miércoles, 1 de febrero de 2017

QUÉ NOS PASA

El poco petróleo que se extraía en Ayoluengo deja de manar porque se ha extinguido el derecho de extracción, al cumplirse cincuenta años del inicio de la explotación. Garoña sigue parada con la pérdida de 280 puestos de trabajo desde que dejó de funcionar el reactor. Del AVE sabemos que el túnel de Estepar se acabará en dos meses…, si no llueve, pero el viaducto de Buñuel sigue paralizado. Supongo que las obras de la presa de Castrovido  volverán cuando no llueva, ni hiele, ni nieve y estemos en primavera. El Parque Tecnológico espera su hora a resultas de resolver conflictos administrativos, el ramal arandino de Madrid-Burgos no acaba de dar el servicio que de él se necesita. Las últimas noticias sobre la feria de la tapa nos traen nuevas discrepancias entre los taberneros y los concejales.

En el contexto urbano sigue el quebranto de imagen por el impresentable aspecto de los solares de la Plaza de Vega, al tiempo que el edificio cercano de La Merced no arranca a cuenta de no se sabe qué carencia de permisos. El edificio Campo continúa a la espera de su destino inmobiliario definitivo.

Tampoco la industria nos da demasiadas buenas noticias. La recuperación de Campofrío ha sido un éxito de colaboración entre la iniciativa privada y la administración municipal. Bendito sea. Se habla de algunas ampliaciones de fábricas y talleres, pero no hay noticias de nuevas empresas a instalar en los desocupados polígonos industriales. En el ranking industrial nos quedamos rezagados, superados por provincias con menos tradición pero, a  lo que se ve, con más iniciativa y capacidad de gestión.

Es cierto que la hostelería en Burgos se ha sometido a una inteligente y atractiva renovación y que el turismo va venciendo obstáculos, algunos tan importantes como el clima burgalés. La ciudad está limpia y presentable, pero cada vez somos más los mayores y hay más demanda de plazas de residencias de pensionistas que de alumnos de bachillerato. La universidad está estancada y, a la vista de la oferta regional y nacional, caben pocas esperanzas de crecimiento, tanto en el número de alumnos como en la creación de nuevas facultades. 

En tiempos existió algo que se llamaba, si no recuerdo mal, un plan estratégico. No sé, y perdón si me equivoco, si existe algo parecido, pero sobre todo si en la mente de los responsables, tanto públicos como privados, aparece la luz del inconformismo y del afán de superación. De momento, la bombilla despide una luminaria más que mortecina.

(Publicado en Diario de Burgos, 1 de febrero de 2017)

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