lunes, 23 de febrero de 2015


…EN SOCORRO DEL VENCEDOR

Inopinadamente, a finales de abril de 1970,  el entonces Director General de RTVE, Adolfo Suárez, decidió nombrarme Director Adjunto de TVE en sustitución de Juan José Rosón. Fue una noticia inesperada, que sólo con el paso del tiempo resultó explicable una decisión que tenía en la mente el futuro presidente del Gobierno con dos objetivos: echar a Rosón y tener en TVE una persona como yo, que le inspiraba confianza, aunque únicamente hacía cuatro meses que nos conocíamos. Mi experiencia en televisión era nula y mi corta etapa como Director de los Servicios Informativos  de  RNE tampoco me daba una legitimación profesional suficiente para un medio tan complicado y en permanente evolución tecnológica.

“Tú no te preocupes –me dijo-, ya aprenderás, aquí estamos fundamentalmente para mantener la continuidad del Estado y defender en todo “tiempo y lugar” al Príncipe don Juan Carlos. Ah,  se me olvidaba, y no hagas ni caso al ministro Sánchez Bella. Las órdenes las doy yo y solo yo. Si tienes dudas, preguntas”. Así aterricé en TVE, en la que estuve más de tres años y medio y de donde me fui voluntariamente –esta vez no me echaron-, cuando le presenté mi dimisión al nuevo Director General, Rafael Orbe, que insistió mucho en que me quedara, pero yo decidí irme al Banco Bilbao, para ver la Transición desde la barrera lo cual, como se demostró después, fue un error,  pues tuve que pechar después  con la dirección del Diario “Pueblo”, como ya he contado y de lo cual algún día entraré en más detalles. “Pueblo” no tenía para mí secretos  periodísticos, pero su manejo político resultó endiablado.

La primera lección, y más importante, que recibí nada más llegar a Prado del Rey no fue técnica, ni periodística sino parapolítica, ultrapolítica y metapolítica. En una Casa donde existían –y entiendo que existen- el mayor número de “listos de España por metro cuadrado”, inmediatamente me imbuí de la doctrina psicosociológica de la Casa: “acudir en socorro del vencedor” y prepararse para contestar adecuadamente a una pregunta generalizada: ¿qué hay de lo mío?.

Estos días de tribulación socialista, donde el ingenuo y bobalicón Tomás Gómez pasó en minutos del teatro a las musas, mejor aún, a las musarañas, estamos viendo en el campo abonado del partido que fundó Pablo Iglesias (senior,  para algunos conocido como “el bueno”) a la gente correr despendolada por los lugares madrileños de reunión y conciliábulos, por los comités locales, por las agrupaciones de todo tipo, por los saraos matutinos o vespertinos, supongo que por las universidades y demás lugares de reconocida y concurrente intriga, “acudir en socorro del vencedor”. De momento, el ganador es el Catedrático de Metafísica  y exRector Magnífico de la Universidad Autónoma, Angel Gabilondo, hermano del prestigiado periodista y radiofonista indiscutible, Ignacio Gabilondo, que no se ha apuntado al entusiasmo patrio y ha recomendado a su hermano que se abstenga pues “¿qué persona inteligente querría meter su cabeza en la boca de este lobo?”. Lo que ve son “líos de familia, líos de poder, líos de familia española además, Sánchez, Gómez Díaz, yo solo veo desunión y desorientación”.

Pero la desconcertante advertencia  del  preocupado hermano ha caído en terreno estéril y vemos al candidato acudir a donde entiende que se genera popularidad y, consecuentemente, se cuece partidismo. En veinticuatro horas he coincidido con el brillante y sentencioso exRector en lugares públicos y he comprobado como propios y extraños defensores de la causa, ajenos o incluso supuestamente discrepantes de sus pensamientos se acercaban al presunto triunfador y, si era posible, se retrataban con él.

Con un recurso a los clásicos, parece que viene a cuento citar aquí la frase atribuida a la exministra Celia Villalobos que, a poco de tomar posesión como ministra de Sanidad, tras su largo período al frente de la alcaldía de su nativa Málaga, caviló: “en Madrid es el lugar del mundo donde hay más hijos de puta por metro cuadrado”. Como se ve, la cosa viene de decires populares y de sentimientos castizos. El Secretario General del Partido Socialista, al parecer muy asesorado y con olfato político reconocible, se ha cargado de un plumazo las primarias y ha pasado directamente a un difícil examen de grado en que  ha de contener a las cada vez más disminuidas bases partidarias y entronizar un candidato ajeno a la militancia, aunque reconociblemente cercano a la ideología. Algunos tratan de retrotraer esta operación a lo que hizo en su día Felipe González, con otro viejo profesor, al que compensó sus ínfulas de ser presidente de la tercera república española con el título de consolación como Alcalde Presidente del Excelentísimo Ayuntamiento de Madrid. Ambos, Tierno y Gabilondo, tienen antecedentes personales y académicos en paralelo y es seguro, si todo resulta como ha previsto el decidido  comité de control de la defenestración tomasina, escucharemos brillantes discursos y reflexiones  atinadas. Lástima que  el metafísico Gabilondo no pueda ser alcalde de Madrid, como hubiera sido su deseo, puesto que  a estas horas y con estos pulsos  remover  al profesor Carmona hubiera sido “demasié”.

Este año, del que ya prácticamente solo faltan diez meses, será un tiempo de elecciones  cada marzo o cada mayo, cada septiembre o cada diciembre. Desde luego, la fiesta ha empezado como unos buenos encierros pamploneses, con carreras, empujones y mucho cohete. Habrá que buscar un buen balcón en la calle de la Estafeta para seguir viendo, con distancia y precisión, las carreras de unos y de otros y las cogidas, que algunas pueden ser mortales, y si no que se lo pregunten a don Tomás Gómez. ¡Viva San Fermín!

(Publicado en ABC, 22 de febrero de 2015)

lunes, 16 de febrero de 2015

UNA PRIMICIA SILENCIADA DURANTE CUARENTA AÑOS

(Isaac Blasco)
En 1975, el diario «Pueblo» optó por no publicar el plan de la CIA para asesinar a Franco. Tras cuatro décadas «extraviado» en un archivo, ABC reproduce el texto en su integridad

En 1961, la CIA planeó matar a Francisco Franco por orden de John F. Kennedy. Es la sorprendente revelación que, catorce años después, llegó en forma de crónica a la redacción del vespertino «Pueblo», dirigido entonces por Luis Ángel de la Viuda (Burgos, 1932). Bajo el epígrafe «Exclusiva Mundial», el texto, firmado por el corresponsal para Iberoamérica Gonzalo de Bethencourt –seudónimo de Gonzalo Carvajal–, iba encabezado con uno de esos titulares que no dejan margen a la interpretación: «La CIA planeó un atentado contra Franco».

Transcurridas cuatro décadas, el veterano periodista rememora las sensaciones producidas por aquellas diez cuartillas mecanografiadas con las que, «por una feliz casualidad», se topó hace solo unas semanas cuando ponía orden en uno de sus dos archivos personales. «‘‘Pueblo’’ era uno de los medios de mayor influencia en un momento en el que, con un Franco prácticamente agonizante, España se jugaba la recuperación de las libertades. Todo lo que salía en el diario cobraba de inmediato una enorme repercusión».

En este sentido, el temor a comprometer el éxito de una normalización democrática que ya podía intuirse fue el motivo de mayor peso que decidió a De la Viuda a guardar en un cajón «un bombazo informativo». Pero antes, claro, apuró las opciones con una consulta al ministro de Relaciones Sindicales, Alejandro Fernández Sordo. «Su respuesta fue mucho peor que un no rotundo: me pidió que meditara sobre las consecuencias que una información que implicaba a la Inteligencia.
norteamericana en una operación para asesinar a Franco podía tener sobre las relaciones bilaterales con Estados Unidos». En consecuencia, De la Viuda antepuso la prudencia al siempre efímero éxito informativo.

¿Pero quién era la fuente informante de un episodio tan desconocido en la historia del franquismo? El «garganta profunda» de este relato se llamaba José Pardo Llada. Periodista cubano, castrista de primera hornada, inmensamente popular en la isla como locutor radiofónico, tuvo que enfilar el camino del exilio cuando su acerada crítica a las nuevas autoridades comenzó a hacérsele insoportable al dictador caribeño. «Yo conocía el nombre de Pardo Llada de mis tiempos en la revista ‘‘SP’’, dedicada a la actualidad de Iberoamérica, y nunca dudé de la veracidad de lo que reveló a Bethencourt, entre otras razones porque éste era un acreditado corresponsal y porque en esos años no existía ni la más mínima sospecha sobre a la solvencia de los miembros de una redacción como la que yo dirigía».

Pardo Llada se instaló en Madrid invitado por el Gobierno de Franco tras una breve estancia en México. Allí, fue contactado por un tal Mr. Williamson, identificado luego como jefe de la CIA en Europa y mandatado por Kennedy para «conspirar contra Franco» e intentar acabar con su vida. Pardo Llada, amigo del presidente de EE.UU, tuvo que salir de España tras recibir las presiones de la temida Dirección General de Seguridad franquista. Así se lo contó en 1975 a Bethencourt en Cali (Colombia), donde falleció en 2009.

LA CIA PLANEÓ UN ATENTADO CONTRA FRANCO
(Gonzalo de Bethencourt (Cali, Colombia), corresponsal del diario «Pueblo», envió desde Colombia en abril de 1975 la siguiente crónica periodística, que ha permanecido inédita hasta hoy)

Los ojos se me vinieron a abrir del todo más tarde, apenas hace unos días, pero la primera pista me la entregó, en una capital iberoamericana por encima del Ecuador, un viejo compañero de moceríos -veinte años sin vernos no lograron entibiar nuestra amistad-, convertido en vuelta y revuelta de sucesos y profesiones por todo el continente. No podría decir si había sido, es o será agente de la CIA mi amigo de la juventud, puedo decir que hoy es un intelectual que, cuando la noche comienza a saltar de su negro consustancial al blanco de la amanecida y el trago vuela alto, a veces hace confidencias. Así saltó aquella.

-¿Sabes que la CIA planeó atentar contra Franco?

Pero aquella noche habíamos hablado de todo lo divino y de todo lo humano y uno tampoco andaba como para clavar su atención en las cosas. Además, por aquellos días, los periódicos del mundo entero descubrían demasiado que detrás de las mayores barrabasadas del maquiavelismo internacional aparecía siempre la Central Intelligence Agency norteamericana. Que si la muerte de Kennedy; que si la caída y martirio de Salvador Allende; que si «El Chacal» intentando asesinar a De Gaulle... Pero me quedé con la «copla» de mi amigo.


Por eso y desde entonces indagué cerca de las personas que creí podían conocer algo del asunto, siempre con resultados negativos. Así, hasta que en Cali (Colombia), me encontré con José Pardo Llada, 52 años, periodista a vena abierta, político de primera fila que fue en su patria, capitán del fidelismo, de la primera época antimarxista furibundo, hombre en corazón bañado, conocedor por el haz y el envés de casi todo lo acontecido en la América que fue española, sajona, portuguesa o gala. José sí sabía de qué iba la cosa cuando le pregunté sobre la maquinación «ciática» contra Franco.

-Tanto sé, que a mí me tocó danzar en esa historia, afirmó Pardo Llada, sonriendo. La cosa, según uno de los mejores periodistas que se expresan en castellano, fue así.

Invitación a España
Pardo Llada, después de ser diputado de enorme tirón y el periodista más seguido en Cuba, se metió en la guerrilla de Fidel. Cayó Batista y José ocupó puestos principales en aquella inicial administración, revolucionaría mas aún no definida como marxista, de Fidel Castro. Misiones Importantes junto a Ernesto «Che» Guevara e incluso al lado de Fidel y de Raúl. Pero para Pardo, anticomunista visceral, la nueva Cuba se deslizaba por caminos que él todavía rechaza.

Total, el exilio para Pardo Llada, quien abandona su patria -nunca desde entonces volvió- la víspera de su santo, el 18 de marzo de 1961. La esposa, María Luisa, asturiana ella, se queda por el momento en Cuba.

Primera etapa, México. Pocos días en la tierra azteca. El abandono de la revolución por parte de Pardo Llada ha sido demasiado sonado para que en México -la tierra de donde zarpó el «Granma» para cuajar con unos pocos guerrilleros civiles el único éxito, hasta la fecha, iberoamericano de «la conquista del estado» por un puñado de jóvenes alzados en armas- la estancia del exilado transcurriera sin problemas.

Hay que marcharse a otra parte. Pardo está pensando en viajar a Brasil, cuando recibe una visita.

-Se trataba -me cuenta José- de un periodista cuyo nombre olvidé pero del que sí recuerdo que me dijo que trabajaba en ABC de Sevilla. Hombre muy correcto, me explicó que era mensajero de una sugerencia para que, si quería, me fuese a vivir a España. Me extrañó la propuesta porque yo no me había distinguido por mis elogios al Gobierno español. Así se lo expresé.

Su réplica -«Precisamente se la hacemos para que usted, Pardo, conozca, al mismo tiempo que la hidalguía española, la realidad del régimen que tan duramente criticó»- terminó por convencerme. Además, estaba el que mi mujer es española y yo sabía que desde La Habana a Madrid se viajaba con facilidad.

Pardo Llada llega a la capital española en los días postreros de marzo de 1961. De inmediato, la Policía le protege porque en ciertos círculos oficiales se estimaba que Pardo, fidelista arrepentido, podía tener problemas graves con los exiliados batistianos.

-En esos días conocí al comisario Vicente Reguengo. O Fernández Reguengo, que creo que acabó al frente de la Brigada Social de la policía española, asegura el periodista cubano.

El exilado cubano se instala en una pensión cercana a la avenida del Generalísimo. Sale poco. La casa que más visita es la del general Perón -también exilado-, con quien mantiene una vieja y buena amistad y a quien ayuda en trabajos periodísticos.

Que sea Pardo Llada quien hable:

-Llevaría como mes y medio en Madrid cuando una mañana recibí una llamada de un tal míster Williamson quien, por el teléfono, me aseguró que pertenecía a la representación diplomática de Estados Unidos en España. Quería verme cuanto antes. Acudí a la cita en la Embajada. Mr. Williamson -su nombre ahora se me escapa de la memoria- era un tipo simpático, rubicundo, de unos 45 años entonces, con pinta de héroe. Me pidió que intercambiásemos puntos de vista sobre el periodismo cubano, tanto del fidelista como del antifidelista, del que poseía un excelente conocimiento. En quince días me llamó unas seis veces. De todas esas visitas dos cosas me sorprendieron: que me recibiera en el despacho del embajador, quien aún no había presentado cartas credenciales y que, una de las veces, me cruzara en la puerta de la oficina con dos conocidos comunistas españoles exilados. Uno de ellos era José Luis Gálvez, catedrático en una Universidad del sur de España durante la República y que se exiló en Cuba después de la Guerra Civil. Gálvez fue -y no sé si lo seguirá siendo- uno de los jerarcas de la política educacional de Fidel Castro. Conocí a los dos comunistas españoles en la Casa de la Cultura, situada en la calle del Prado de La Habana. Le saludé en la Embajada USA de Madrid y a nadie comuniqué mi extrañeza, pero por dentro quedé convencido de que el Gobierno de Franco había dictado una amnistía y que por eso andaban en Madrid, Gálvez y su compañero.

Continúa Pardo Llada en su relato:

-Así se desenvolvieron las cosas hasta que, a los quince días, recuerdo que mi mujer había llegado aquella mañana a Barajas, recibí una orden de Fernández Reguengo para que me presentase de inmediato en la Puerta del Sol, en la Dirección General de Seguridad. Obedecí la orden. Fernández Reguengo no era ese día el policía amigo de otras veces, sino el funcionario distante que fríamente cumple con un deber. Me dijo: «Se tiene que ir de España mañana mismo y no me pregunte por qué; no se lo puedo decir». Me retuvieron allí, en el despacho del comisario durante dos horas. Me dijeron que me marchase a la pensión para hacer mis maletas y salir del país lo antes posible. No fui a mi casa. Por el contrario, acudí a la residencia de Perón para contarle mi caso.

El general investigó entre sus amistades y aquella misma tarde, en el hogar del presidente argentino, dialogué con un general, cuyo nombre he olvidado pero que era bastante joven y había combatido en Rusia con la División Azul. Al final de nuestra charla, el general me aseguró:

-No; lo que sucede, Pardo, es que usted es muy amigo del presidente Kennedy. Ese es el informe que de usted ha dado nuestra representación diplomática en La Habana.

Pensé -y sigue el relato del periodista cubano- que si hubiera estado el embajador Logendio en Cuba -ya había ocurrido el célebre incidente de la televisión- lo de mi amistad con Kennedy podría haber quedado bien claro. Cierto que había hecho dos entrevistas -una que pasó por el canal de Televisión a color, que fue de Pumarejo, y otra, publicada en «Bohemia», a Kennedy cuando todavía era candidato. También era el responsable de ordenar la publicación contra el criterio de Fidel, de algún discurso de quien acabaría acribillado en Dallas. Aunque todo lo que me sucedía en Madrid era muy extraño, recordé que Kennedy se había distinguido por su antifranquismo porque, siendo joven cuando su padre era embajador en Londres, él había estado en España visitando a sus compatriotas de la brigada «Abraham Lincoln» e inmediatamente después de tomar posesión de la Casa Blanca, organizó un concierto con la intervención única de Pablo Casals, el violoncelista español exilado que murió en Puerto Rico sin retornar a la Patria.

Sánchez Bella aclara
A pesar de que Pardo Llada argumentó en casa de Perón, ante el general que había peleado en la División Azul, la realidad de su amistad con John F. Kennedy, se tuvo que largar a toda prisa de Madrid, donde quedó María Luisa, su mujer, con un encargo concreto; averiguar como pudiera las razones verdaderas de la expulsión del fidelista arrepentido. La asturiana María Luisa logra conectar con Gastón Baquero, también exiliado cubano, por aquel entonces trabajando como articulista de ABC, destino que creo conserva hoy.

Baquero y Pardo mantenían unas correctas relaciones, aunque no «íntimas», porque ambos políticamente andaban en paralelos muy alejados. Gastón Baquero aclaró a la mujer del periodista cubano, tan bien recibido y tan mal despedido de Madrid: «El problema es -dice Pardo que le dijo Baquero a su esposa- que José tenía relaciones muy cercanas y misteriosas con Mr. Williamson y éste se encuentra en una situación muy difícil con el Gobierno español».

Ando en diálogo con José Pardo Llada en Cali. Insiste José en el tema con precisiones de profesional que no quiere dejar un solo cabo suelto:

-De Madrid viajé a París. Allí me enteré de algo que no había publicado la prensa española, pero sí la del resto del mundo. En aquellos días finales de junio de 1961, según la prensa extranjera, intentaron atentar contra Franco volando un puente en la carretera Madrid-Cádiz, cuando el generalísimo viajó al sur de España. Entonces, recordé que durante las dos horas que permanecí en el despacho de Fernández Reguengo llamaban a éste desde larga distancia y el comisario respondía a sus interlocutores: «Entonces ahí tenéis a tres…» o «…a cinco». Al conocer la noticia del atentado frustrado la relacioné con la otra, que también conocí en París, por aquel entonces detuvieron en España a unos 150 izquierdistas en redadas simultáneas. Entonces entreví algo del por qué me habían obligado a salir de Madrid con tantas prisas.

El periodista cubano vuela de París a Cali (Colombia), donde acabará, residenciándose. Tiempos después, un buen día Pardo está sentado en el bar del hotel Alférez Real caleño. Entra Alfredo Sánchez Bella, entonces embajador de España en Colombia. Pardo es buen amigo del que luego sería ministro de Información y Turismo, a quien había conocido cuando visitó La Habana como director de Cultura Hispánica. Se ven dos viejos amigos. Se abrazan. Sánchez Bella pregunta a Pardo Llada:

-¿Y tú, qué haces aquí en Cali?

-El que debe saber la razón eres tú, porque de tu país me echaron…

Sánchez Bella sonríe. Durante dos días los encuentros entre el embajador y el hombre de prensa cubano resultan frecuentes. El tema de la expulsión de Pardo sale a relucir en varias ocasiones. Hasta que Sánchez Bella aclara:

-Es que tú, Pardo, ¡tienes cada amigo¡, exclama el diplomático.

Extrañeza en Pardo. Sánchez Bella puntualiza:

-Sí, sí, entre ellos, Mr. Williamson. ¿Tú sabes que era el Jefe de la CIA en Europa, con base en Madrid, y que andaba conspirando contra Franco, por orden de Kennedy?

El cubano replica rápido. -¿Y por qué no botaron a Williamson y a mí sí?

-Porque -fue la respuesta del embajador- la cuerda siempre se rompe por lo más flojo. Además, Williamson salió de España poco después por vía diplomática.

En aquel momento Pardo Llada otorgó vigencia a un consejo que, en los días madrileños del fidelista de las primeras horas le dio el cónsul cubano en Madrid, Antonio Matos: «Te debes marchar de aquí y muy pronto; hay quien a nivel oficial te considera elemento muy peligroso». Pardo Llada obedeció el consejo no por voluntad propia, sino por «insinuaciones» clarísimas y policiacas.


La ficha de Williamson
Ahora, este Mr. Williamson, jefe de la CIA en Europa con sede en Madrid el año 1961, ya jubilado, se dedica al negocio de inversiones en Puerto Rico. Pero, ¿y antes? Que se sepa fue el director financiero de la sublevación en la ciudad cubana de Cienfuegos, contra el Gobierno de Batista. Esto ocurrió en 1958. Hubo de treinta a treinta y cinco muertos y en la acción participaron comandos fidelistas y también miembros del Partido Auténtico de Carlos Prío Socarrás. De dicha sublevación sé que, en su vertiente civil, estuvo dirigida por Emilio Aragonés, hoy embajador de Cuba en la República Argentina, y personaje que se halla dentro del círculo de amigos íntimos de Fidel.

También sé que Williamson poco antes de organizar, según Pardo Llada, el fallido atentado de la CIA contra el jefe del Estado español, montó con éxito, en la Europa socialista, otra operación subversiva contra el Gobierno húngaro.

Todo comenzó por una frase en una madrugada cargada de diálogos, de recuerdos sevillanos, de tratar que, de pronto a miles de kilómetros, estallasen los melismas de una «soleá de Triana» dicha por «Pepe el de la Matrona», por ejemplo. Meses después, en la ciudad colombiana de Santiago de Cali, aquella afirmación de la CIA planeó un atentado contra Franco, halló amplia confirmación por boca de uno de los «rozados» más directamente por el asunto: José Pardo Llana, cubano y periodista.

(Publicado en ABC, 15 de febrero de 2015)



miércoles, 11 de febrero de 2015

JÓVENES  Y PRECOZMENTE ADIESTRADOS

Se ha convertido en un tópico en España hablar  de los jóvenes actuales como una generación especialmente bien preparada. No todos están de acuerdo en esta exultante afirmación. Hay división de opiniones.

El año pasado, por encima de otros muchos personajes, tuvo dos protagonistas: Pablo Iglesias y el pequeño Nicolás. Dos auténticos fenómenos para la sociología y la política. El casi imberbe jovenzuelo de la Prosperidad deslumbró a gobernantes, empresarios y está enredando, con sagacidad y descaro, a policías y espías. En una palabra, un fenómeno.

No tiene menos mérito el politólogo caribeño, Pablo Iglesias, que en pocos meses logró movilizar al electorado español consiguiendo cinco escaños en el Parlamento Europeo y, ahora mismo, según unas y otra encuestas, es el segundo, o el primero, entre las opciones políticas españolas, de cara al movido panorama electoral del año en curso.

Los dos, cada uno en sus campos, están demostrando ser personas pertinaces y aprovechadas, que no es lo mismo que concienzudos y de provecho. Rápidamente han evidenciado una capacidad para obtener beneficios económicos para los que se habían ido preparando durante años de oscuridad y de trapicheo. Según los cronistas, Nicolás empezó su escalada picaresca a los dieciséis años, mientras Iglesias se movía con toda comodidad entre España y Latinoamérica, donde daba consejos, predicaba principios y aprendía, vaya si aprendía…

De momento, el más jovencito parece que, tras algunos fracasos y levemente acosado por las Fuerzas de Seguridad, ha “pedido tiempo”, aunque no pierde la ocasión de aparecer aquí y allá para que no se le deteriore del todo su peligrosa mercancía.

Iglesias y sus muchachos, especialmente Monedero y Errejón, desarrollan compatibilidades académicas y financieras excluidas por las ordenanzas y los reglamentos, se aplican fervorosamente en la recepción de dádivas nacionales y extranjeras y, sobre todo, han succionado a toda velocidad todas las triquiñuelas que el sistema fiscal español en casos tolera y en casos prohíbe, de modo que a ellos no les desanima a cobrar como personas y cotizar como sociedades, a recibir dinero sin reconocida procedencia y a seguir presumiendo de honradez, personal y política, dejando para los demás el sambenito de la corrupción muchas veces justificado y otras torticeramente insinuado. En fin, unos muchachos que están dando mucho que hablar y no precisamente bien.

(Publicado en Diario de Burgos, 11 de febrero de 2015)