Burgos, entre dos centenarios (1921-2021)
De Hondillo al Caño Gordo, pasando por la Plaza Mayor
JOYERÍAS Y CUCHILLERÍAS Y UN POCO MÁS
(Publicado en Diario de Burgos, 18 de febrero de 2018)
De Hondillo al Caño Gordo, pasando por la Plaza Mayor
JOYERÍAS Y CUCHILLERÍAS Y UN POCO MÁS
La Plaza Mayor, la Plaza a secas para los burgaleses, es hoy el centro de un irregular polígono que va del Caño Gordo al Hondillo y de la Plaza del Duque de la Victoria al Espolón, La Paloma y la antigua calle del Cid (hoy Cardenal Segura).
Empezamos por las cuchillerías, unas más finas que otras. Todas exhiben en su rótulo su característica de gran taller de vaciados y su adscripción a las mejores marcas de Solingen (Alemania). Destaca en primer lugar la tienda de Juan Ibáñez, sita entonces y ahora en la Plaza de Prim (hoy Plaza de Santo Domingo de Guzmán) esquina al Hondillo. Esta plaza, antiguamente conocida por la de Carnicerías “de cárcel vieja y nueva”, que estaban situadas en el actual edificio de la Diputación. Según nos explica una vez más Gregorio Carmona, en 1524 comenzó el traslado de las tiendas establecidas en el Barrio de San Esteban al centro de la ciudad, situándose los establecimientos de carne en el Hondillo, en edificios que en aquella época se construyeron para tal fin.
Atravesando la ya citada Plaza Mayor nos encontramos con la calle Sombrerería, rúa que da principio a la propia Plaza dentro de los soportales, y así se da el caso de que el antiguo comercio de los de Moliner pertenecía a la Plaza y la joyería de Gredilla a Sombrerería. Antes, en este lugar se efectuaba obligatoriamente la venta de todo el pan que la ciudad consumía, lo mismo el elaborado dentro del recinto como el que procedía de los pueblos limítrofes. En el número 1 de Caño Gordo, Vda. e Hijos de Prudencio Losada ofrecía un completo surtido de cuchillería de todas clases, con la particularidad de que se ofrecían como único taller de vaciados que garantizaba todos sus trabajos.
Las joyerías y platerías iban por lo fino. En el 48 de la Plaza Mayor, el arranque mercantil de la dinastía de los joyeros Villanueva, continuada por Alfonso Villanueva hasta su cierre para convertir la tienda en el actual establecimiento hostelero que hoy ocupa, extendía su oferta a la óptica y ofrecía de modo indeterminado precios antiguos. La joyería burgalesa exhibía su título de “proveedora de la Real Casa” y tenía una sucursal en Madrid, en la Plaza de Canalejas, asociada a Lasiseca, establecimiento especializado en condecoraciones civiles y militares.
En el 20 de la Plaza del Duque de la Victoria (frente a la catedral), tal y como reza el anuncio, los Hijos de Pío Fernández ofrecían bisutería fina, relojes, pulseras, bolsos, plata de ley, carteras y billeteras de piel, amén de un inmenso surtido en artículos para regalo en plata alemana y plata de ley con precios fijos. A unos pocos metros de la Platería de Pío, caminando por la salida hacia El Espolón, Ángel García, pariente lejano de mi madre y esposo de Isolina Barbero, su prima carnal, a la oferta titular de relojería exhibía máquinas parlantes y discos Odeón.
Si hacemos un somero análisis de las tiendas burgalesas de entonces, de las que hablo hoy y a las que me he referido en artículos anteriores, existe un denominador común que marca una época y un lugar. Todas las tiendas desbordan su oferta emblemática y completan su muestrario con productos similares, que se pueden contextualizar en un tipo de comercio menos especializado y esencialmente localista.
El comercio burgalés de entonces ha aguantado mal los avatares del tiempo. Los comercios han superado una o dos generaciones y a la tercera se llega con gran dificultad. Pero de esto habrá que ocuparse otros días, con ayuda de la copiosa documentación: la propia y la que llega de interesados y gratificantes lectores.
(Publicado en Diario de Burgos, 18 de febrero de 2018)



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