miércoles, 15 de marzo de 2017

MACHIRULO EN EL HABLA BURGALÉS

Su Señoría, Irene Montero, desde hace unas pocas semanas Portavoz de Podemos en el Congreso de los Diputados, ha calificado a un colega parlamentario como machirulo. La sustituta por la vía rápida de Iñigo Errejón, ha empleado esta palabra  que, según los expertos de Fundéu-BBVA, no aparece recogida en ningún diccionario académico y la concede un origen incierto, puesto que podría tratarse de un acrónimo a partir de macho y chulo o de macho y pirulo. Según Fundéu el significado que suele darse en ámbito feminista es de hombre machista, en ocasiones asociados a  quien hace gala de esta condición, es más, el propio organismo califica el término de coloquial y señala que tiene un matiz despectivo. Para rematar la identificación de machirulo, la entidad calificadora añade que se emplea también en el ámbito LGTB: siglas que designan colectivamente a lesbianas, gays, bisexuales y transexuales, como explica el Diccionario gay-lésbico de Félix Rodriguez. Según esta obra, machirulo se aplica despectivamente  a un hombre gay, que exhibe formas convencionalmente muy masculinas y, por extensión, es un insulto proferido contra una mujer lesbiana con apariencia muy masculina. Hasta aquí las precisiones técnicas.

Desde muy niño he escuchado en el ámbito familiar la palabra machirulo aplicada a una mujer de maneras desconsideradas y hasta groseras, pero sin ninguna connotación sexual. Es más, se decía un machirulo, con el artículo indeterminado en masculino, para esa hembra de maneras alejadas del entonces sexo débil, con reiterada afirmación de nada recomendables modales. 
Un machirulo estaba en la serie, también aplicada a las mujeres, de un cochinón, un guarretón o un fardelón, siempre con el artículo en masculino y en estos casos con el aumentativo muy marcado y descalificante. 

Como se ve estas denominaciones  ingratas y nada generosas tenían un denominador común claramente antifeminista y provocativamente excluyente, pero sin la menor connotación sexual. Guarretón o cochinón se adoptaba para las mujeres poco limpias y fardelón para las féminas que vestidas recordaban a un fardel: saco o talega que llevaban regularmente los pobres, pastores y caminantes para las cosas comestibles u otras de su uso, según la Real Academia Española.

Así las cosas, está claro que en lenguaje burgalés machirulo está mal identificado con un hombre machista, ni tampoco con una especie definida de marimacho. Era, y es  sencillamente, una mujer con nulos atractivos de género. En Burgos somos así. Y a ver quién nos tose.

(Publicado en Diario de Burgos, 15 de marzo de 2017)

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