lunes, 13 de septiembre de 2021

Cavilaciones urgentes de un rentista desasosegado

BURGOS, DE VUELTA (II)

A riesgo de parecer exagerado, les diré que solo en una tarde de la semana pasada en Madrid pasé más calor que durante los dos meses de mi estancia en Burgos. Es verdad que el verano no quiere acabar de marcharse, pero ciertamente el sol de Madrid sigue arreando duro y con pocas contemplaciones.

Todavía se recogen los ecos de la Vuelta Ciclista a España. Terminó en Santiago de Compostela con parecido éxito a las etapas burgalesas iniciales, aunque tal vez con menos espectacular sensibilidad. 

Con calor o sin él, dos meses en Burgos recrean, fortalecen y dan tiempo para analizar una ciudad que no está en sus mejores momentos. Saltan a la vista muchas goteras, tanto en el aspecto físico como en las deficiencias políticas y ciudadanas.

Un repaso rápido. El Castillo está medio abandonado y en San Esteban proliferan botellones agresivos y desconsiderados, que parecen haberse puesto de moda en muchas ciudades con la excusa del hastío juvenil por las restricciones de la pandemia. La Isla ya no es la de otros tiempos en cuanto a atención a sus jardines y serenidad para el paseo. Hay conflictos entre bomberos y protección civil. Y el polígono de Villagonzalo está parado por carecer de energía eléctrica, sin que se vislumbre un remedio a corto plazo. Es a la vez desesperante e indignante: el problema se arrastra desde hace años y mientras no llega la solución, se han perdido cantidad de empresas que han desistido de instalarse en Los Pedernales. 

El paseo Marceliano Santamaría, desde el balcón de la sala Polisón del Teatro Principal. /L.M


En el orden puramente municipal, la atonía del concejo se agudiza con un acuerdo endeble y mal explicado. Parecen personas más preocupadas por su carrera política que por buscar una acción unitaria y estable. El llamado vicealcalde despierta suspicacias y nadie acaba de desentrañar el lío de Aguas de Burgos, en donde la huida de unos y la obstinación de otros da lugar a una desconfianza permanente y a todo tipo de malos entendidos.

La tensión económica e industrial en general no parece que pase por su peor momento, pero tampoco se atisban inversiones significativas. Sobre todo, sigue sin orientarse la planificación hacia un futuro menos dependiente de la acción puramente industrial y más volcada en los proyectos informáticos, como en su día apuntó la Federación de Empresarios de la ciudad.
 
En cuanto a la cotidianeidad puramente urbana, la hostelería va recuperando pulso y atiende a una demanda durante meses maltratada a causa de la pandemia, especialmente los bares. Sin embargo, ha nacido un curioso invento de difícil comprensión: las terrazas sin servicio. El hecho en sí mismo es un contrasentido, pues las terrazas están para ser atendidas, con el doble efecto de que el cliente se sienta cómodo y de que se creen puestos de trabajo. Tener que levantarse para recoger un café y arriesgarse a tropezar no parece ni adecuado ni atractivo. La explicación, o excusa, de la exigencia sanitaria por el Covid es ridícula: la cercanía y el contacto se producen en todo caso.
 
En el orden económico, Burgos no se ha quedado al margen de las consecuencias de la fusión entre La Caixa y Bankia, apuntándose con entusiasmo al caos de organización. Exasperan la ineficacia ineficiente de dicha unión en aspectos concretos, como que los clientes de Bankia, y muy especialmente las personas mayores, entre las que lógicamente me encuentro, han tenido que deambular de las oficinas de una a otra entidad con desatención notable y permanente confusión. Peor aún, no reciben otra explicación que el hecho mismo de la fusión. 

El campo burgalés, un año más, ha cumplido con las previsiones con una cosecha cerealista más que aceptable, librándose, además, a diferencia de otras provincias de la región, de incendios demoledores. 

En un orden menor, pero para mí muy significativo, este año he degustado las mejores cerezas de las Caderechas. Se pueden calificar de excelsas en todos los sentidos. 
El Covid todavía está presente, sí, aunque es de suponer que poco a poco vaya disminuyendo su perturbadora incidencia. También es de suponer y de esperar que el próximo verano la ciudad esté con menos desatención de la que hemos venido señalando.

(Publicado en Diario de Burgos 13 de septiembre de 2021)


No hay comentarios:

Publicar un comentario