Cavilaciones urgentes de un rentista desasosegado
ES JUEZ… Y DE BURGOS
No sé si todavía queda algún juez en Alemania. O en algún otro país de esos que llamamos “democracias de nuestro entorno”. Al paso que vamos, a lo peor España queda borrada de esa lista. Pero para nuestra satisfacción como españoles, sí consta que aquí existe un juez que planta cara con la ley en la mano a la deriva autoritaria. Es de Burgos, se apellida Llarena y es magistrado del Tribunal Supremo de Justicia de España.
De nuestro paisano no tengo demasiadas noticias personales directas. Pero sí me han llegado desde hace muchos años algunos datos y referencias humanas, todas excelentes. Puedo añadir, a mayor abundamiento, que su familia vivía a pocos metros de mi casa en Burgos. Ellos, en El Espolón, y yo, en la de San Fernando (antes Duque de la Victoria).
Parecía que todo estaba perdido. El descarado presidente del Gobierno se ufanaba de haber conseguido abolir el delito de sedición y amortiguar así los efectos del de malversación. Su vergonzoso compromiso con los líderes independentistas golpistas parecía cumplido. Todo ello, a costa del fraude al resto de los españoles, al pedir su voto con un programa que tiró a la basura nada más llegar al poder.
Todo estaba atado, pero a lo que se ve, mal atado. A pesar del tic de satisfacción en el rostro del nuevo presidente del Tribunal Constitucional tras una azarosa desventura de conchabeo judicial. A pesar del aparente éxito del desmontaje de una situación incómoda que se concretaría en la impunidad de viejos delitos de viejo, profundo y largo calado. A pesar de todo eso y más, hay alguien que sabe de leyes y que descubre cuándo alguien quiere burlarla. Se llama Pablo Llarena Conde.
De pronto, para muchos inesperadamente, este juez de Burgos con antecedentes jurídicos familiares muy reconocidos y con una fuerte personalidad y una trayectoria académica irreprochable, salió al paso de la tropelía. Determinó en un auto judicial, ante el asombro de muchos y la satisfacción no disimulada de otros, que las disposiciones aprobadas por el rodillo gubernamental sobre el Código Penal afectaban de tal manera que quedaba sin efecto la sedición…
…Y que no era aplicable la pretensión de acusar a los golpistas de “desórdenes agravados”, sino de desobediencia. Y que se mantenía y, en cierto modo, se fortalecía la malversación. En resumidas cuentas, que a un Gobierno acostumbrado a saltarse todo o casi todo a la torera le salía el tiro por la culata. Los independentistas condenados no podrán volver así fácilmente a la políticas, como si nada hubiera pasado. Y alguno de los fugados, en especial Puigdemont, tampoco podrían volver limpios de polvo y paja. Nada de borrón y cuenta nueva, faltaría más.
Estamos en tiempo de emocionante espera. No es previsible que el Gobierno y, sobre todo su presidente, se conformen. Se ha anunciado incluso que los colegas de nuestro arrojado paisano miran con lupa el inesperado auto desbaratador del propósito demoledor para ver cómo pueden darle la vuelta. Tiempo al tiempo, y perdón por la insistencia.
De momento, los fiscales tienen la palabra. Es previsible que haya nuevas y desconcertantes noticias.
(Publicado en Diario de Burgos 18 de enero de 2023)
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