Cavilaciones urgentes de un rentista desasosegado
DOS FECHAS ENTRE LA DESAZÓN Y LA ESPERANZA
El 15 de marzo a las 00:00 horas –justo hoy hace once meses- entró en vigor el confinamiento que suponía una inédita cuarentena nacional que no se levantó hasta el 21 de junio.
Dos meses antes, el 13 de enero de 2020, se inició la XIV Legislatura de la democracia española, con la constitución de un Gabinete en el que por primera vez entró a formar parte, con énfasis y sin disimulo, un partido comunista eufemísticamente denominado Unidas Podemos.
En esas estamos. Los hechos y las cifras no pueden ser más significativos. El Covid-19 ha contagiado ya a más de tres millones de españoles. De ellos, más de 90.000 desdichadamente han perdido la vida, aunque el cómputo oficial del Gobierno va con retraso respecto a organismos más respetuosos y cercanos a las estadísticas como el Registro Civil y el propio INE.
El Gobierno del presidente Sánchez, que ha sorteado la situación con irresponsable audacia y efectivo desconcierto, se mantiene esperanzado. A estas alturas del partido trata de aprovechar la relativa mejoría de las cifras de la pandemia y nos anuncia, nada menos que con 15 días de anticipación, que comparecerá ante los españoles en el Congreso para explicar lo que en ese preciso momento espera que sean datos alentadores. Mientras tanto, la tarea más urgente e importante que el Ejecutivo tiene encomendada, es decir, la vacunación de los españoles, muestra un ritmo desconsolador, con un millón escaso de vacunados entre legales y aprovechados que se cuelan y se saltan la cola.
Hay escasez de vacunas. Y sobre todo, una falta de estrategia clara en la acción mal compaginada entre la Administración Central y las Autonomías para que en verano haya recibido la vacunación el 70% de los ciudadanos, según las exigentes previsiones con las que se quiso animar a la sociedad.
Esto en cuanto a la terrible amenaza del virus. Lo de la política tiene tan mal cariz, o peor si cabe, que lo de la sanidad. Un vicepresidente segundo, el podemita Iglesias, se permitió reforzar el ataque a España de un hosco ministro de Asuntos Exteriores ruso, exponiendo con descaro que “no hay situación de plena normalidad política y democrática en España”. El Gobierno de Sánchez, por boca de su vicepresidenta primera y de otros ministros, ha tratado de suavizar el desaguisado, sin que haya conseguido en ningún momento una declaración rectificadora del intrigante y desaforado ministro. Al contrario, Iglesias ha repetido su infamia varias veces en menos de una semana. El líder podemita y los suyos están empeñado en legalizar además las injurias a la Corona como tarea más urgente, como se ha demostrado en el caso del vomitivo rótulo en TVE contra la princesa Leonor. ¡Qué valientes! ¡Qué machotes!
Pero no hay que perder las esperanzas. A pesar de todos los tropiezos e inseguridades, la vacunación, como ha dicho el propio Sánchez, es la tarea fundamental y exigente de este tiempo. Al mismo tiempo, hay una creciente dinámica racional en el seno del Gabinete y sectores afines para que se aparte de una vez por todas a Iglesias y a sus muchachas y muchachos. En mi opinión, es algo posible e inaplazable: todavía se puede enmendar este caótico derrotero que no nos lleva más que a un final con tenebrosa salida.
Y los fondos europeos por fin parece que sí, que están al llegar y pueden ayudar, si se distribuyen con tiento y equidad, a recuperar el hondo desfase que se traduce en destrucción de empresas y trabajadores en ERTE cercanos al paro.
Los partidos de la oposición, desdichadamente enfrentados entre sí y en relativo descenso, debieran olvidarse por un tiempo de su ataque frontal al Gobierno y tratar de ayudar en esta inestimable oportunidad de rehabilitación económica que nos aporta la Unión Europea. Han sido tiempos de desdicha, pero no caigamos en la desesperanza. Aunque suene a tópico, entre todos lo lograremos. Pero solo si los protagonistas somos los buenos.
(Publicado en Diario de Burgos 15 de febrero de 2021)

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