Cavilaciones urgentes de un rentista desasosegado
QUE LE PREGUNTEN A BOLAÑOS
El gran follón está más que servido. Estábamos asistiendo a un drama de gran magnitud con el escándalo del PP. Pero ha pasado a tragicomedia, a esperpento. La bochornosa inmolación de un partido de Estado por celos internos ha sido, está siendo, un espectáculo lamentable, grotesco. Con una inocencia rayana en el surrealismo, Pablo Casado se pregunta cuáles son sus delitos para haber recibido tan duro e inapelable castigo. Apela a su hijos, a su familia. Dicen que llora, abatido ante la plana mayor de los dirigentes regionales. Pero se sale con la suya y araña unas semanas más en el cargo de presidente del partido, hasta abril.
Por su parte, Teodoro García Egea no salía de su asombro cuando sus conversaciones con el ministro de la Presidencia, Félix Bolaños, iban por tan buen camino. Pero fueran cuales fueran sus manejos y sus objetivos, todo saltó por los aires cuando un detective privado reventó la trama al revelar que se le había querido contratar para espiar a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. Luego, la carrera de acusaciones, denuncias y frases gruesas en una demencial deriva. Una pesadilla en vivo y en directo ante todo el país.
Un cartel con la cara de Pablo Casado, en un despacho de la sede del PP./Reuters
¿Se sabrá de qué hablaban de verdad Bolaños y Egea? Para que el disparate alcance el “clímax” requerido, se ha publicado, sin que nadie lo desmienta, que el PP entregó al Tribunal de Cuentas al PSOE a cambio de la información sobre el famoso contrato de mascarillas del hermano de Ayuso. Para hacerle daño a ella. Los resultados ya de sobra conocidos, lamentablemente para quienes hayan organizado el desaguisado.
Otros van más lejos: que el increíble error informático d un diputado del PP en la votación que avaló la reforma laboral justo por ese fallo no fue tal. Que fue el gran favor al presidente Sánchez de un Casado bienintencionado, pero con perspectivas muy cortas. Se garantizaba la estabilidad institucional, sí, pero erró el tiro y también se equivocó de objetivo. Se creyó que el presidente socialista, necesitado de blanquear su Gobierno como fuera, iba a transigir, a ceder, a ayudarle en justa reciprocidad.
Las conversaciones entre Bolaños y el de Cieza presuntamente iban por buen camino con el doble objetivo señalado por ambos de disminuir el poder de comunistas e independentistas, por un lado, y de Vox por el otro. En mi opinión, han hecho un pan como unas tortas. Peor: se ha dinamitado la credibilidad en el sistema, y habrá que trabajar mucho para recomponerla.
El resultado de las negociaciones en Valladolid entre el “popular” Mañueco y el debutante García-Gallardo por parte de Vox nos puede servir de indicativo. No solo de lo que está sucediendo, sino de lo que acabará al final. De momento, Santiago Abascal, presidente de Vox, puede tranquilamente olvidar los gratuitos ataques que en su día le propinó Casado tan desaforadamente con motivo de la presentación de la moción de censura contra el presidente Sánchez. No solo no ha tenido el menor desgaste, sino que en esos momentos y mientras se intenta recomponer el maltrecho Partido Popular, Vox se reafirma en las encuestas, a costa sobre todo del PP.
Este lunes se convocará la Junta Directiva Nacional que despejará inevitablemente (o no) el horizonte encerado de nubes llenas de posibilidades contradictorias para unos y para otros: tiempo al tiempo. Y, de momento, Núñez Feijóo es su profeta.
(Publicado en Diario de Burgos 28 de febrero de 2022)
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