EL COMERCIO ES JUSTO
Todos los días, incluidos en muchos casos los domingos y fiestas de guardar, más de un millón de establecimientos de hostelería en toda España, -tabernas, cafeterías, bares, mesones, etc.- abren sus puertas para atender a una variada y plural clientela que demanda sus servicios. También son millones los que suben el cierre de sus tiendas, del más diverso tipo, para llegar a los casi cuarenta y siete millones de españoles que demandan esos servicios. Es el comercio que, según el Diccionario de la Real Academia Española, no es otra cosa que “la negociación que se hace comprando y vendiendo o permutando géneros y mercancías”. Es el comercio. Sin adjetivos calificativos. Por eso, cuando se habla del comercio justo se incurre o en una redundancia o, como sucede ahora, en una gran imprecisión. La relación entre un ofertante y un demandante, si no media un precio o un trueque, es caridad, justicia social, filantropía, pero no es comercio.
Algo similar ocurre en muchas ocasiones cuando a la palabra propiedad se le añaden determinantes como pública o estatal. La propiedad, desde las fuentes romanas, ha sido y es una de las exigencias de la libertad del individuo y de la riqueza de las naciones. A más propiedad, más libertad; a más libertad, más respeto a la propiedad. Instituciones como Cáritas o el Banco de Alimentos, por citar algunas muy características, son benéficas, gratificantes y, en casos, subsidiarias, pero denominarlas comercio justo es impropio, pues las sitúa equivocadamente frente al comercio verdadero, que cayendo en un cierto simplismo habría que señalar como comercio injusto.
Comerciar de acuerdo con las leyes mercantiles y respetando todas las normas laborales reconocidas por las legislaciones de las sociedades desarrolladas son siempre justas, es comercio. A secas. Claro que existe un comercio desechable por ventajista o tramposo, pero no es injusto: simplemente, no es comercio, así de claro.
Burgos, en mi opinión de modo inapropiado, ha asumido la titularidad del “comercio justo”, recogiendo figuras de cooperación humana muy respetables, pero es peligroso sacrificar por oposición a los que de verdad hacen comercio, los que transan para obtener un beneficio y ofrecer un servicio, los que dan sentido a las sociedades en progreso y cómoda satisfacción a los ciudadanos.
(Publicado en Diario de Burgos, 1 de junio de 2016)