ESA TARJETITA QUE DÁ DINERO
En principio fue el trueque. Algo natural, un animal recién cazado por una elemental manufactura. Algo tan sencillo no podía durar y se inventó el dinero, como valor en sí mismo, oro y plata principalmente. Luego vinieron los billetes convertibles en oro o en dólares. Ahora solo papel. En los últimos tiempos el Bitcoin, una moneda virtual que se está devaluando, quiere ser la valuta diseñada para las pequeñas y medianas empresas, según su creador, Satoshi Nakamoto, y para Dan Anderson, “si se las dejara solas desplazarían a las monedas fiduciarias tarde o temprano”. O al menos eso dicen algunos expertos.
La ultima moneda virtual lanzada el 25 de mayo (ayer como quien dice) el Hayek Coin, una criptomoneda respaldada por el precio oro y su cotización. Según Anthem Blanchard, CEO de Anthem Vault, creador de la moneda, “el Hayek será valorado en gramo de oro a precio del mercado del día y servirá como una tienda más segura que el valor del "Bitcoin”. Otra guerra entre monedas.
¿Y la tarjeta de crédito? El dinero de plástico y el mundo de las tarjetas que hoy ocupa un lugar primordial en las transacciones comerciales del mundo entero, es una realidad que gobiernos y entidades financieras señalan como una posible sustitución del dinero físico. Los daneses tratan de acabar con todo el dinero en efectivo a partir de que en la propia Dinamarca o en Alemania y el Reino Unido los pagos electrónicos son del 60% y en el caso de Francia del 45%. Y todo esto tuvo su origen cuando en 1970 el Banco de Bilbao firmó un convenio con el Bank Of América para emitir en España la tarjeta de Crédito Bankamericard (Visa desde 1976).
Los primeros pasos de las tarjetas de crédito, como es habitual, se dieron en los Estados Unidos. Ya en 1951 se puede hablar de la primera tarjeta de crédito emitida por un banco en el mundo, el Franklin National Bank de Long Island, Nueva York. Luego vino la ya citada Bankamericard y Master Charge, que desde 1976 se transforman en Visa y Master Card para llegar con cambios y variaciones hasta ahora.
Pero ¿cómo se implantó el llamado dinero de plástico en España? La Visa del Banco de Bilbao tuvo un parto con complicaciones. El entonces director general de la entidad y luego presidente del BB, Jose Angel Sánchez Asiaín, llevó a la Comisión Permanente la propuesta para implantar la tarjetita en España. La Comisión citada, presidida por el vicepresidente en funciones, don Manuel Lezama Leguizamón, en sustitución del presidente, don Gervasio Collar, escuchó serenamente, como corresponde a la seriedad y al aplomo de una reunión de este calado, y no hizo ningún comentario hasta que uno de los consejeros, el anterior director General de la entidad, don Jose Ignacio González Chávarri, mirando a sus compañeros preguntó a Sánchez Asiaín:
-¿Y vamos a dar dinero con una tarjetita?
Silencio.
El director general se esforzó en explicar las bondades del nuevo sistema y nadie se unió a la seria y contundente afirmación del señor González Chávarri:
-Si esto se aprueba, a lo que yo me opongo radicalmente, dejaré esta Comisión, sentenció el opositor.
Otro silencio.
La propuesta se admitió y hoy en España existen 60 millones entre tarjetas de débito y de crédito, y en 2014 se sacaron 111.000 millones de euros de los cajeros y se realizaron compras por valor de 105.000 millones. Retrotrayéndonos a 1974, cuando la tarjeta de crédito era desconocida y como se ha visto arriba, relativamente sospechosa, desde mi puesto de director de comunicación del Banco de Bilbao, envié primero 4.000 tarjetas a los periodistas integrados en la Federación de Asociaciones de la Prensa y luego otras 3.500 a los miembros de la Agrupación de Informadores Deportivos de Radio y Televisión y a los Especialistas en Programación y Emisiones. La idea del envío fue un éxito pues, a pesar de las reticencias de la máquina burocrática del banco, ante la posibilidad de fallidos por un producto tan nuevo en un colectivo tan heterogéneo y entonces escasísimamente bancarizado, sólo se produjo un fallido, uno sólo, cuyo nombre no hace al caso. Los compañeros periodistas y radiofonistas agradecieron siempre haber sido adelantados en esta modalidad de pago y durante muchos años, cuando me encontraba con ellos, algunos totalmente desconocidos para mí, me recordaban por la tarjeta, especialmente los deportivos, que eran entonces casi los únicos que viajaban al extranjero y en donde encontraban muchas facilidades con el plastiquito.
El horizonte de un mundo sin dinero físico ocupa el tiempo del mundo financiero y lógicamente abre una dialéctica entre sus bondades y sus inconvenientes. Como se ha dicho Dinamarca es el adelantado en la supresión del dinero físico hasta el punto de que en su programa electoral propone no acuñar moneda a partir de 2017. Alemania también se mueve en ese terreno donde defensores de prescindir de monedas y billetes, como el profesor Bofinger de la Universidad de Würzburg, explica que “con las posibilidades técnicas de las que disfrutamos hoy en día, son, de hecho, un anacronismo” por lo que aventura “que si prescindiéramos de ellos podríamos luchar de forma más eficaz contra la economía sumergida y el comercio de la droga”. Tesis defendida también por el bancario español, Enrique Sáez Ponte en su libro “La energía oscura del dinero”.
Lógicamente esta pretensión de daneses y alemanes también cuenta con opositores en sus países, y especialmente en el país teutón, siempre tan ufano de su moneda (léase marco o euro) y tan escarmentado de devaluaciones oportunas y catastróficas.
(Publicado en ABC, 14 de junio de 2015)
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