Cavilaciones urgentes de un rentista desasosegado
ENTRE DOÑA FILOMENA Y EL SEÑOR SANTIAGO
Esto con Franco también pasaba. Es más, se reproducía, al menos hasta bien entrados los años cincuenta o así, con una continuidad previsible. Todos los inviernos disfrutábamos o padecíamos, según los casos, de una media de seis u ocho nevadas en esos meses de frío. Esos inviernos, la ciudad se encogía, pero se abría una costumbre moderada que para los jóvenes cristalizaba en “potras” callejeras y en “dreas” imprevistas para ciudadanos que protestaban molestos al verse envueltos en las refriegas.
Aquellas nevadas eran eso, nevadas, sin que nadie supiera su vinculación con borrascas de nombre propio. En realidad, las nevadas más agresivas se recordaban por el año de su protagonismo. La gran nevada del 54, la del 56… Merece ser recordada una ola de frío que padeció Burgos de modo intenso al principio de los setenta, con un descenso vertiginoso de las temperaturas en la ciudad hasta por debajo de los 15 grados bajo cero. Muchas tuberías de la red de suministro de agua se congelaron y durante unos cuantos días los vehículos de motor quedaron inutilizados. Ahora bien, los servicios municipales funcionaron como un reloj y desde luego con mayor eficacia que la que se ha visto estos días en la capital de España.
Dos semanas de nevada son muchas semanas, y el desbarajuste urbano en Madrid ha pillado con el píe cambiado a las autoridades municipales, autonómicas y estatales. No se ha dado la respuesta rápida, diligente y eficaz que exigían esos 30 centímetros de nieve en una ciudad con tanta densidad de tráfico y trasiego.
Paradójicamente, con medios mucho más escasos pero mejor repartidos, las nevadas de antaño ponían en marcha un dispositivo basado en una acción público-privada en la que los barrenderos de entonces, con escobas de brezo, atacaban a la nieve aún tierna. Mientras, los porteros de los edificios y los titulares de los comercios hacían transitables las aceras. Simultáneamente, empleados del ayuntamiento recogían con unos medios de andar por casa la nieve acumulada en el centro de la ciudad. La evacuaban por un sumidero secreto en pleno Espolón, justo enfrente de los cuatro reyes.
Según parece, ahora los porteros, en muchas viviendas inexistentes y en otras rebautizados como conserjes, no tienen esa obligación. De tal modo que el Señor Santiago, responsable y habitante de la buhardilla de Duque de la Victoria, 3 y 4 (hoy Rey San Fernando, 9), ni sus hijos Mariano y Santi, tendrían que asumir esa función para satisfacer a los vecinos del inmueble, con especial atención a la inquilina del primer piso, doña Filomena de Pablos. ¡¡También es casualidad!!
Desde la galería del tercer piso, en donde vivía la familia De la Viuda-Pereda, observábamos el horizonte. En casos, nosotros y la familia Conde, con Faustino y Marina a la cabeza y diez hijos, acaudillados por el reverendo Padre Carlos Conde Díaz, rector del colegio de los Jesuitas muchos años después, tratábamos de competir con los vecinos de las viviendas que circunvalaban en un párking entonces prácticamente sin uso. Allí, los inquilinos de sus inmuebles, los Gonzalo, los Eyegaray, los Moliner, los Rodríguez, las Polos, los Martínez Burgos, los Píos, los Oliván, los Pérez Cecilia, estos tres últimos titulares de alguno de los comercios del lugar, se complacían, se aburrían o protestaban.
Oswald Spengler, el famoso autor de ”La Decadencia de Occidente” explicó con profunda sencillez que "afortunadamente, siempre ha habido a última hora unos cuantos soldados para salvar la civilización". Y es lo que ha pasado ahora una vez más. Estos días hemos vivido la demostración palpable de la máxima del filósofo alemán, y la he recordado al hilo de la historia de mi vecina doña Filomena, casada con don Manuel Ruera, padres de Basilio, Manolo y Aurora, y abuelo de mi amigo y vecino Manuel Ángel: al menos en Madrid y en estas fechas de hielo, quienes de verdad han sido los auténticos actores de una exigible limpieza en la ciudad van vestidos de caqui y encabezados por una ministra eficiente y discreta. Todo lo contrario de otro ministro perezoso, inútil y equivocado que incluso se ha atrevido a intentar anular a la UME.
(Publicado en Diario de burgos 25 de enero de 2021)

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