Burgos, entre dos centenarios (1921-2021)
TEJIDOS Y NOVEDADES, CALZADO FINO Y DE BATALLA
Una pillería de evasión de un niño de principio de los cuarenta explicitaba la diferencia entre “Tejidos Domiciano” y el cine “Popular Cinema” (también conocido por “El Pulguero”): “Domiciano es una tienda de tejidos y novedades y el en el cine popular te j… y no ves nada…”.
El repaso al comercio burgalés de los años del Séptimo Centenario se sigue centrando en la Plaza Mayor, con ubicaciones en El Espolón, la calle El Cid y la próxima Plaza del Mercado, después Plaza de la Libertad y hoy Santo Domingo de Guzmán. Es notable el alarde de ofertas. Como las que hace “El Bon Marche” (artículo en español, adjetivo y sustantivo en francés). Allí su nuevo propietario, Ricardo Cantón, reclama la exclusiva de artículos blancos, el precio fijo, un gran surtido de lencería de hilo y algodón, al tiempo que ofrecía lo más nuevo de ropa blanca para señoras y niños y precios, por supuesto, sin competencia. Aunque ya me he referido alguna vez a esta historieta, quiero reiterar la sorprendente transformación de este establecimiento de rotulación francesa, “El Bon Marche”, convertido a partir de 1936 en “La Buena Marcha”, enunciado que mantuvo durante décadas esta tienda de El Espolón. En la calle del Cid, “Casa Paco”, que si no me falla la memoria luego se trasladó a la Plaza Mayor, se recreaba en mercería, adornos de fantasía, guantes, medias y calcetines, fornituras para sastrería y cordonería. Algo parecido a “Pañerías Elías López Marcos”, que junto al inmenso surtido en paños de todas clases en sus establecimientos de La Plaza Mayor y El Espolón, alcanzaba su mejor oferta con una gran variedad de género para trajes de caballero en azules, negros y colores de las mejores fábricas de Sabadell. “Los Chicos” y el gran comercio de mercería, pasamanería y novedades de Juan Campo, a menos de cincuenta metros en línea recta de la Plaza Mayor, eran dos establecimientos característicos; el primero estuvo regido al final de su vida comercial por mi compañero de colegio Paco Alonso. Y el segundo, Juan Campo, que posteriormente se convertiría en el gran emporio comercial burgalés de “Almacenes Campo”. Además de otras tiendas afines, durante mucho tiempo al timón de don Julián Campo, abuelo del presidente de la Comunidad de Castila y León, Juan Vicente Herrera Campo.
“Domingo Hospital” estaba en El Espolón, con especialidad en géneros de punto, encajes, puntillas, bordados, pañolería, retortas, telas blancas y mantelerías y, si no me falla la memora, luego se trasladó a la Plaza Mayor, en la zona izquierda del ayuntamiento. La camisería a medida, corbatería, guantería y perfumería “Hijos de J. Díez Ortega”, primera casa en novedades, ha marcado una línea inalterable de buen gusto, sobre todo en la atención a la moda masculina.
La zapatería de Gregorio Busto en la calle del Cid, que exhibía medallas indubitables de galardones merecidos dentro del sector, explicaba que si los bailes cadenciosos de peteneras y sevillanas se paralizaban sin motivo justificado, era porque el bailador o bailadora sufría horrorosos dolores de callos y solo para no sufrir tan terrible y aguda molestia “buscad holgado calzado, todo el que tenga buen gusto, al que el callo le dé un gusto o tenga un pie delicado, que encargue siempre el calzado donde nuestro amigo Busto”. “Eugenio Dorao”, también en la Plaza Mayor, y “José Ruiz”, en la calle La Moneda, en la del Mercado y en la de Almirante Bonifaz, completaban esa breve lista de zapaterías burgalesas de toda la vida. La calle de Santa Águeda, en las proximidades de la catedral, “Calzados Paco” se entendía como el lugar adecuado para el calzado de gran lujo y al tiempo para un taller de sandalias populares.
Dos fabricantes burgaleses con historia y pedigrí cierran el sector de calzado con dos fábricas señeras: “Hijos de Miguel Ruiz”, fabricante de las envidiables alpargatas argentinas, solicitadas en todas partes, y “Sinforiano Arasti”, que con la marca Kena quería ser reconocida como la mejor en su clase. Sinforiano Arasti, abuelo de mi compañero de colegio Jesús Arasti Páramo, casado con Carmen Barrios, competía lógicamente con “Hijos de Miguel Ruiz”, cuyo presidente propietario, Perfecto Ruiz Dorronsoro, fue el primer alcalde al advenimiento de la II República española (5-5-1931 a 30-5-1934), cuyo chalet, Villa Pilar, en la calle Vitoria, dio cabida durante algunos años a las fiestas sociales de la Asociación de la Prensa. Como dato absolutamente personal, recuerdo que cuando enfermó de cáncer en 1945 y fue operado en Burgos por el doctor Rafael Vara López, el acreditado artista local Fortunato Julián ejecutó una obra en pergamino en agradecimiento al médico cirujano que estuvo expuesta durante semanas, precisamente en la ya renovada “La Buena Marcha”.
Perfecto Ruíz
Dorronsoro (18.4.1842 – 2.2.1945).
Presidente de
Hijos de Miguel Ruíz y primer alcalde
de Burgos en
la II República española.
(Publicado en Diario de Burgos, 11 de marzo de 2018)



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