lunes, 1 de junio de 2020

Cavilaciones urgentes de un rentista desasosegado

AGUA DE MAYO, TIEMPO DE ESPERANZA
Si hacemos caso al refranero español, a partir del 9 de junio  tenemos que quitarnos el sayo (léase en lenguaje al uso, gabardina, parka, anorak, impermeable o chubasquero). 

Frente al horror de la pandemia, la primavera, iniciada unos días antes de su fecha meteorológica, se ha comportado honorablemente. Hemos tenido mucha agua y los pantanos de Burgos y Madrid y buena parte del resto de la Península están listos para afrontar hasta un  tórrido verano. 

El final de esta semana nos ha traído cifras aterradoras, con más de 100.000 muertos en Estados Unidos y no se sabe cuántos en España, aunque podrían ser 40.000 y no los 28.000 con que nos siguen desconcertando los informantes oficiales. Por supuesto, no se les ocurra preguntar ni a Illa ni a Simón, cuyas comparecencias son una especie de ceremonia de la confusión y parecen una lotería por el bailoteo de datos hacia arriba y hacia abajo




El miércoles y jueves pasado vivió el Parlamento español dos descarnados enfrentamientos cainitas por el 8-M, la Guardia Civil con las destituciones de Marlaska, y el enfrentamiento total entre el llamado vicepresidente segundo, Pablo Iglesias Turrión, la portavoz del PP, Cayetana Álvarez de Toledo, por un lado, y el representante de Vox en la Comisión de Reconstrucción, Iván Espinosa de los Monteros. Y digo llamado vicepresidente porque se le ve tan divertido con sus provocaciones, alusiones despectivas y acusaciones de golpismo a los demás sin mirarse al espejo que desdibuja y desmorona la responsabilidad del cargo.

Y como no todo va a ser malas noticias, la Comisión Europea propone por primera vez para la recuperación transferencias a fondo perdido para los países más afectados, como España e Italia. Pero con exigencias estructurales que empiezan a perfilarse y que cristalizarán con la aprobación definitiva en el Europarlamento y Los 27 países miembros. Eso si los llamados países “frugales” o “halcones” (Países Bajos, Austria, Suecia y Dinamarca) no echan abajo esa solidaridad con los que algunos llaman países “derrochadores”. Y es que puede que sea un momento histórico: o la UE da un paso de gigante hacia el futuro o puede empezar a irse por la alcantarilla. En el mundo están expectantes, y han aplaudido a rabiar la propuesta de la Comisión.

Pero como adelanto de la obligación de usar el dinero para hacer reformas y no para dispendios, el digital Vozpopuli ya ha avanzado algo a lo que puede forzar la Unión Europea: Sánchez planea reducir su Gobierno para ponerse en línea con la UE. La portavoz Maria Jesús Montero está en la cuerda floja, al igual que algunos los ministros  de Unidas Podemos, como Alberto Garzón (el enemigo declarado del turismo español) y Manuel Castells (defensor ideológico de copiar en los exámenes).

Pero con la benefactora ayuda del agua de mayo, es obligado recuperar la esperanza. Para mí, concretamente, la esperanza se llama volver a Burgos tras el confinamiento en Madrid, instalarme en mi casa –que es la de ustedes- y  ver cómo se asoma  el sol en la lejanía desde la Demanda y se oculta en las largas tardes de junio por el Castillo. Han sido días muy duros, muy largos e implacables, y noches cortas y acogedoras. Pero hay que volver a los “lugares de culto”, bares y restaurantes para entendernos, encontrarse con los amigos de siempre. Sin olvidar la tremenda e inhumana realidad de la pandemia, traducida en miles de muertos y en centenares de miles de personas mayores aisladas en sus habitaciones de las residencias, sin posibilidad de comunicarse con sus familiares y aterrados con un horizonte de soledad y de muerte que suponía una opción sobrecogedora.

Pero insisto: con el mayor respeto y consideración a las víctimas, ya siento el Espolón refrescante de las mañanas y nostálgico de las tardes. La Catedral en el fondo y los establecimientos hosteleros, que para esa fecha inmediata espero que estén todos en perfecto estado de revista. Repito, despido mayo con el pañuelo de la esperanza de encontrarme otra vez con Javier, con Juan Carlos, con Tino, con Honorio, con María Teresa, con Pedro, con los José Luis, con José María, con Jesús, con Carmelo, con Luis, con la viuda y los hijos de Alberto, con María Elena, con Raquel, con Sebas, con Enrique, con Beltrán, con Miguel Ángel, con José Manuel, con Fernando, con María Antonia… En fin, con los amigos de siempre, en el afecto permanente y en el recuerdo emocionado.

Conmigo estarán mis tres hijas y mis diez nietos. Con especial mención a Alonso, al que compraré en la calle Santander los panecillos que tanto le gustan. Y  Bruno, que ha elegido los bares de Burgos como uno de los sitios preferentes de su vida de adulto recién estrenada. Mientras, los demás: Sofía, Iranzu, Juan, Gadea, Policarpo, Luis, Jimena y Blanca se disputarán sin cuartel las patatas bravas del “Bar Burgos” y pedirán enseguida pan para rebañar el plato. En “La Posada” preguntarán si hay tigres, en “El Montreal” solicitarán un pincho de bonito y huevo y en “El Boston” gambas rebozadas…

(Publicado en Diario de Burgos, 1 de junio de 2020)

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