PRÓLOGO
VIII CENTENARIO DE LA CATEDRAL DE BURGOS
OCHO SIGLOS DE FE Y DE ESPERANZA
Luis Ángel de la Viuda
Hay una línea de continuidad, llena de avatares pero constante, entre el primer burgalés” alzado sobre sus dos piernas al amparo de la Sierra de Atapuerca que evolucionó de Homo antecesor a Sapiens, hasta el burgalés que con sus primeras credenciales puso la primera piedra de la Catedral en el Siglo XIII.
Un centenario y en este caso concreto la conmemoración de la primera piedra de la Catedral de Burgos es, además de una solemnidad un acto de fe y de esperanza. De fe en lo que representa y de esperanza en lo que nos exige y nos condiciona.
La historia nos ilumina. El 20 de julio de 1221, los dos promotores de la nueva catedral, el Rey Fernando III de Castilla y el Obispo Mauricio, pusieron la primera piedra sobre el palacio que Alfonso VI de León, padre del rey Fernando, había donado para construir la primitiva catedral de Santa María, finalizada en 1096. El tiempo y el lugar marcan inexorablemente el destino y la trascendencia de la seo burgalesa. Con antecedentes remotos de los primeros habitantes de Atapuerca que se acogieron a la sierra no solo por facilidades de supervivencia sino por ser, además, zona de transición entre la meseta, la cordillera cantábrica y el sistema ibérico, vía de comunicación entre las cuencas del Ebro y del Duero, tal y como ha explicado con mucha precisión Fernando González Urbaneja: un cruce de caminos que facilita la comunicación de las personas, que socializa y educa.
Mestiza fue la principal herramienta de conocimiento y comunicación, el idioma, el castellano, nacido en los cartularios de Santa María de Valpuesta, uno de sus lugares de su nacimiento y, en todo caso un cruce de dialectos románicos desde el astur leonés al navarro-aragonés, con influencias vascas y visigóticas y el propio castellano. Un instrumento que, tras tres siglos de comercio e intercambio, hacia 1920 tenía ya la solidez definitiva presente en el Cantar del Mío Cid.
Burgos, capital del Condado de Castilla desde 931, fue elegida como capital del reino de Castilla por Fernando I cuando fue coronado Rey de León en 1038. Dando un salto de 700 años, nos situamos en el Burgos de 1921, con 32.000 habitantes y en el que los sectores acomodado “han descendido desde el barrio de San Esteban al llano, ocupando múltiples espacios liberados por la desamortización, cuyas casas y huerta san sido sustituidas por construcciones modernas de cuatro alturas y los característicos miradores. “Es en esta parte –continúa en su trabajo Federico San Díaz– donde se ubican los nuevos servicios de agua corriente y luz eléctrica que ha ido sustituyendo al gas, empedrado firme de la calzada. Las esguevas se han cubierto dando lugar a calles como Laín Calvo o la Moneda y el río Pico se ha encauzado permitiendo una ciudad transitable”.
En este contexto y como precisa Lena S. Iglesias Rouco, la histórica Cabeza de Castilla, ahora capital de la provincia dentro del marco administrativo, apuesta en el marco del VII Centenario desde el horizonte de la contemporaneidad que intentará revivir épocas pretéritas cual emblema de distinción urbana y garantía identitaria de futuro. “La continua emigración desde el ámbito rural favorecerá que en el transito al siglo XX la ciudad acoja a un vecindario cuyo número supera al de épocas más prósperas”.
Son tiempos críticos y confusos, paradójicamente parecidos, en cierto modo, al tiempo que vivimos. Tiempos de pandemia en gran medida afectados por la mal llamada gripe española, que afecta, como ahora, a ciudadanos atribulados y desconcertados, con notables bajas en el censo municipal y el dudoso privilegio de ser un hito en la historia reciente con la denominación genérica del “año de la gripe”.
Pero no todo es radical desesperanza. Gonzalo Andrés López nos anuncia en su reflexión que “hace algo más de cien años, a comienzos del siglo XX, empezaba a detectarse en la ciudad de Burgos algunos de los indicios de los avances de la modernización y soñaba con el progreso, con el agravante de que el arranque industrial sufrió múltiples dificultades relacionadas con la falta de infraestructuras, de abastecimientos energéticos, la complejidad de implantar maquinarias y la necesidad de un mercado local, aún débil y con escasa capacidad de crecimiento”, pero “desde 1920 se produce una secuencia de transformaciones que paulatinamente llevan a la ciudad a las puertas de la industrialización”: sociedades como la Compañía de Aguas El Porvernir, la Sociedad Española de Seda Artificial, Hijos de Miguel Ruiz, son nombres que jalonan este despertar de la inactividad de décadas. En la lejanía, y si nos remontamos al siglo XVI, oteamos un Burgos pujante e industrioso, reflejado en el Real Consulado con fuerte presencia económica proyectada desde Burgos hacia el norte de Europa y concretada en familias que son capaces de financiar el viaje de Magallanes y de erigir capillas de culto en nuestra catedral.
Regresando al comienzo del siglo XX se denota que en la ciudad empezaban a detectarse algunos indicios de avances de modernización aunque, según explica Gonzalo Andrés López, en la capital castellana se dibujaba un panorama claramente preindustrial pues, como se ha dicho antes, la industrialización fue tardía y estuvo lastrada por la falta de capitales locales, más orientados a las rentas que al negocio industrial. La consolidación de la actividad de las plantas de energía: agua, gas y electricidad, el primer crecimiento demográfico y económico significativo y las transformaciones políticas abrirán definitivamente el camino a la modernización del país. Tras la llegada del gas, “la de la luz” fue uno de los más importantes revulsivos de la puesta en marcha de las producciones, y más cuando, en los años 20, la mecanización hizo posible un notable incremento de las mismas, que suponía en aquel momento emplear cerca de un 20% de la población activa urbana.
Unos años antes, en 1916, el vallisoletano Santiago Alba, ministro de Hacienda del Gobierno de Romanones planteó una serie de medidas regeneracionistas entre las que destacaba el llamado Presupuesto para la Reconstrucción Nacional, y precisamente en 1919 aparece la Comisión Burgalesa de Iniciativas Ferroviarias, una agrupación ciudadano- empresarial única en el país con la intención de que el excesivo centralismo no ahogara las necesidades del resto del país y en este caso de Burgos.
A la sombra de la Catedral
Pocos burgaleses o tal vez por desgracia ninguno podrán presumir hoy de haber sido feligreses de la Parroquia de Santiago Apóstol, sita en una de las capillas de la Catedral.
En los primeros años cuarenta, la feligresía de Santiago se trasladó a Santa Águeda para erigir el nombre de la nueva parroquia con el de Santiago y Santa Águeda, pero antes, como se ha señalado arriba, los vecinos de Rey San Fernando y de otras calles adyacentes tenían su cita religiosa en la Seo catedralicia.
Mi niñez, mi segunda infancia, mi juventud y los primeros pasos de mi madurez los viví intensamente a la sombra de la Catedral, siempre acompañado del tañer de las campanas que, a primera hora de la tarde, llamaban al coro a canónigos y beneficiados. Y siempre cuando acciones religiosas extraordinarias, desde la Semana Santa hasta el Corpus, oía el extraordinario volteo de las mismas campanas manejadas por unos hábiles y esforzados campaneros que tenían su residencia en el rincón de la calle Nuño Rasura.
Mi primer recuerdo borroso y reiterado coincide con un 18 de julio de 1936 con la presencia de unos futuros combatientes en la Guerra Civil, reunidos en el pórtico de la puerta principal. Muchos recordatorios y fiestas de celebraciones religiosas, civiles y también y sobre todo la indócil asociación diaria de los chavales del barrio en disputa con juegos tan sencillos como las bolas, el marro, el trompico y el chorro borro: “pico, tallo, que”. Siempre con la Catedral como protectora y con los vecinos escandalizados por el desordenado desenfreno de aquellos muchachos que le producían especial enfado al antiguo diputado de las Cortes Constituyentes de 1931 y camarero de capa y espada de Pio XII en el Congreso Eucarístico de Buenos Aire, Francisco Esteban. Reitero, siempre con la Catedral como referencia y manto de acogida.
Ahora no voy a hablar de mi sino de mi familia que en el año del VII Centenario de la Catedral, 1921, desarrollaba en Burgos actividades comerciales tal y como se recoge en el “Censo Electoral del Contribuyente” (año económico 1921-1922) de la Cámara de Comercio e Industria de la ciudad en el referido año.
Felipe de la Viuda Saldaña (Arcos de la Llana, 1880-1965) figura en la tarifa primera como industrial de vinos al por mayor con el número 141 y domicilio en Huerto del Rey. Su cuota al Tesoro es de 551 pesetas y a la Cámara, de 11,02 pesetas.
Y mi abuelo materno, Secundino Pereda de la Iglesia (Burgos, 1867-1949), figura en el mismo apartado y también como comerciante de vinos al por mayor con el número 145 y domicilio en Santocildes, 6. Su cuota al Tesoro es igualmente de 551 pesetas y para la Cámara, de 11,02 pesetas.
Por otra parte, Ángel García, en Espolón, 17, casado con Isolina López, prima carnal de mi madre, tributa en la condición de objetos de metal blanco, con el número 48. Su cuota al Tesoro es de 975,60 pesetas y a la Cámara, de 19,50 pesetas.
Por último, Ezequiel Marijuan, primo de mi abuela paterna, también en el apartado de vinos al por mayor, con el número de asociado 137 y domicilio en calle miranda 37. Su cuota al Tesoro era de 551 pesetas y a la Cámara, de 11,02 pesetas.
A comienzos del siglo XX, el Ferrocarril mantenía un protagonismo casi absoluto en lo que se refiere al transporte de medio y largo recorrido. El territorio de la provincia de Burgos estaba comunicado mediante distintos tipos de carreteras estatales clasificadas como provinciales y caminos vecinales. El 20 de febrero de 1921 tuvo lugar la inauguración de la línea Ómnibus entre Burgos y Santander por el puerto del Escudo, que cubría los 156 kilómetros en seis horas. El tren en Burgos siempre se ha movido entre el anhelo y la frustración. Y estamos hablando, lógicamente, del Santander-Mediterráneo y el directo a Madrid por Somosierra.
Burgos es la única provincia española cuyos ríos vierten a las tres masas de agua que circundan la península ibérica: Cantábrico, Ebro y Duero. La construcción de infraestructura hidráulica fue numerosa, comenzando por el embalse del Arlanzón, pantano que mitigaba la falta de agua en la ciudad. El año del VII Centenario, la población activa ascendía a 110.725 personas, de las cuales el 93,5 eran hombres y, aunque en el sector terciario era el menos masculinizado –el 71,5 de las féminas trabajaban en él– tan sólo se contabilizaban 5.000 mujeres frente a 14.000 hombres. La capital no era sino una pequeña urbe de 32.424 habitantes: 16.237 varones y 16.187 hembras.
El Ayuntamiento de Burgos contaba con 28 concejales de diferentes partidos que componían la corporación municipal en 1921, presidida por el alcalde conservador Ricardo Díaz Oyuelos. La Constitución de Cádiz de 1812 creó las diputaciones al establecer en su artículo 325 que en cada provincia existiese una diputación para promover el fomento de la educación y de los distintos sectores económicos. Un año después, el 25 de septiembre de 1813 se firmaba el “Acta de instalación” de la Diputación Provincial de Burgos, presidida por Antonio Ramírez, jefe político de la provincia.
La Audiencia Territorial de Burgos creada en 1834 tenía atribuido el conocimiento de las causas civiles y criminales del territorio. Supeditada jerárquicamente a la Audiencia Territorial de Burgos, se encuentra la Audiencia Provincial.
La Sexta Región Militar de Burgos, formada por esta plaza y las provincias de Navarra, Álava, Guipúzcoa, Vizcaya Santander y Logroño, tuvieron un especial papel en el anterior Centenario con el protagonismo de asumir en julio, con ocasión de las ceremonias conmemorativas, como tributar honores a la reliquia del Rey San Fernando o desplegarse para cubrir las calles por donde habría de pasar la comitiva real y otros actos, como el traslado de los restos del Cid.
Miguel A. Moreno Gallo nos describe una provincia alfabetizada, triguera y diseminada, con 507 municipios que la singularizan por ser la de mayor número de municipios de España.
El índice de nacimientos en Burgos era de 3,8 por cada 100 habitantes. La recaudación suponía aproximadamente el 1% del total de España y la riqueza rústica de la provincia se elevaba a 9.438.366 pesetas, lo que representaba el 2,5% del total nacional. La mención de las cifras nos da una idea cabal del Burgos económico de entonces, cuya producción metalúrgica ocupaba el lugar 34º de España. Las instalaciones hidroeléctricas españolas tenían a finales de 1921 un potencial de 1,17 millones de hp disponible.
En el orden agrícola, Burgos producía 270.760 toneladas de trigo con un rendimiento de 1.302 kilos por hectárea, por lo que se puede calcular una superficie cultivada de 207.957 hectáreas. De hecho, Burgos era la provincia que producía más excedente, a la vez, era la que tenía la mayor medida de producción de todo el territorio nacional.
Burgos tenía más del 2% del ganado nacional (prácticamente una de cada 20 ovejas de España procedía de la provincia), excepto en aves de corral, con cifras más moderadas, concretamente el 1,3% del total.
En 1921 fueron a la mili 125.008 españoles, de los cuales 2.164 eran burgaleses, con el dato curioso de 293 fueron prófugos y el resto, hasta los 3.500 mozos llamados a filas, resultaron excluidos.
Como una coincidencia desdichada hay que recordar que la gripe mal llamada española asoló la capital y la provincia durante los meses de otoño de 1918, con un resultado final de 5.210 defunciones. Los establecimientos provinciales de beneficencia eran el Hospital Provincial, el Hospicio Provincial, Casa de Maternidad. Mientras la beneficencia municipal mantenía el Hospital de San Juan, la Casa Refugio, corta vida del Consultorio Médico Municipal (1925-1929) y la Casa de Socorro, así como el Hospital del Rey, el Hospital de San Julián y San Quirce, el Hospital Militar y el Hospital de la Concepción.
La situación escolar burgalesa compartía bastante de las características que se podían advertir en otras partes del país, reconocible por el predominio de las instituciones educativas, mayoritariamente religiosas y la escasa formación de la población. Hay censados una treintena de centros educativos en la capital, además del instituto de enseñanza media y precisamente en 1921 se produce la solicitud de construcción de un edificio para la Escuela Normal Superior de Maestras, que ya existía hace 25 años, a diferencia de la Escuela Superior de Maestros, radicada en calle San Carlos, que desarrollaba su actividad en una vivienda particular. Tal y como fijaba la ley Moyano, la enseñanza secundaria se llevaba a cabo en el Instituto, no siendo obligatorio y con financiación privada y de las diputaciones.
Los primeros decenios del siglo XX estuvieron marcados por un vicio nacional: el teatro. Burgos, en el año en que se celebró el VII Centenario de su Catedral, no era ajeno a esta realidad. El único recinto que en la ciudad ofrecía representaciones teatrales profesionales en la época era el Teatro Principal, propiedad del Ayuntamiento que en 1921 cumplía 63 años de historia. También estaba abierto al público el Salón Parisiana, cine teatro abierto en 1911 en la Plaza Mayor, que funcionaba habitualmente como sala de proyecciones y donde se estrenó la primera película hablada. También estaba abierto al público el Coliseo Castilla, aunque no abrió sus puertas hasta 1925.
En España, y en Burgos especialmente, el movimiento etnomusicólogo tuvo a uno de sus principales representantes en la figura de Francisco Olmeda (1865-1909). Olmeda publicó su popular y archiconocido “Folclore de Castilla o Cancionero Popular de Burgos” con numerosas tonadas de tradición oral.
La radio fue responsable del cambio trascendental en los años 20, pues gracias a ella se hizo accesible la música en la mayoría de la población. Una fecha a señalar es la del 12 de diciembre de 1902 en que nace en Burgos el compositor Antonio José Martínez Palacios, Antonio José, que el 7 de marzo de 1921 vuelve, desde Madrid donde trabajaba como director concertador de zarzuela del teatro de La Latina, para dirigir su “Misa en re” para cuatro voces mixtas y órgano en la iglesia de La Merced. El 11 de diciembre dirigirá alguna de sus composiciones por el sexteto del salón Parisiana.
Diario de Burgos (1891) y El Castellano (1900-1941) fueron los periódicos locales más importantes aunque no los únicos pues se editaban cerca de una treintena de publicaciones de periodicidad diversa, la mayor parte promovidas por movimientos católicos. El Diario de Burgos, creado por la familia Albarellos a finales del siglo XIX, ha sido y es el punto de referencia de la vida burgalesa durante más de un siglo. Curiosamente, El Castellano, periódico tradicionalista, dejo de editarse en los años de la Guerra Civil cuando las fuerzas de derecha eran preponderantes.
Terminaremos estas breves pinceladas al panorama general de Burgos y su provincia en la época del VII Centenario de la catedral, cuyo desarrollo encontrará el lector páginas adelante, con una mención a la situación de la mujer en aquellos años en los que las tradiciones sociales y familiares decimonónicas comenzaban a contradecirse con la modernización que imponía el progreso industrial y las nuevas formas de vida que se expandían.
Como nos ilustra Mar Chicharro Merayo, la celebración del VII Centenario de la Seo fue una oportunidad para la participación femenina en los acontecimientos, aunque “Algunas de ellas estaban ya inmersas en un proceso de cambio social y cultural, a través del que pretendían ampliar sus esferas de presencia e influencia, reivindicando más espacios de intervención tanto en el plano social como político”. Los políticos conservadores, primero el ministro de la Gobernación Burgos y Mazo, cuya ley electoral de 1919 concedía el voto a los mayores de 25 años de ambos sexos, aunque las mujeres no podían presentar candidaturas, y luego la dictadura de Primo de Rivera, que en 1924 lo reafirmó concediendo también la elegibilidad a las mujeres cabeza de familia mayores de 25 años con la restricción de las mujeres casadas, para “no crear disensiones en el matrimonio a causa de la política”.
En Burgos, el papel de la mujer trasciende lentamente de su papel principal en la esfera tradicional religiosa y de obras pías al de decisora en el consumo –lo que se aprecia en los anuncios del Diario de Burgos– y a nuevas dimensiones en el mercado de trabajo, en algún caso específicamente femeninas.
Estas tendencias, recogidas con rigor y amenidad en este magnífico volumen conmemorativo, se empezaban a dibujar y desarrollar hace un siglo, cuando nuestra Catedral cumplía sus primeros 700 años de existencia, y que hoy, cien años después, son nuestra realidad de hoy día. Celebrémoslo junto con el VIII Centenario de la gran obra de la Cristiandad y de Burgos y su indisoluble unión. Laus Deo.
(Prologo publicado en el catalogo BURGOS 1921, CUANDO LA CATEDRAL CELEBRO SUS 700 AÑOS, FUNDACIÓN VIII CENTENARIO DE LA CATEDRAL. BURGOS 2021).
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