PRIMARIAS COMO PANACEA
A lo que parece las primarias van
a ser para muchos la solución de todos los problemas. El PSOE ha aceptado el
desafío regional gallego y, finalmente, por boca de un desgastado Secretario de
Organización del partido, ha anunciado la celebración de primarias para elegir
el próximo candidato de ese partido a las elecciones generales. Es más,
el histórico Ramón Jáuregui, sin encomendarse ni a dios ni al diablo, propone
la generalización de este sistema que obligue a todos los partidos a
celebrar este procedimiento de
designación, hasta ahora mayoritariamente ajeno a los usos y costumbres de los
regímenes parlamentarios.
Los norteamericanos, que son un
ejemplo de democracia, deciden el nombre del candidato a las elecciones
presidenciales en un sistema, tan elemental como sofisticado, en el que
participan todos los ciudadanos que quieran ser electores a través de unas
primarias y caucus (traducido como
asamblea partidista), que es una elección en la cual los votantes, bajo una
jurisdicción, eligen al candidato o candidata a la presidencia. Fue Theodore Roosevelt el primer partido en
llevarlas a cabo. Los caucus tienen la misma finalidad, pero se concretan en
grupos más reducidos y, fieles al concepto de lo norteamericano como algo rural
y cercano, se reúnen en la escuela o la iglesia del pueblo los simpatizantes,
que votan a mano alzada, en una cita que arranca en el Caucus Club de Boston de
1719, una asociación de comerciantes y artesanos con reconocido pedigrí
democrático y nacional, pues en una de las primeras asambleas políticas de
estas características se fraguó la rebelión contra los británicos.
Como se ve, el sistema
trasatlántico tiene una antigüedad y, sobre todo, la garantía de un
procedimiento que ha llevado a Estados Unidos a tres siglos de democracia y a
ser el único país del mundo que no ha sufrido nunca los padecimientos de dictaduras oportunistas y salvadoras. El
sistema era, por otra parte, obligado, pues como también es de sobra conocido,
en Norteamérica no existen, afortunadamente para ellos, unos partidos políticos
burocratizados, costosos y cada vez más desacreditados por lo que el sistema de
primarias y caucus es el necesario e insustituible para la elección de
candidato.
En Europa no existe nada parecido
a la organización política norteamericana y mucho menos en los regímenes
parlamentarios como el español, donde –con la excepción de Francia y algún otro
estado- no se designa un presidente sino que se eligen unos diputados que
designan a un presidente o jefe de gobierno, que a su vez coincide casi siempre
con el presidente o el secretario del partido.
En España, por imperativo
constitucional, los partidos políticos deben tener un componente democrático esencial
y, así las cosas, los candidatos hasta ahora se habían designado de forma
consecuente, a través de un procedimiento escalonado de comités locales,
autonómicos y nacionales, de donde se obtenía la figura del candidato. El
tiempo ha demostrado que esa democracia interna de los partidos ni se cumple,
ni se reivindica. Aquí el procedimiento es justamente el contrario ya que la
máxima figura del partido influye, aprieta y decide esos órganos locales,
autonómicos o nacionales para coronar en una especie de circulo vicioso la
selección de las propuestas con soluciones siempre endogámicas, previsibles y
nada democráticas.
El procedimiento de primarias, que hasta ahora en España y en Europa no ha dado precisamente muy buenos y perdurables resultados, no hace más que enmascarar el fallo de origen de la democracia española, que no es otra que la total falta de democracia interna de los partidos, y a partir de ahí en una cascada de decisiones previamente teledirigidas garantizan a los aparatos de los partidos, escasamente representativos y fundamentalmente nada democráticos, la permanencia en el poder de unos líderes que ahora tratan de enmascarar su propia prepotencia y la debilidad que ellos transmiten al sistema. Lo sencillo sería comenzar por la base, es decir, democratizar los partidos, evitar la designación a dedo y cualquier tentación de modos y maneras que garanticen la permanencia de un sistema viciado y cada vez menos atractivo para la ciudadanía.
el diagnostico, en definitiva, es que nuestra democracia es de baja calidad. El drama es que mejorar la calidad de nuestra democracia depende los politicos de dos partidos que estan encantados con una democracia de baja calidad. ¿x q esos partidos van a cambiar algo que les perjudica?
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