miércoles, 11 de febrero de 2015

JÓVENES  Y PRECOZMENTE ADIESTRADOS

Se ha convertido en un tópico en España hablar  de los jóvenes actuales como una generación especialmente bien preparada. No todos están de acuerdo en esta exultante afirmación. Hay división de opiniones.

El año pasado, por encima de otros muchos personajes, tuvo dos protagonistas: Pablo Iglesias y el pequeño Nicolás. Dos auténticos fenómenos para la sociología y la política. El casi imberbe jovenzuelo de la Prosperidad deslumbró a gobernantes, empresarios y está enredando, con sagacidad y descaro, a policías y espías. En una palabra, un fenómeno.

No tiene menos mérito el politólogo caribeño, Pablo Iglesias, que en pocos meses logró movilizar al electorado español consiguiendo cinco escaños en el Parlamento Europeo y, ahora mismo, según unas y otra encuestas, es el segundo, o el primero, entre las opciones políticas españolas, de cara al movido panorama electoral del año en curso.

Los dos, cada uno en sus campos, están demostrando ser personas pertinaces y aprovechadas, que no es lo mismo que concienzudos y de provecho. Rápidamente han evidenciado una capacidad para obtener beneficios económicos para los que se habían ido preparando durante años de oscuridad y de trapicheo. Según los cronistas, Nicolás empezó su escalada picaresca a los dieciséis años, mientras Iglesias se movía con toda comodidad entre España y Latinoamérica, donde daba consejos, predicaba principios y aprendía, vaya si aprendía…

De momento, el más jovencito parece que, tras algunos fracasos y levemente acosado por las Fuerzas de Seguridad, ha “pedido tiempo”, aunque no pierde la ocasión de aparecer aquí y allá para que no se le deteriore del todo su peligrosa mercancía.

Iglesias y sus muchachos, especialmente Monedero y Errejón, desarrollan compatibilidades académicas y financieras excluidas por las ordenanzas y los reglamentos, se aplican fervorosamente en la recepción de dádivas nacionales y extranjeras y, sobre todo, han succionado a toda velocidad todas las triquiñuelas que el sistema fiscal español en casos tolera y en casos prohíbe, de modo que a ellos no les desanima a cobrar como personas y cotizar como sociedades, a recibir dinero sin reconocida procedencia y a seguir presumiendo de honradez, personal y política, dejando para los demás el sambenito de la corrupción muchas veces justificado y otras torticeramente insinuado. En fin, unos muchachos que están dando mucho que hablar y no precisamente bien.

(Publicado en Diario de Burgos, 11 de febrero de 2015)

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