Cavilaciones urgentes de un rentista desasosegado
EJERCICIOS AL AIRE… CONFINADO
Mi evidente condición de español de derechas de la tercera edad –ancianos para mejor entendernos- me lleva a ser respetuoso con las Instituciones y receloso con la acción de Gobierno. La Constitución, Su Majestad el Rey, la Magistratura, los Ejércitos, las Fuerzas del Orden son realidades que me merecen el mayor respeto y consideración.
Los gobiernos, central, autonómico o municipal, ya son otra cosa. Por eso, el unánime mensaje institucional que se insertó en toda la prensa española hace unos días, por el que según el Gobierno de esta inesperada y terrible crisis hemos salido más fuertes, ha aumentado mi desasosiego natural. La verdad es que el confinamiento -tres largos meses- recluido en mi domicilio, por cómodo y amplio que sea, ha incrementado mi intranquilidad y me ha producido sensaciones contradictorias.
Desde el punto de vista físico, a la hora de escribir estas líneas me encuentro en forma. Recordando a un personaje de Tony Leblanc, “Kid Tarao”, y ante la imposibilidad de seguir su ejemplo de ir permanentemente “de la Casa de Campo al gimnasio y del gimnasio a la Casa de Campo”, me he conformado, para mantenerme en forma estos 90 días, desplazándome ininterrumpidamente “del comedor al dormitorio y del dormitorio al comedor”. En esta idílica travesía voy pasando por el baño y transitando voluntariosamente por el pasillo; pasillo, mucho pasillo. Pensándolo bien, me parece excesivo decir que “estoy hecho un mulo”, pero evidentemente creo que estoy en buena forma.
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| Ministro Fernando Grande-Marlaska Coronel Diego Pérez de los Cobos |
El problema es cuando pienso en plural y entro en frontal debate con el concepto gubernamental de la fortaleza post-pandemia. Más de 43.000 muertos y 20.000 defunciones en residencias de ancianos son el arranque de una disyuntiva claramente crítica con las propuestas del presidente Sánchez, terne en la mentira, descarnado en el cinismo y fulgurante en el nepotismo. Las siguientes cifras y consideraciones son todavía más intranquilizadoras y por lo tanto me alejan definitivamente del optimismo gubernamental. Hay más de 300.000 infectados, 55.000 de ellos trabajadores de la sanidad pública y no pública, justísimamente galardonados con el Premio Princesa de Asturias por su entrega y su “heroico sacrificio”. Es el colectivo sanitario con la mayor tasa de infectados del mundo entero. España también cosecha tristemente la segunda mayor tasa de muertos en todo el planeta por millón de habitantes. Tests que no se hacen. Rebrotes que no se rastrean. Un millón de parado. Otro millón que no han cobrado el ERTE. Créditos que no llegan. Empresas que desparecen. Las interminables colas del hambre en comedores sociales y la gente pasando apuros al límite, oscurecen definitivamente el optimista panorama de la fortaleza gubernamental.
Si dedicamos un minuto al panorama político, es casi imposible encontrar un ministro de este Gobierno que ofrezca signos ciertos de competencia político-administrativa. Entre ellos se contradicen -léase Illa contra Ábalos y Maroto por el alcance de las restricciones en las dichosas Fases de Desescalada-. Otros se saltan las normas, como Grande-Marlaska, que ha descuajeringado todo su departamento y sometido a la directora general de la Guardia Civil al ridículo de una autoinculpatoria aclaración. La destitución fulminante del Coronel Pérez de los Cobos necesita una explicación suficiente y no contradictoria.
Vamos por el sexto Estado de Alarma y con la patente de corso que le da al Gobierno tan favorable y discutida potestad, sobrevuelan perspectivas preocupantes ante la constante falta de garantía de los derechos de los españoles. Será el momento de revisar leyes y disposiciones, órdenes y contraórdenes, adjudicaciones de concursos de difícil explicación y de discutibles resultados. En fin, es de esperar que volveremos a la normalidad. No a la “nueva normalidad”, sino a la normalidad sin comillas, a la normalidad del Estado de Derecho, de la norma clara y concisa y de un Gobierno que tiene que dar muchas y difíciles explicaciones. Mientras tanto, y compatibilizándolo con mis diarios ejercicios de caminante domiciliario pasito a pasito y pasillo a pasillo, yo busco la compañía de algunos amigos para encontrar un lugar donde bondadosamente dan de comer en esta primera e injusta fase de la vida madrileña.
Pero por ahora no renuncio a seguir con la conducta que me ha dado tan buenos resultados: del “comedor al dormitorio y del dormitorio al comedor”. Porque si bien es verdad que la Casa de Campo está abierta, los gimnasios están cerrados.
(Publicado en Diario de Burgos, 8 de junio de 2020)

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