Cavilaciones urgentes de un rentista desasosegado
DIGITALIZACIÓN A LA ESPAÑOLA
Lugar: una sucursal bancaria madrileña. Fecha: un día de esta última semana de enero. Protagonistas: cuentacorrentista mayor, cercana a los 80 años; empleado bancario que no ha cumplido los 40.
- Cliente: Quiero 50 euros, pero no me mande a la máquina. Atiéndame usted personalmente, por favor.
- Empleado: No es posible. Solo podemos atender a clientes con más de 20.000 euros en su cuenta.
- Cliente: ¿Y? Yo tengo ese dinero. Por favor, mire mi saldo
- Empleado: (Tras varios segundos de pausa y sorpresa) ¡Pero si usted tiene un millón de euros en la cuenta!
- Cliente: Ya lo sabía. Por eso quiero que me pague los 50 euros sin que yo tenga que recurrir a ningún cajero automático.
- Empleado: Entonces, ¿usted cuánto quiere?
- Cliente: Ya le he dicho, 50 euros. En billetes pequeños, pero démelos usted en mano.
Es una escena que da qué pensar. Asombro y desconcierto, y una fuerte dosis de vergüenza profesional del empleado bancario.
(Se non é vero…)
No es la primera vez, y me temo que no será la última, que tenga que referirme desde estas páginas a la situación de los clientes de la banca española con la mirada puesta en los más vulnerables: personas mayores de 65 años, personal iletrado o, sencillamente, clientes que durante toda su vida han funcionado con cuentas corrientes. Entonces el talón bancario era el rey y la cartilla de ahorros, el emperador indiscutible. ¡Qué tiempos!
Un usuario se dispone a realizar una operación en el cajero de una entidad bancaria./EP
Lo he dicho muchas veces y no me resigno a insistir en el disparate. Hemos pasado de una nación excesivamente bancarizada, con sucursales atendidas por personas físicas prácticamente en cada calle y en cada plaza, a una exigencia digital casi al 100%. Se basa en la tarjeta de crédito, el móvil y una multitud de esas llamadas apps manejadas por un dedo en la pantalla para compras y pagos electrónicos. Una evolución rapidísima que despista, complica y en la que muchos clientes ven un riesgo no solo de desatención, sino incluso de posible y temerosa confusión, indefensión, impotencia.
Ciertamente, la banca española necesitaba una acomodación a los tiempos. Y mucho más tras la gran debacle de las cajas de ahorro, que en otros tiempos tanto ayudaron a las personas más inseguras y con menos conocimientos de cuentas y castillas. Era precisa una actualización a los tiempos. Pero lo que no era previsible es la complicada mecánica a la que las actuales entidades bancarias –los bancos y lo que queda de las cajas de ahorro- someten a sus clientes. Es un viacrucis, en unos casos diario, en otros semanal o cada 30 días, según los trámites de cada cliente.
En un país donde según los últimos estudios todavía hasta más del 70% cree que es más seguro operar con dinero físico y el 90% rechaza su desaparición, no es aceptable que un banco disponga de cambio solamente un día a la semana, de 8:45 a 10:30 de la mañana. El resto del tiempo, a fastidiarse y, si cabe, a protestar sin grandes alharacas. Cada entidad tiene sus normas, pero ninguna piensa mucho en los mayores…
O pensaba. En las últimas semanas se ha producido un giro notable: una revuelta pacífica al grito de “somos mayores, pero no idiotas”. Un cirujano valenciano jubilado, Carlos San Juan, ha desatado una movilización de casi medio millón de firmas que se ha propagado por todos los medios de prensa a la velocidad de la luz. Y ha movido nada menos que a la vicepresidenta Nadia Calviño a exigir a los bancos que mejoren su trato a los clientes vulnerables. Y que lo hagan rápido: les ha dado un plazo de 30 días para ponerse las pilas. Las patronales bancarias han plegado velas y han reconocido su falta de tacto.
En espera de que los bancos rectifiquen, por ahora para que te atiendan en la ventanilla todavía parece que hace falta ser millonario. Y para que dispongas de cambio, en algunos casos hay que ir el viernes, otrora día de vigilia, durante menos de dos horas y por la mañana. ¿Qué hago si me apetece un café a las doce del mediodía? ¿O al ir a comprar el pan a la una?
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