferradino se hace con aliados, más o menos indeseables, y sin agresión
física a las personas o a las cosas. También es verdad que las penas son
menores, aunque no deja de ser cuestión de meditación sosegada y fría la
capacidad de mutación en la militancia y en el pensamiento político de estos
veleidosos munícipes. En un tiempo breve, deduzco que en unas pocas horas, los
siete concejales de Ponferrada, con el alcalde a la cabeza, borraron sus
antecedentes políticos, su reconocida inscripción en el PSOE, su reiterada
obediencia al poder local, autonómico y nacional y se convirtieron en
concejales independientes, libres de ataduras y dispuestos a sacrificarse
decididamente por los intereses sagrados de sus convecinos. Se trata, al
parecer, de desmontar a un gobierno “pepero” y, para ellos, nada respetable y
hacer lo imposible por pelear denodadamente para cambiar el sesgo de la ciudad,
mejorar sus servicios y desmontar a sus adversarios.
En
fin, “antes concejales que socialistas”. Y todo sea por Ponferrada…
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