Cavilaciones urgentes de un rentista desasosegado
ESTADO DE ALARMA: PUNTO Y SEGUIDO
El Estado de Alarma terminará definitivamente el próximo domingo 21 de junio. En coincidencia con el verano. La primavera ha sido larga y abrumadora. Casi cien días de arresto domiciliario y de tensión por la salud propia y de los demás. Pero el riesgo de un rebrote sigue ahí, incluso con indicios que ya han lastrado a las Bolsas.
De modo que con el desconfinamiento –vaya palabreja- nos topamos con el Real Decreto-ley del Gobierno que todavía deja nuestras vidas nuestros días y nuestras noches, en manos del taciturno y contradictorio licenciado Fernando Simón.
Van a ser tiempos de recapitulación y de exigencia. De momento, en Francia y en Italia las fiscalías generales han pedido a sus primeros responsables, Macron y Conte, cuentas de su gestión local o nacional por la pandemia. En España hemos sido más modestos y parece que por ahora nos hemos conformado con exigir responsabilidades al delegado de Gobierno de la Comunidad de Madrid por su oscura gestión el día 8 de marzo –¡viva el 8 de marzo! que nos espetó recientemente el presidente Sánchez-.
¿Por dónde empezar? El Parlamento es un lugar de ensayo, de disputa y confrontación entre un Gobierno totalmente satisfecho de sí mismo y una Oposición dispersa y no dotada precisamente del don de la oportunidad.
¿Pero quién ha empezado? Según el presidente Sánchez, toda la responsabilidad es del Partido Popular y de Vox, por este orden, que estarían buscando sistemáticamente el enfrentamiento y la descalificación. En el llamado Ejecutivo juegan con la extraña y harta confusión entre el Gobierno y el partido. Cuando el vicepresidente Pablo Iglesias se apunta indebidamente el tanto del Ingreso Mínimo Vital, es cosa del Gobierno. Pero cuando el dirigente morado ataca con despiadada inconstitucionalidad a la persona del Rey, eso es materia propia de Unidas Podemos. No está claro si el antedicho grito de viva el 8 de marzo en boca de un desmelenado presidente del Gobierno es atribuible a Pedro Sánchez cabeza del Gobierno de España o a su condición de secretario general del Partido Socialista. Lo que es palmario es que cuando Sánchez acusa a Pablo Casado de utilizar la pandemia para “derrocar” al Gobierno, está hablando como presidente del mismo.
El horizonte no está despejado, ni mucho menos. La casi unanimidad del voto parlamentario del pasado miércoles desdichadamente no puede entenderse como el preámbulo de un tiempo de serenidad política y de rigor económico. El maná europeo exigirá razonablemente contención, compromiso y, si se me permite la vulgaridad, “las cuentas claras y el chocolate espeso”. Si Los que mandan, y especialmente la facción podemita, se empeñan en mantener la derogación de la reforma laboral –dicho sea a modo de patente ejemplo- puede que Europa nos mande a paseo.
El primer paso sería, evidentemente, guardar las formas. Por lo menos eso. No hay que olvidar que “la letra mata y el espíritu vivifica”. Vida democrática, buenas maneras y sentido patriótico, en la mejor acepción de la palabra y no en la que desafortunadamente emplean tanto Sánchez como Iglesias. En la pandemia los verdaderos patriotas se llaman sanitarios, desde médicos hasta auxiliares de limpieza de los hospitales. Patriotas han sido y son las Fuerzas de Seguridad, los Ejércitos, gran parte de la Administración y multitud de entidades, públicas y privadas. Han hecho y siguen haciendo frente a tan descomunal desafío. Patriota ha sido y es Inditex, que con una aportación de más de 300 millones de euros entre salarios, donaciones y logística, ha tenido que afrontar además por primera vez en su historia pérdidas en su cuenta de resultados.
Va de proverbios. “No la hagas y no la pagas”. Por mucha presión que se haga sobre la Abogacía del Estado y con la conocida identificación política con la Fiscalía, los que hayan delinquido, si es que han delinquido, y lo digo sin asustarme la palabra, tendrán que hacer frente a sus responsabilidades. Los tribunales dirán lo que tengan que decir. No se trata de un ajuste de cuentas. Debemos afrontar todos con serenidad, respeto y buenas maneras nuestros actos. Los que generan reconocimiento y los que pueden tener sustancia penal.
Lo dicho: se acaba el Estado de Alarma y estoy preparando las maletas para irme a Burgos e instalarme en mi casa de la Plaza de España. Eso si al final me deja el presidente de la Junta de Castilla y León, Excelentísimo señor Alfonso Fernández Mañueco, cuya vida guarde Dios muchos años.
(Publicado en Diario de Burgos, 15 de junio de 2020)

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