Cavilaciones urgentes de un rentista desasosegado
LA NUEVA CLASE: EL VACUNADO
¿De qué hay que felicitarse? ¿Cómo va a ser motivo de satisfacción el ritmo de vacunación cuando va a trompicones, lento, patoso y con notables diferencias en las CCAA? Los datos fríos son más que eso, son escalofriantes: España es el noveno país del mundo en número de contagiados, con más de 3,3,millones, y el décimo en muertos totales, con 76.000 según las cifras de Sanidad. El INE eleva los fallecimientos a bastantes más de 100.000, lo que nos llevaría al sexto puesto mundial.
Terrorífico, claro. Igual que en otros aspectos de esta gran tragedia universal. En tasa de víctimas mortales en relación a la población, España también está en puestos lamentablemente relevantes: el cuarto, con 162 muertos por cada 100.000 habitantes, empatado con México y sólo detrás de Reino Unido, Italia y EEUU. En otros gráficos España aparece en el puesto 17, pero los países que se sitúan por delante tienen escasa población y la comparación no es equiparable.
Bien. Ahora, las vacunas. Ya se han dado en todo el mundo más de 700 millones de esos pinchazos mágicos, y van a un ritmo de unos 16 millones más cada día. España ya ha suministrado unos diez millones de dosis, el 19% de la población. Con segunda dosis, sólo el 6%. Está en línea con el exasperante ritmo de vacunación en los países de la UE, que no ha brillado en la gestión de esta catástrofe ni mucho menos. Por delante va Israel, que casi ha inmunizado a su población: 117 dosis por cada 100 habitantes, aunque todavía faltan muchos por recibir la segunda dosis. También van por delante EEUU, Chile y Reino Unido, así como otros países asiáticos, de Oriente Medio y de la propia Europa (Malta, Mónaco, San Marino).
Pese a este panorama de elocuente lentitud, el presidente Sánchez, la ministra Darias y otros responsables gubernamentales nos han calentado la cabeza: que si ya están ahí 89 millones de vacunas, que si para junio, o para agosto, o para vaya usted a saber cuándo, el 70% de la población estará vacunada… En cuestión de días, de horas, las metas se han ido dilatando, porque aparentemente la realidad no cuadraba con la campaña electoral del 4-M en Madrid: había que vender éxito, esperanza palpable, humo.
En honor a la verdad, no toda la culpa es de mentirosos compulsivos y comunicadores sin escrúpulos. Por medio se ha cruzado la dichosa vacuna AstraZeneca. Nacionalidad dual, de laboratorios anglosuecos, aunque bajo el paraguas sólido de la Universidad de Oxford. Está siendo tal el desbarajuste que este fin de semana la gran prensa internacional ha llevado el asunto a sus primeras páginas, para reseñar tanto los tropiezos sanitarios, con muertos por medio víctimas de trombosis, como la loca disparidad de criterios sobre la edad adecuada para suministrar las dosis con seguridad. Para mayores de 30 según unos, o de 60, según otros, pero con tope hasta los 65…, y hasta los 69, en función de decisiones más voluntaristas que científicas. Aparte del coste en vidas humanas y en prestigio, la gestión de la distribución de la vacuna de AstraZeneca es uno de los mayores fracasos de relaciones públicas y marketing de los últimos tiempos.
Así que el Covid-19 nos ha traído muchas e inesperadas desgracias. A primeros del pasado año 2020, cuando se hablaba lejanamente de un extraño y desconocido virus, nadie o casi nadie preveía una pandemia devastadora y generalizada ("España no va a tener, como mucho, más allá de algún caso", Fernando Simón dixit).
Todo cambió en los “idus de marzo” con la marcha del 8-M y la contaminación supersónica; con el confinamiento y el miedo; con los cierres empresariales y comerciales; con los ERTEs y los EREs; con el paro, la pobreza y las colas del hambre; con la falsa euforia sanchista de que había que “salir a disfrutar” porque todo había pasado. Y trece meses más tarde, aquí estamos los que quedamos después de la segunda, tercera y ya en la cuarta ola.
Seguimos con el alma encogida ante un futuro más o menos inmediato en el que la vacuna, la esperada y eficaz vacuna, es el elemento distintivo. Están los vacunados con una dosis o con las dos. Los próximos a recibir su pinchazo. Los que permanecen en la espera y en la incertidumbre. Son la mayoría: más de tres cuartas partes de los españoles no saben cuándo ni cómo recibirán su pinchazo.

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