miércoles, 24 de febrero de 2016


SÁNCHEZ, COLOCADO

En las pasadas Elecciones Generales del 20-D todos los partidos perdieron. Todos. Si nos retrotraemos a las expectativas y a muchas de las encuestas, desde el PP a Podemos, ninguna formación logró cumplir sus previsiones. De este panorama destaca el tropezón que exhibió el Partido Socialista, con el peor resultado de su reciente historia política. En la noche electoral Pedro Sánchez deambuló entre sombras y  la gran mayoría de los analistas le dieron no sólo como perdedor, sino incluso alguien se atrevió a pensar que los números llevaban al candidato socialista a un ostracismo definitivo.

Han pasado nueve semanas, un poco más de dos meses, y la realidad nos muestra al líder del Partido Socialista como un político, a pesar de las muchas dificultades, capaz de aunar voluntades y de forzar mayorías que le posibiliten encabezar un gobierno en España. Por supuesto que le va a resultar una tarea difícil, pero Pedro Sánchez se ha colocado a estas alturas del partido en posición de colocado pues, poco a poco, ha ido salvando inconvenientes y ha logrado hablar con todos y apuntar directamente a la presidencia del gobierno y lo que es una posibilidad, solo una posibilidad, lejos de una probabilidad.

Pedro Sánchez está en el juego y en algo tan relevante para un político como la conexión con la ciudadanía. No es de ninguna manera alguien que se empeñe en resolver el problema acudiendo de nuevo a las urnas que, insisto, que no es lo que desean los españoles.

Rajoy, otro dañado duramente por su electorado, desde el primer momento se enrocó en una única idea, la de encabezar un hipotético y casi inverosímil gobierno de coalición PP-PSOE-Podemos, sin tener en cuenta las exigencias naturales de los otros y las incompatibilidades personales con Rivera e Iglesias. Leer con tranquilidad el desarrollo de estos  invernales meses suponen una lección de navegabilidad en pro de un gobierno  fuertemente deseado por la mayoría y solo cuestionado  por un partido y su líder que entiende  que una victoria pírrica de 123 escaños le da argumentos y fuerza para constituirse en sucesor de sí mismo.

Hace escasas 24 horas que  Rivera expuso sus líneas rojas para pactar con Sánchez. El tiempo dirá si son aceptadas. Luego otros condicionantes, y más difíciles, marcarán mayorías absolutas o relativas de gobierno. El camino está abierto y, de momento, hay un solo colocado que se llama Pedro Sánchez Castejón.

(Publicado en Diario de Burgos, 24 de febrero de 2016)

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