martes, 24 de septiembre de 2019

Cavilaciones urgentes de un rentista desasosegado

UN FELIZ VERANO (y II)

Y… se acabó el verano. Un verano éste de 2019 que en Burgos se ha comportado con decoro y buenas formas. Con la  excepción de algunos días de primeros de julio, el termómetro nos ha respetado y los de dentro y los de fuera hemos exhibido satisfactoria comodidad climática y sobre todo eso que es tan consolador de “la que estarán pasando en Madrid, sobre todo por las noches”. 

Desde las 9:50 de este mismo lunes estamos en otoño, como explica el calendario. Y como han podido comprobar un año más los devotos y curiosos de San Juan de Ortega al dar fe del fenómeno solar que se repite bianualmente en el monasterio del Camino de Santiago, ellos son el rayo solar contundente y animador.

Y aquí nos hemos librado de las tormentas que han desolado parte del Mediterráneo español, en un ejercicio con tintes de fatalidad, repetido con destructora puntualidad para el que todos dan explicaciones y nadie pone remedio.

Sol y sombra
Diariamente nos hemos recreado con la contemplación mañanera de la Catedral, resaltada por el sol. O con la frondosidad de ese Espolón que se ensancha de la mano de una hostelería creativa y esperanzadora. Y mientras, los vecinos expectantes miran como de reojo al nuevo Ayuntamiento que se insinúa con reformas necesarias en la Plaza de España. En la calle Vitoria. Experimentos en Santa Clara. En una expansión de la ciudad sin mucha concreción y con evidente inseguridad.


De todo ello, y mucho más, tendremos que hablar en las semanas y meses sucesivos. Habrá que hacer la consideración seria sobre la crisis industrial que se nos avecina: con el riesgo ya evidenciado en la industria del automóvil; con un turismo estancado y mal explotado; y con un crecimiento de la población en consecuente congelación, sino es que está en peligrosa disminución.

Lo de Valladolid tampoco pinta muy bien, con requisitorias destempladas fuera de tiempo y de lugar, reivindicando capitalidades y cabeceras de región en todos los aspectos.

Es tiempo de reflexión serena y de acción decidida. Lo que no hagamos nosotros, los burgaleses de Burgos y en Burgos, no nos lo va a hacer nadie ni en Madrid, ni en Valladolid, ni mucho menos en Bruselas. Unas renovadas corporaciones locales y provinciales tienen que asumir un liderazgo tras unos meses de desconcierto y unos años peligrosamente contemplativos.

Más desasosiego
En un orden más cercano y perfectamente previsible, los años 2020 y 2021 tendrán el acicate de la conmemoración del VIII Centenario de la Catedral. Se está preparando con antelación y perspectiva, con la legítima esperanza de que sea motivo de permanente recuerdo y anhelada proyección.

Por parte de la política nacional, escasas esperanzas después del triste espectáculo de estos meses que estalló la semana pasada, con un presidente en funciones que por segunda vez tiene que renunciar a formar Gobierno. Con la sospechosa perspectiva de unas elecciones de resultado incierto a pesar de los augures gubernamentales. Empezando por el propio presidente, que no ha sabido contestar a la pregunta de cuál será su posición –dimisión o continuar- en el caso de que se repitan en las urnas las mismas cifras  que restan más que suman y que nos han traído hasta aquí. Las cifras y el desalentador griterío entre sordos.

(Publicado en Diario de Burgos, 23 de septiembre de 2019)

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