lunes, 4 de febrero de 2013


CUANDO EL PODER TIENE SUS EXIGENCIAS

Ana Mato Adrover (Madrid, 1959) es licenciada en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid.

Como actividad profesional fuera  de la política solo se la conoce su paso por la UNED, donde fue profesora-tutora.

La actual ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad  del Gobierno de que a día de hoy preside Mariano Rajoy,  se inició en la política en Alianza Popular en 1983, para pasar, en 1987, a la Junta de Castilla y León, presidida por Aznar,  quien fue jefe de su gabinete.  Después, ha sido en 1991, diputada de la Asamblea de Madrid, en 1993, diputada del Congreso de los Diputados y en 2004, europarlamentaria. Actualmente es vicesecretaria general de Organización del PP, en donde ha tenido diversos cargos. Ha sido condecorada con la Medalla al Mérito de las Telecomunicaciones (sic).

En resumidas cuentas, “de la casa campo al gimnasio y del gimnasio a la casa campo”, recordando el duro entrenamiento del boxeador sonado Kid Tarao, que con tanta eficacia y personalidad asumió  el  recordado e inimitable  Tony Leblanc.  Es decir, de la política  al aparato, del aparato al gobierno, del gobierno al aparato y, al final, como corresponde,  en los dos sitios al tiempo, sin  que se pueda reseñar, ninguna actividad fuera del paraguas del sistema partitocrático nacional, que exhibe ejemplos tan incomprensibles como que  se pueda llegar a diputada, nada menos que  con el numero 3 de la lista de Madrid, siendo una absoluta desconocida  y que alcance un ministerio, como el de Sanidad, con escasas competencias, eso sí, pero con una cierta complejidad que precisa un planteamiento general  del mundo administrativo y sanitario que no se deduce de la trayectoria  de “aparachiqui”  burocrático-electoral de Ana Mato.


Para complicar más las cosas, en 2009 se la relacionó con el caso Gürtel, en el que a una serie de cargos públicos  se les acusó de cohechos y prevaricación, entre otros delitos. Tras el levantamiento parcial del sumario investigado por el Tribunal Superior de Justicia de Madrid (17.000 folios sobre casi 60.000), consta en las actuaciones que Jesús Sepúlveda, por entonces marido de Ana Mato, adquirió para su mujer un Susuki Swift a Dª María del Carmen Quijano, también entonces mujer de Francisco Correa, jefe y principal inculpado de la trama Gürtel. Igualmente, cuando se levanta la totalidad del secreto sumarial, en abril de 2010,  el matrimonio aparece como titular de una cuenta en el BBVA hasta 2004 y de la que no se realizó el trámite de cancelación, tras su separación.

Cuando el presidente Rajoy se decide a incluir a Ana Mato en el Gabinete, muchos observadores, e incluso miembros  de su propio partido, torcían el gesto, entendiendo como poco apropiado el nombramiento de Ana Mato con los accidentes referidos, pero nadie, lógicamente, levantó demasiado la voz en el partido, lo que sí ha acontecido ahora cuando la Unidad de Delincuencia Económica y Financiera (UDEF) involucra  a la actual ministra de Sanidad, mediante la contabilidad B de la trama encontrada en el polígono industrial de Alcorcón de unos datos que presuponen un supuesto pago de viajes y obsequios por parte de Luís Bárcenas, manejándose la posibilidad de una dimisión inmediata de la infraescrita.

El presidente Rajoy se enfrenta  en estos días, además de los acuciantes problemas que ahora mismo está solventando en Berlín, con una doble papeleta en los asuntos de corrupción, a propósito de las cuentas del Partido Popular en la época de Bárcenas como tesorero y el asunto concreto de su ministra de Sanidad. En esta disyuntiva del presidente del Gobierno, parece lógico  que cese a la ministra, o que, más benévolamente,  le solicite su antedicha dimisión. Sin embargo, lo más previsible es que Mariano Rajoy mantenga su firme e incomprensible postura de que la ministra Mato permanezca en su cargo, pues entiende muy bien “los momentos por los que está pasando”.

Nadie duda de que la situación de la ministra Mato es muy incómoda para ella y su permanencia  acarreará inevitablemente más de un disgusto para Rajoy. La política es así de áspera y deshumanizada, pero, importando mucho los sentimientos de las personas, parece que lo hay que considerar en ocasiones como esta, es que la fiabilidad del sistema  y la honorabilidad de los servidores públicos está por encima de delicadezas personales, aún a riesgo de rozar injusticias. Eso se llama la servidumbre del poder, en donde los ciudadanos merecen consideración y claridad. Y todo esto con el dato de casi cinco millones de parados,  la prima de riesgo en 370 y la Bolsa que ha perdido el nivel de los 8.000 puntos.

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