lunes, 18 de diciembre de 2017

Burgos, entre dos centenarios: la Catedral de España

CADA COSA EN SU SITIO

En por lo menos dos ocasiones, el brillante y sempiterno exalcalde de Valladolid, Francisco Javier León de la Riva, ha manifestado en público su íntimo deseo de que Valladolid contara con la catedral de Burgos o el acueducto de Segovia. Pues va a ser que no.

Mi tía Patro (Patrocinio Pereda López) hermana mayor de mi madre, cuando era requerida por alguien con un deseo al que ella no podía corresponder, contestaba con insistente retintín, aquello de: “yo también quería un coronel, pero no me quiso él y tuve que conformarme con tu tío, que es comerciante” (sic). Evidentemente nunca hubo ningún coronel en la lontananza matrimonial de mi tía y sí un honesto titular de establecimiento de ropa blanca y confección en el edificio de El Casino, “La Confección” entre los “Chicos” y “Munguía 2”. Así las cosas, De la Riva tendrá que darse por contento con la apropiación administrativa de la capitalidad para Valladolid en la discutible configuración autonómica española, y dejar para Burgos y sus habitantes la pétrea respuesta de nuestra catedral metropolitana. Insisto, que va a ser que no.

El arquitecto burgalés, Dr. Marco Rico, restaurador de la catedral desde 1975 hasta 1990, nos ha dejado en su libro “La Catedral de Burgos. Patrimonio del mundo” una descripción general técnico-artística, con diez años de restauración logros y hallazgos, desarrollando al tiempo un brillante ejercicio de imaginación y respeto de cómo sería “la vista perspectiva de las fachadas Principal y del Sarmental conjuntas si una voluminosa y antiestética casa de cuatro plantas se derribase, ensanchado la angosta calle Cadena y Eleta de acceso actual, mezquino e inadecuado”. El Dr. Rico trabajó con un grabado de principios del siglo XX, de fecha desconocida, pero que incluyo la necesidad de despejarlo para conseguir esta panorámica.

De antiguo, la catedral ha gozado de una  peligrosa atracción de edificios cercanos y de obras inadecuadas que afeaban su entorno e introducían elementos extraños e indeseables, como se evidencia en el grabado de casas adosadas a la catedral que ilustra este trabajo. Es también notable el arco que cerraba el acceso de la escalinata que asciende hacia la puerta del Sarmental en su primera época como contrapunto con el airoso conjunto de la portada completa del Sarmental y cierre que sustituyó al arco de piedra anterior. La reja fue muy discutida entonces, y se retiró en 1913, despejando totalmente el recorrido de la escalinata y que, en opinión de Marco Rico, debió conservarse.

El debate no es de hoy, ni mucho menos. Muchos expertos y no pocos ciudadanos entienden que la catedral de Burgos está un tanto asfixiada por los ya referidos edificios colindantes, e incluso por la existencia misma de la Plaza de Santa María que en ocasiones se ha propuesto unirla con Nuño Rasura y ofrecer así una visión total y una perspectiva, tratando de compararla con la catedral de Milán, exenta por los cuatro costados y ejemplo a imitar para nuestra metropolitana.

De momento no hay abierto ningún debate para dejar las cosas como están  pero no parece unan reflexión gratuita la de pensar en, para y por la catedral de Burgos y no rechazar, dentro de posibilidades razonables  y de ideas comprometidas, que le den más brillo si cabe a nuestra catedral y total tranquilidad al antiguo alcalde de la capital del Pisuerga. Cada uno en su casa y Dios en la de todos.

(Publicado en Diario de Burgos, 17 de diciembre de 2017)

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