DE NUEVE A SEIS
El acuerdo firmado entre el PSOE y Ciudadanos tiene como valor primero el hecho mismo de la firma. Que dos partidos políticos, con diferencias reconocibles, consensuen un pacto es, por lo menos, esperanzador. De las doscientas proposiciones del papel firmado por Sánchez y Rivera tengo puntos coincidentes e indudables discrepancias. Por despejar el camino diré que la decisión de no subir los impuestos y de suprimir las diputaciones goza de mi aprobación, en coincidencia con la mayoría popular de adhesión de la decisión fiscal y la discrepancia de los políticos (PSOE y PP) con la segunda.
Una propuesta poco destacada del acuerdo programático es la proposición de que la actividad laboral termine para todos a las seis de la tarde. He aquí algo que ha de interesar a los ciudadanos por encima de decisiones de carácter político, más o menos imprecisas: a las seis (post meridiam…) todos a casa.
Se habla mucho de conciliación entre la vida laboral y la familiar. De tareas compartidas entre hombres y mujeres, de atención personal de los padres a los hijos, de respuesta de estos a los afanes de los primeros; en resumen, de vivir del trabajo y de convivir en el descanso. De esto, desafortunadamente, se habla poco. Nadie se ha atrevido a tocar calendarios ni horarios. Por no mojarse, Rajoy ni siquiera ha llevado a efecto su anunciada propuesta de tratar de suprimir los puentes, ese divertimiento español tan injusto y perturbador.
Una premisa previa. Para intentar alcanzar un horario europeo, con una jornada razonable, la primera e imprescindible decisión no es otra que la de cambio del horario, poniendo la mirada en Greenwich y recordando que mis padres, y no digamos mis abuelos, almorzaban a la una y cenaban entre las ocho y las nueve. Dentro de un par de meses, con los escolares todavía en plena actividad, los días se alargan hasta la diez de la noche y los niños se resisten porque, como ellos mismo dicen, “todavía es luz”.
La adecuación de los horarios y la conciliación entre el trabajo y la vida personal y familiar podría ser una de las primeras coincidencia entre los cuatro partidos ahora en abierta discusión. No sé si alguien ha hecho un estudio de la repercusión económica que podría tener esta medida. Desde luego yo no lo conozco, pero intuyo que no habría que cargarlo en el presupuesto. Es más, a lo mejor, el vivir más razonablemente, todos a una con nuestros vecinos europeos y con el recuerdo de nuestros antepasados, incluso podría salir más barato.
(Publicado en Diario de Burgos, 9 de marzo de 2016)
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