CUANDO AL GOBERNADOR LE LLAMABAN PONCIO
Un amigo mío –urbanita él y bastante pijo- afirmaba rotundamente que él nunca viajaba a capitales españolas que no tuvieran gobernador civil. Esa pretendida exigencia de comportamiento hacia que lugares emblemáticos por su historia, por su arte o por su entorno quedaran fuera de sus rutas viajeras. En casos cedía de mala gana cuando se trataba de Vigo, Gijón o Cartagena. Si mi estirado amigo aplicara este criterio hoy tendría que evitar todas las ciudades de España ya que desde el 14 de abril de 1997, por decisión de José María Aznar, desaparecen los casi dos veces centenarios gobernadores civiles, creados en 1833 por Javier de Burgos, en sustitución de los jefes políticos que como máxima autoridad provincial había reconocido el artículo 324 de la Constitución Española de 1812. Cada provincia, un gobernador.
En su afán reformista, Aznar no solo guillotinó la figura del gobernador civil (también jefe provincial del Movimiento durante el Régimen del General Franco) sino que suprimió el servicio militar obligatorio y cedió a las comunidades autónomas las fundamentales materias de enseñanza y sanidad. Había que oxigenar el “anciano Régimen”.
El gobernador civil español estaba, en su concepción administrativa, muy cercano al prefecto francés, si bien la autoridad española era política y en Francia los responsables provinciales son altos funcionarios. Está claro que la figura de gobernador civil y jefe provincial del Movimiento tenía un tufo autoritario, pues ciertamente los gobernadores civiles (e insisto, jefes provinciales del Movimiento) eran los auténticos virreyes en cada provincia,
de él dependían todos los servicios, además del orden público ahora atribuido a los subdelegados de gobierno, salvo aquellas provincias en que, por una u otra razón, contaban con capitanía general o arzobispado de reconocida cercanía política, donde tenían que compartir sus omnímodas atribuciones.
Así, los gobernadores civiles eran vulgarmente reconocidos como Poncios, denominación que ellos acogían con indisimulado agrado. Por su doble función tenían una bifronte dependencia del ministerio de la Gobernación y la Secretaría General del Movimiento. Para conseguir el consenso necesario en su designación tenían que ponerse de acuerdo ambos departamentos. Como norma general, el ministerio de la Gobernación imponía sus criterios en los nombramientos de las provincias importantes, ascendiendo a políticos que habían demostrado capacidad y fiel obediencia. En provincias más pequeñas, la Secretaría General del Movimiento proveía de material joven y entusiasta extraído en muchos casos de la veta falangista.
En 1963, era ministro de la Gobernación el Teniente General (luego capitán General) Camilo Alonso Vega y Secretario General del Movimiento, Jose Solís Ruiz, que consiguió promover en el gobierno civil de Cuenca a un joven, brillante y esforzado político procedente del SEU y del Frente de Juventudes, llamado Mariano Nicolás Garcia. Gobernación colocó en Vizcaya al Coronel de la Guardia Civil Candón Calatayud. El día de la toma de posesión, en la sede de Amador de los Ríos, el Teniente General Alonso Vega sintetizó, con rotundidad y escasa sutileza, la figura de ambos nominados servidores públicos:
-Y hoy tenemos aquí, empezó diciendo don Camilo, a dos personas a las que hemos hecho gobernadores, que es una de las cosas mejores que se puede ser en España. Por ello, siguió diciendo el ministro, hemos nombrado al Coronel Candón Calatayud para un puesto importante y difícil, dando así respaldo a una persona de merecimientos notorios, aunque poco reconocidos, pero que no había tenido suerte en la vida y ahora ya es gobernador Civil. También, -continuó- está aquí con nosotros un joven de 30 años al que yo le recomiendo, como norma de conducta en su ejercicio de gobernador civil, aquel principio de que “si no somos castos, seamos cautos”, pues la juventud comparte muchos peligros y este señor Nicolás…
En ese momento alguien le susurra al ministro, Mariano Nicolás…
-Bueno, el señor Nicolás, el señor Mariano, o como se llame…. Terminó diciendo.
Para completar los antecedentes y los consecuentes de esta pequeña historia, puedo referir una conversación en la que yo fui simple oyente y en la que el militar, compañero de promoción del General Franco en el Arma de Infantería, se refería con estas palabras a su compañero de promoción:
-Es que esta criatura (Franco) se mete en unos líos… y yo le doy consejos.
-¿Pero usted cree que me hace caso?
-Pues no, no me hace ningún caso. (Fin de la cita, Rajoy, dixit)
NOTA: Mariano Nicolás García, nacido en Cartagena, el 18 de enero de 1936, fue gobernador de Tenerife, de Alicante, de Córdoba y de Valencia. Tras la muerte del General Franco fue nombrado Director General de Seguridad en el Ministerio de Rodolfo Martín Villa y Gobernador Civil de Madrid durante el golpe de estado del 23 de febrero de 1981. Murió en accidente de tráfico junto a su esposa el 15 de julio de 2001.
(Publicado en ABC, 20 de diciembre de 2015)
No hay comentarios:
Publicar un comentario