LOS TACHUELAS
Un día de octubre de 1937 –Segundo Año Triunfal- de la mano de mi primo, Ángel Arnáiz Pereda, entraba por la puerta principal del recientemente nominado Liceo Castilla, para iniciar mis estudios de Enseñanza Primaria. A la entrada del centro, el portero, Esteban, enfundado en un guardapolvo gris, contemplaba aburrido la llegada de los nuevos y viejos alumnos a un colegio que trataba de adaptarse a los avatares de la Guerra Civil. El director era el Hermano Bonifacio Esparza.
En aquellos lejanos años, han pasado ni más ni menos que setenta y ocho, no existían las guarderías y se accedía, más o menos al cumplir los cinco años, a colegios y academias donde se preparaba el ingreso de Bachillerato, que se efectuaba entre los nueve y los diez años. Mi primer profesor, el Hermano Pablo, me tuvo tres años haciendo palotes y aprendiendo malamente las cuatro reglas. Curiosamente, los Maristas llegaron a Burgos el mismo año en el que los hermanos Albarellos saludaban, por primera vez, a la reducida sociedad burgalesa desde las páginas de este diario.
Ambas instituciones, colegio y periódico, vivieron con serena desazón los terribles años de la Guerra Civil, sin perturbaciones notables, en un devenir esperanzador, alterado después por las noticias lejanas de la Segunda Guerra Mundial. El colegio fue mi segunda casa y el Bachillerato del Plan Ibáñez Martín (antes Plan Callejo) –siete cursos y Examen de Estado- fue mi afán y el de otros 70 compañeros con algunos de los cuales –Javier, Juan José, Enrique, Benito, José María, Julián, Luis, etc.- coincido todavía por las calles de Burgos y otros –Vicente, Juan Manuel, Jesús María, Carlos…- ya no están con nosotros. En aquellos años, el Liceo Castilla, conocido cariñosamente como Los Tachuelas por el escudo que figuraba en el viejo edificio luego derribado para construir nuevos pabellones, era, con el laico Academus, los únicos centros privados de la ciudad. El colegio de Lasalle inauguró su primer curso el año 1944. Trece años es más o menos la quinta parte de una vida, tiempos de confusa afirmación, de respuesta a la exigencia y sobre todo de espera. De la larga espera de la niñez a la primera juventud. A los alumnos y a los profesores de hoy, con su director Nicolás Garcia a la cabeza, y a los ex-alumnos de siempre, un sereno y emocionado recuerdo. De un alumno entre miles del Liceo Castilla, también conocido por su apelativo cariñoso y cordial de Los Tachuelas: mi colegio, ni más, ni menos.
(Publicado en Diario de Burgos, 6 de abril de 2016)