OTRA RADIO ERA POSIBLE
“Pues yo no trabajaré nunca en una radio informativa de Frecuencia Modulada; la FM es para la música no para la palabra. Donde esté la Onda Media… cómo vas a comparar”. Afirmaciones como estas, contundentes y nada favorables al cambio y a la innovación, tan frecuente entre los humanos y especialmente entre los españoles, se escuchaban en todos los ámbitos cuando se planteó la posibilidad de que se concedieran nuevas frecuencias en Modulación de Frecuencia y, por lo tanto, se fueron sustituyendo progresivamente a la Onda Media. Eran posibilidades muy limitadas y, además, con problemas evidentes de interferencias, amén de la exigencia de postes emisores más costosos.
A la muerte de Franco la radio en España ofrecía un panorama de falsa tranquilidad. La superficie se mostraba calmada pero el fondo era cenagoso y totalmente intervencionista. Radio Nacional, como emisora del Estado, era la única cadena autorizada para ofrecer información de política nacional e internacional, mientras unas emisoras privadas encabezadas por la Cadena SER y, en menor medida, COPE, Rato y emisoras del Movimiento y sindicales mantenían un monopolio de hecho. Lo trataban de eludir con talento pero aferrándose siempre al “numerus clausus” decretado por la Administración franquista desde el final de los años treinta, con leves y poco ejemplares modificaciones.
La Frecuencia Modulada, adscrita a las cadenas mayores de OM, se identificaba casi absolutamente con contenidos musicales y coberturas locales, como imponía su escasa potencia emisora. Los Cuarenta Principales constituyó el primero y mayor éxito de esta frecuencia.
La FM, como medio de transmisión hertziana, estaba ahí. Había demostrado su eficacia en la Segunda Guerra Mundial. En la Alemania posbélica toda la radio se emitía en ese canal, pues los aliados impusieron a los derrotados germanos la imposibilidad de emitir en Onda Media. Además lograron una sincronización total de las emisoras, de tal manera que la cobertura era perfecta tanto con receptores fijos como móviles.
Franco se había muerto y aquel destartalado tinglado hacía aguas por todas partes. En 1977 se suprimió la obligación de conectar con Radio Nacional para transmitir los Diarios Hablados, y ya mucho antes se había roto el tabú de la información política y económica presente en casi todas las cadenas. Sin embargo, la reticencia hacia la FM, como se ha dicho arriba, era generalizada tanto entre los profesionales como entre las empresas dominantes en el mercado. Era una oposición sin fundamento y otros, con diversos orígenes y con la firme idea de revolucionar el mundo radiofónico, vinieron al rescate dando entrada a nuevas voces, nuevas ideas en busca de una libertad de expresión reclamada unánimemente. Tampoco la Administración de entonces se mostró propicia, recurriendo a la fácil e inútil disculpa de la escasez de frecuencias en el espectro de FM. Vano intento. Sin recurrir a la proposición maoísta surgieron muchas y variadas voces, y Antena 3 y Radio 80 primero, y luego las restantes emisoras, buscaron su lugar y su audiencia hasta completar las emisoras propuestas.
El resultado está ahí, con una oferta radiofónica de la que España puede presumir. Es más, la radio española, paradójicamente, tiene mejor prensa que la prensa misma. La innovación técnica supuso una adecuación de las programaciones a los nuevos tiempos y a los nuevos modos de hacer la radio. La Frecuencia Modulada, poco a poco, fue desarrollándose por sí misma o vampirizando a sus compañeras de Onda Media hasta ofrecer una propuesta ágil, activa, combativa y distinta.
El camino que marcó Radio Nacional de España con la programación por bloques fue seguido y mejorado por las nuevas y las viejas cadenas, surgiendo los nombres que ya son míticos en la reciente radio española. Los encabezados por el talento indiscutible y sin par de Manuel Martín Ferrand, al que le siguieron Luis del Olmo, Antonio Herrero, Iñaki Gabilondo, José María García, Carlos Herrera, Federico Jiménez Losantos, Luis Herrero, Miguel Angel García Juez…, y un sinfín de nombres, muchos de ellos todavía en primera línea de la radio española. El caso de Martín Ferrand es notable, pues en él se reunían unas condiciones naturales de comunicador nato con un espíritu profesional y empresarial, de tal modo que solo cinco o seis años después Antena 3 batió a todas las cadenas y emisoras, tanto convencionales como específicas. Hasta que llegó la guadaña demoledora del “pacto de editores” que acabó con aquel espíritu, que se difuminó con desigual éxito.
En el Informe que se acompaña se nos recuerda la noticia que adelantó este periódico, según la cual en Noruega se ha decretado el fin de la FM y el nacimiento de la radio digital. Los datos están ahí con opiniones contrastadas, pero lo más esperanzador es que la radio, que siguió viva con las limitaciones de censura del régimen anterior, no sucumbió a la llegada en tromba de la televisión aniquiladora y supo coexistir entre la Onda Media y la FM, que ahora nos anuncian una muerte por etapas y por países.
(Texto íntegro del artículo publicado en ABC, 5-2-17)
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