miércoles, 1 de junio de 2016

EL COMERCIO ES JUSTO

Todos los días, incluidos en muchos casos los domingos y fiestas de guardar, más de un millón  de establecimientos de hostelería en toda España, -tabernas, cafeterías, bares, mesones, etc.- abren sus puertas para atender a una variada y plural clientela que demanda sus servicios. También son millones los que suben el cierre de sus tiendas, del más diverso tipo, para llegar a los casi cuarenta y siete millones de españoles que demandan esos servicios. Es el comercio que, según el Diccionario de la Real Academia Española, no es otra cosa que “la negociación que se hace comprando y vendiendo o permutando géneros y mercancías”. Es el comercio. Sin adjetivos calificativos. Por eso, cuando se habla del comercio justo se incurre o en una redundancia o, como sucede ahora, en una gran imprecisión. La relación entre un ofertante y un demandante, si no media un precio o un trueque, es caridad, justicia social, filantropía, pero no es comercio.

Algo similar ocurre en muchas ocasiones cuando a la palabra propiedad se le añaden determinantes como pública o  estatal. La propiedad, desde las fuentes romanas, ha sido y es una de las exigencias de la libertad del individuo y de la riqueza de las naciones. A más propiedad, más libertad; a más libertad, más respeto a la propiedad. Instituciones como Cáritas o el Banco de Alimentos, por citar algunas muy características, son benéficas, gratificantes y, en casos, subsidiarias, pero denominarlas comercio justo es impropio, pues las sitúa equivocadamente frente al comercio verdadero, que cayendo en un cierto simplismo habría que señalar como comercio injusto.

Comerciar de acuerdo con las leyes mercantiles y respetando todas las normas laborales reconocidas por las legislaciones de las sociedades desarrolladas son siempre justas, es  comercio. A secas. Claro que existe un comercio desechable por ventajista o tramposo, pero no es injusto: simplemente, no es comercio, así de claro.

Burgos, en mi opinión de modo inapropiado, ha asumido la titularidad del “comercio justo”, recogiendo figuras de cooperación humana muy respetables, pero es peligroso sacrificar por oposición a los que de verdad hacen comercio, los que transan para obtener un beneficio y ofrecer un servicio, los que dan sentido a las sociedades en progreso y cómoda satisfacción  a los ciudadanos.

(Publicado en Diario de Burgos, 1 de junio de 2016)

miércoles, 18 de mayo de 2016

EL AVE: SILENCIO CULPABLE

A lo largo de 2015, al menos en dos ocasiones, escuché a la actual ministra de Fomento (en funciones) que el AVE llegaría a Burgos antes de que acabara el año, el año 2015, insisto. Visto lo visto y leído lo que ayer publicaba este diario: “AVE a paso de tortuga”, es más que probable que el tren de alta velocidad no llegue a Burgos a lo largo de este año, ya que al ritmo que actualmente se desarrollan sus obras, y según precisa la oportuna información de este periódico, necesitaría “varios años para acabar”.

El minucioso e intencionado relato del actual estado de las obras del reseñado tren merecería el teléfono de Gila o un guión un tanto surrealista de Berlanga y Azcona. Una docena de trabajadores repartidos en el interior del túnel de las Calbezadas y el viaducto Frandovínez tiene todos los ingredientes para una comedia de situación y todos los agravantes de una gestión disparatada, absurda e inexplicada. ¿Qué pasa de verdad con el AVE entre Valladolid y Burgos? Se está a la espera de la aprobación de un nuevo modificado –el tercero- para reanudar las obras de modo convincente y responsable. Parece que esta escasa docena de obreros que ahora se distraen mientras un topógrafo realiza mediciones, son los atisbos tragicómicos de una ilusión frustrada y de un fracaso más que evidente. 

Sorprende el silencio culpable de las autoridades implicadas, desde las autonómicas, las provinciales y las municipales. Parece que algo tendría que explicar el alcalde, si es que tiene datos para ello, y que el presidente de la Diputación –entidad de tan dudosa necesidad- hiciera un amago de crítica. La propia Junta de Castilla y León también tiene autoridad y medios para mediar, aunque solo sea dialécticamente, ante este inconcebible comportamiento de los responsables de Adif y especialmente del Ministerio de Fomento, del que el organismo e infraestructuras depende.

Se trata de saber el porqué, tenemos derecho a conocer el cuándo, es obligatorio descubrir al quién. Ante el mutismo de la ministra Pastor y sus colaboradores,  que sigilosamente ocultan los motivos de su sinrazón, parece obligado que los que tienen posibilidades y títulos para ocuparse de los problemas de su ciudad y de su región digan algo. Hable,  alcalde, hable. Y también todos los demás.

(Publicado en Diario de Burgos, 18 de mayo de 2016)

miércoles, 4 de mayo de 2016


SALIR CORRIENDO

Estefanía Montes vivió durante tres años en Burgos y desempeñó, con eficacia y buen tino, la responsabilidad de gestionar el Forum Evolución Burgos-Palacio de Congresos y Auditorio de la ciudad. Al final de su trabajo en el organismo congresual burgalés recibió la oferta de continuar en el puesto ganado en su día en buena lid. Estefanía declinó la oferta señalando, según el testimonio que en su día reprodujo el Diario de Burgos, que, aunque el trabajo le resultaba atractivo, se sentía incapaz de manejarse dentro de la permanente situación de enfrentamiento entre las fuerzas municipales, empeñadas permanentemente en mantener sus posturas y, sobre todo, en descalificar las de los demás.

El Mercado Norte de la Plaza de España es mi tienda burgalesa de referencia y tengo que reconocer la calidad y la atención de los puestos –de sus dueños, claro- al servicio de una clientela exigente y fiel. Desde hace años se viene dando vueltas a una lógica y urgente necesidad de remozar el veterano mercado, con la referencia exitosa del Mercado del Sur, que sufrió una transformación total y dio a la zona un centro comercial moderno y atractivo.

Noticias de última hora ponen en boca de la responsable de Abastos del Ayuntamiento una declaración de desánimo y cansancio, que está a punto de inducir a la empresa interesada en el proyecto de reforma a salir huyendo –como en su día hizo una escarmentada Estefanía- y buscar en otra ciudad un lugar adecuado en donde el diálogo y la concertación predominen, de tal forma que un proyecto deseable y beneficioso para la ciudad no se convierta en una batalla sin cuartel dentro del propio concejo en el que, a lo que se ve, todos y cada uno pretenden tener razón, aunque eso vaya en detrimento del éxito de la empresa y del aprovechamiento para vecinos y forasteros.

Los datos recientes sobre Burgos y su proyección ciudadana no son buenos: disminución del número de habitantes, envejecimiento imparable, estancamiento inmobiliario, falta de proyectos industriales atractivos, al tiempo que sabemos poco o nada del final de la conclusión del AVE o de las  obras interminables del pantano de Castrovido. No es pesimismo; son hechos. El Ayuntamiento no ha sido capaz de abordar, y mucho menos de resolver, el incomprensible debate sobre el Instituto Municipal de Cultura. Es un asunto menor pero muy significativo. 

A partir de ahora todos los políticos dedicados a las elecciones generales, y no vale distraerse con temas menores, aunque sean de su única y esencial competencia.

(Publicado en Diario de Burgos, 4 de mayo de 2016)